Necesitamos relatos que susciten la esperanza y la confianza en la creatividad de la humanidad que sufre adversidades extremas y este que presentamos es uno de ellos. Hay experiencias en el mundo que son una fuente de esperanza e inspiración para tantas comunidades y territorios donde la exclusión, el empobrecimiento y la violencia tienen oprimida y exprimida a la gente. Una de ellas ha emergido durante la pandemia en uno de los lugares del planeta donde la vida es más difícil: las favelas del Brasil.

G10 Favelas es una asociación de líderes y emprendedores sociales de las diez mayores favelas de Brasil, aunados con el fin de garantizar y fortalecer la economía y empresas locales. Es una iniciativa hecha desde algunos de los territorios más pobres del mundo atenazados por la doble crisis sanitaria y económica, y que está cargada de esperanza. Lo cierto es que hay una potente economía en las favelas, en las cuales circula un total de 21.500 millones de dólares cada año en negocios legítimos de los que viven 560.000 pobladores. Sin embargo, pese a ese flujo de dinero, casi la mitad de las viviendas carecen de instalación de agua.

Las favelas, fuente de soluciones

La entidad que aloja el G10 es la Unión de Vecinos y Comerciantes de Paraisópolis, presidida por Gilson Rodrigues, el fundador y presidente de este particular G10 y en cierto modo “alcalde” de Paraisópolis. Originario de las favelas de São Paulo, Gilson tiene 37 años y se formó en la Fundaçao Dom Cabral, la mejor escuela de negocios de Latinoamérica, creada desde la Pontificia Universidad Católica de Minas Gerais. Gilson es propietario de un negocio llamado Invierte Favela —creado en 2018— y en Linkedin dice que la intención de la iniciativa es “mostrar las favelas como un poder y crear soluciones para las comunidades, dar visibilidad al emprendimiento de impacto social y mejorar la calidad de vida de la población periférica con innovación y creatividad”.

Inspirados en la metodología de los microcréditos de Muhammad Yunus, han puesto el foco en la capacidad de regeneración social que poseen los pequeños negocios que emprenden y sostienen los vecinos. G10 Favelas quiere “inspirar a todo Brasil a mirar detenidamente las favelas, convirtiéndolas en grandes centros de negocios atractivos para inversiones, transformando así la ‘exclusión’ en startups exitosas y emprendimientos de impacto social”, continúa escribiendo Rodrigues sobre esta nueva institución.

El reto de ser alternativa

G10 es, obviamente, una alusión a la famosa unión internacional de las economías que lideran el mundo. En primer lugar, es un nombre humorístico que logra popularidad y aceptación. También hay cierto sarcasmo, que surge cuando uno se fija en una parte de algo que denuncia al conjunto. Asumiendo que son también G10 hacen suyo ese lenguaje y señalan a la exclusión a que está sometida la mayor parte de la tierra para sostener el liderazgo de los países más poderosos. Pero G10 también entraña un desafío: construir una economía alternativa e inclusiva que asuma los principios del emprendimiento y un sano liberalismo social que genere otro modelo económico de escala local.

Una respuesta a la crisis pandémica

G10 surgió durante la crisis pandémica del Covid-19 y como primera iniciativa realizó una operación en marzo de 2020 para contratar a su propio cuerpo de médicos dado el abandono al que el gobierno de Bolsonaro había dejado a la población frente al virus. Varias grandes corporaciones brasileñas y otros ciudadanos hicieron cuantiosas donaciones a G10 Favelas.

Dado el éxito popular de la iniciativa, rápidamente se ha extendido en dos instrumentos institucionales para profundizar y expandir el proyecto: un banco y una bolsa de valores.

El G10 Bank surgió en marzo de 2021 y quiere ser “el banco creado en la favela, por la favela, para la favela. Con el objetivo de ser la red de apoyo más grande para las pequeñas y microempresas en las comunidades, ofreciendo no solo microcréditos sino también tutoría para hacer que los negocios sean seguros y rentables”, señala Rodrigues, siguiendo el modelo Yunus. Ha iniciado su actividad con un capital inicial de 335.00 dólares depositados por inversores anónimos y un tercio de sus plusvalías deben capitalizar programas sociales.

La bolsa de valores de las favelas

Con el fin de atraer y encauzar inversión económica a la red de negocios sanos de las favelas, G10 ha creado también una bolsa de valores en noviembre de 2021. Ha sido instituida en colaboración con DIVI-Gub, una plataforma de financiación popular de Silicon Valley, la cual verifica las participaciones en las empresas y garantiza el orden regulatorio de la bolsa. Las inversiones pueden hacerse desde tan solo dos dólares, lo cual permite apreciar la escala local y de proximidad de la propuesta, accesible para ricos y pobres. Las acciones darán dividendos como cualquier otra bolsa convencional.

La primera empresa local en cotizar en esta bolsa ha sido Favela Brasil Xpress, creada por Givanildo Pereira, su CEO de 21 años, destinada para distribuir de modo seguro y efectivo hasta en los lugares más problemáticos de las favelas los productos que los vecinos compran por Internet. Su empresa ha logrado ponerse en pie gracias a un préstamo de 2.700 dólares obtenido del G10 Bank, después de muchas gestiones infructuosas para que los bancos convencionales se lo otorgaran. Ahora, a través de la bolsa, espera atraer cien veces más de capital para poder llevar su prometedor servicio a las diez favelas implicadas. En declaraciones a EFE, dijo: “Nosotros podemos ser agentes de nuestra propia transformación”. Como Pereira, otros muchos negocios esperan poder establecer conexión entre la economía general y la deprimida pero luchadora economía de las favelas.

Una nueva institucionalidad liberadora

En el conjunto de la riqueza del planeta, las economías de las favelas son poco, pero lo son todo para quienes habitan en ellas. En un mundo en el que las desigualdades económicas han hecho retroceder la justicia social a niveles previos a la II Guerra Mundial, los pobladores de las favelas saben que solo se tienen a sí mismos para salir adelante y que lo harán si crean una economía comunitaria sólida.

En las sociedades en las que no existe una institucionalidad ciudadana, todo lo invaden el clientelismo o las mafias. G10 ha decidido luchar poniendo su creatividad y sus cuerpos en medio de una tenaza muy peligrosa: las fuerzas externas que hiperexplotan a la población y las mafias que desde dentro la extorsionan y matan.

El desafío de cualquier modelo económico que quiera ser alternativa al cibercapitalismo especulativo del siglo XXI y a las mafias —que son otra expresión de esa violencia económica—, necesita generar una institucionalidad que sea sostenible, fiable y eficaz. Eso es lo que intenta la unión G10 Favelas, en alianza con la responsabilidad social de algunas corporaciones empresariales del mundo.

De igual modo, la economía social solamente sobrepasará cuantitativa y cualitativamente al modelo capitalista especulativo en Occidente si confiamos, compramos y nos unimos en la institucionalidad de economía comunitaria.

Recientemente asistí a un taller de educación financiera para familias en extrema pobreza y pensaba que los alumnos eran quienes en realidad debían enseñarnos, porque ellos son quienes poseen las verdaderas habilidades que estiran cada euro lo suficiente para hacerles sobrevivir. Entre los excluidos se dan algunas de las ideas económicas más transformadoras. ¿Por qué no inspirarnos y crear bolsas de valores en los barrios desfavorecidos o en zonas rurales deprimidas?

Un nuevo liberalismo comunitario

G10 tiende un hilo que une a todos aquellos emprendedores que están creando servicios económicos o comunitarios en las favelas; trenza una cuerda que solamente la unidad y confianza harán fuerte. Crean conexiones, movilidad, intercambio, abren las favelas a la inversión fiable externa, amplían las expectativas de los habitantes de modo que puedan solarse más allá de los suburbios.

La G10 lleva el modelo de trabajo social más allá del endogenismo que trata de contar solamente con las propias fuerzas, sino que comprende que el único modo de trascender las miserias y violencias locales es con un nivel superior de societalidad: una alianza social que supere esos territorios y sus subculturas, y una en una nueva sociedad en la que participe más gente, que refunde una alianza con más gente, abierta al mundo desde la autoestima y conciencia del valor local.

En el paradigma que subyace al modelo de Yunus o a la experiencia social de G10 Favelas existe un nuevo liberalismo comunitario que defiende tanto el fortalecimiento de todos los agentes locales —especialmente volcados a lograr la equidad con quienes sufren peores condiciones— como la interdependencia y cooperación con el conjunto de la sociedad. La cooperación, la bondad, la justicia y la democracia no son una ideología débil y buenista, sino el camino más sólido y eficaz para cualquiera que reconozca que el ser humano tiene fortalezas, pero también debilidades.

Referencias

  • França, Anna (2021). O G10 Bank: O crédito que a favela precisa. Isto é Dinheiro, 19 de febrero de 2021.
  • G10 Favelas (2020). org. Página web oficial.
  • Meneses, Carlos (2021). Las favelas de Brasil unen fuerzas para crear su propia bolsa de valores. EFE, 26 de noviembre de 2021.
  • Oliveira, Rodrigo de (2020). The Brazilian slums hiring their own doctors to fight covid-19. TheBMJ, 22 de abril de 2020.

[Imagen de NakNakNak en Pixabay]

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Doctor de Sociología, profesor de la Universidad Pontificia Comillas -donde dirige el Instituto Universitario de la Familia- y Research Professor del Boston College. Fundó y fue primer presidente del Global Social Sciences Network de IFCU. Es presidente de la Fundación RAIS, patrono de la Fundación BoscoSocial y patrono de la Fundación FOESSA, de cuyos informes es uno de los coordinadores. Forma parte de CVX y es miembro de su Consejo Ejecutivo Mundial.
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