El gobierno de Nueva Zelanda ha propuesto un plan para evitar que las futuras generaciones fumen, y la nueva legislación empezará a entrar en vigor a partir de 2023 cuando se prohibirá comprar tabaco a todos los ciudadanos que hayan nacido a partir de 2008. Se espera que para 2025 el país pueda reducir la actual tasa de fumadores del 18% al 5% de la población.

Es esta una decisión increíble para algunos, destinada al fracaso para otros, bienvenida para muchos, que despierta tanto críticas como esperanzas. Sus defensores ya han avisado de que no escatimarán esfuerzos para convertirla en realidad.

Esta noticia muestra que podemos imaginar un porvenir distinto y luchar por él si nos decidimos. Es un decisión acompañada de numerosas incertidumbres.

Pensamiento único

Una de ellas, quizás no la menor, será la gestión con las grandes tabacaleras, cuya enorme influencia en la vida política es de sobras conocida.

Efectivamente, las multinacionales y los gobiernos comparten la doctrina común del neocapitalismo, sistema que permite a empresas y organizaciones mantener su poder económico-social y su expansión globalizadora, precisamente por ello ambos se necesitan y a la vez colisionan. En períodos inestables, tanto las unas como los otros invierten considerables recursos en analizar el proceso de toma de decisiones y de esta manera poder operar maximizando los aciertos con una previsión de riesgos asumible. Cuentan también con los últimos avances tecnológicos que facilitan la comunicación global y la gestión de ingentes cantidades de datos. A las entidades más potentes les ayudan, como no, las mentes privilegiadas, diseñando modelos matemáticos capaces de calcular una previsión fiable de resultados. Obviamente las escuelas de negocios igualmente se implican analizando las diferentes perspectivas con las que afrontar una decisión: derecho, utilidad, bien común, ética, cuidado de las personas y sostenibilidad, etc.

Sin embargo, en muchas situaciones parece que la realidad concreta es esquiva a todo ese empeño teórico. Entonces, cuando inevitablemente aparece una situación anómala de dinámicas desconocidas en las que el saber aprendido se revela insuficiente y no existe experiencia previa, ¿dónde encontrar puntos de referencia que permitan tomar una decisión con razonables garantías de acierto?, ¿cómo captar si conviene replegarse o hay que arriesgarse? Ante un panorama incierto y volátil, ¿en qué basarse para decidir el porvenir de una organización?

Las personas

En estos movedizos escenarios las personas suelen insistir en buscar la seguridad que ofrece el conocimiento racional, pero las recientes investigaciones científicas sobre los procesos cognitivos que subyacen a la toma de decisiones concluyen que los humanos suelen dejarse llevar por “sesgos que son inconscientes y difíciles de erradicar”, no por la razón (cfr. estudi Laboratorio de Neurociencia Teorética y Cognitiva de la UPF). Basándose en estas investigaciones otras personas cuestionan abiertamente dicho modelo racional con lo que intensifican el fuerte componente emotivo que hoy impera en la cultura actual, algo que también distorsiona la toma de decisiones.

Entre los científicos que han dedicado décadas de trabajo a especificar el papel de los sentimientos y en concreto el proceso de decidir, destaca el eminente neurólogo Antonio Damasio. Después de analizar las bases biológicas de la mente humana, afirma que “estamos gobernados por dos tipos de inteligencia, que se basan en dos tipos de conocimiento” (“Feeling and Knowing” p.5) el de la razón y el del sentimiento, ambos actúan a la par, y es este último el que da lugar a las buenas decisiones porque “un sentimiento es la percepción de un determinado estado del cuerpo junto con la percepción de un determinado modo de pensar y de pensamientos con determinados temas” (Looking for Spinoza, p.86 ).

Su riguroso y brillante análisis de la “interioridad” humana describe detalladamente el rol que desempeñan las emociones, sentimientos, cerebro, mente y conciencia en la conservación de la vida del organismo. Sin embargo, leer sus conclusiones probablemente no solucione sin más el dilema de quién debe afrontar una decisión porque ¿cómo identificar en la propia persona las nociones tan claramente explicadas por Damasio? Cuando en contextos complejos cada una de esas instancias internas aconsejan soluciones distintas, ¿cómo saber a cuál de ellas he de escuchar en mi “aquí y ahora”?

La atmósfera social

Discriminar esa pluralidad de voces internas, además de la dificultad en sí misma, resulta una tarea fatigosa dada la abrumadora atmósfera consumista en la que estamos inmersos. La multiplicidad de productos, las facilidades de compra y el enaltecimiento del derecho a elegir (cfr. ”Decidir” en pregaria.cat) parecen estar enfocados al constante incremento del consumo y a mantener en ese flujo a unos ciudadanos convertidos en consumidores. A estos el hecho de estar continuamente eligiendo les crea la sensación de estar decidiendo sobre la propia vida. A la vez, al priorizar habitualmente el placer del confort inmediato acallan los deseos más hondos de su ser.

De esta manera, ¿esos consumidores están en verdad capacitados para decidir? ¿Realmente deciden o sólo escogen entre las cosas que otros han decidido? ¿Será fortuito que en las sociedades del bienestar no cesen de aumentar las cifras de quien sufre angustia o desorientación, de quien ve la propia vida como un sinsentido? ¿Resulta extraño que los consumidores acaben pensando que el único mundo posible es el del consumo y la única opción realista sea la de enriquecerse?

No es el caso de extendernos con más ejemplos de lo que limita o devalúa la capacidad humana de decidir. Sumidos en esa cultura y experimentando el débil alcance de nuestra libertad, podemos resignarnos sintiéndonos incapaces de desenredar los opacos hilos que mueven nuestro mundo; o quizás justificarnos apelando a la buena intención cuando nos encontramos  en encrucijadas personales e incluso intentar no dejarnos arrastrar por un ritmo de vida consumista. Podemos decir, sinceramente, que en todo ello hacemos lo que podemos.

La historia maestra de vida

Sin duda que hacemos lo que podemos, pero ¿hacemos todo lo que podemos? Aprovechando el actual renacimiento del mundo clásico podríamos mirar a quienes vivieron tiempos convulsos y supieron afrontar contextos de incertidumbre como los nuestros,  alguien como Platón. Dejando a un lado su sistema filosófico, nos ayudaría el servirnos de algunos de los pasos que dio en su búsqueda de sentido de la existencia humana.

Por ejemplo, en el diálogo “La República” reflexiona sobre la justicia y aborda la organización de la ciudad-estado. Con la metáfora de la cueva describe la capacidad humana de conocer la realidad y se plantea el tipo de conocimiento que necesitan sus gobernantes. En contra de quienes opinan que la ciencia es algo que se pone “como si se pusiera la vista en ojos ciegos”, afirma que “en el alma de cada uno hay el poder de aprender y el órgano para ello” (República VII; 518c.)

Sin ahondar filosóficamente en el significado de “el poder de aprender” y “el órgano para ello” quedémonos con el reconocimiento implícito: toda persona encuentra en sí misma la capacidad de captar la realidad. Algo ya afirmado por el neurólogo Antonio Damasio.

De ahí que el poder valorar lo que está sucediendo, el comprender sus dinámicas, el captar la ocasión como coyuntura de crecimiento, el percibir algunos riesgos como inasumibles y otros como razonables, etc., todo ello es conclusión de un dinamismo que brota de la propia persona, que no proviene de recibir recetas “desde fuera”. Obviamente, para el ejercicio de esas funciones se precisa de los datos ofrecidos por las ciencias, pero esto no significa que sean suficientes.

Para comprender el alcance de esta afirmación, conviene darse cuenta que el filósofo ateniense trata el tema, no en un diálogo de temática moral, sino cuando se plantea la gobernabilidad de la ciudad. Y es en ese contexto que afirma que “la vista” para discernir proviene de esa fuente interna de conocimiento.

Y hay un segundo aspecto que merece ser igualmente resaltado, Platón dedica largos párrafos a detallar el método con el que dicho órgano necesita desarrollarse, revelando de esta manera que una capacidad es fructífera sólo cuando nos ejercitamos pacientemente en ella.

Depende de cada uno

Cuando en tiempos difíciles cuesta tomar decisiones puede pasar que la clave radica no en lo que hacemos sino en lo que dejamos de hacer, algo que sucede a menudo. En las situaciones antes indicadas, podemos preguntarnos si fortaleciendo esa fuente interior, dedicando tiempos y espacios, iniciándonos y manteniendo procesos de discernimiento, no iría brotando un tipo de certeza capaz de afrontar la incertidumbre circundante. Una ayuda no sólo para tomar decisiones de calidad sino también para acompañar su puesta en práctica en la tarea de preparar un futuro mejor.

[Imagen de Gerd Altmann en Pixabay]

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Licenciada en Pedagogía, Filosofía y Ciencias religiosas, postgrado de Acompañamiento Espiritual. Miembro del seminario y del consejo de EIDES y dedicada a la espiritualidad de los Ejercicios Espirituales y acompañamientos personales y de grupos.
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