Hoy en día mucha gente se pregunta con incertidumbre cómo será el mundo post-pandemia e intentamos buscar respuestas en diferentes fuentes. Leyendo el libro Ten lessons for a Post-pandemic world que Fareed Zakaria publicó en 2020[1], empezaban a resonarme algunas cosas con la Fratelli Tutti, lo cual me llevó a preguntarme: ¿cómo este hombre de ideología liberal demócrata, considerado un reputado presentador, creador de opinión, que escribe en The Atlantic y en The Washington Post, analista político senior de la CNN, académico y doctorado por la universidad Harvard, puede estar diciendo las mismas cosas que la Fratelli Tutti? Este libro es de análisis político nacional e internacional desde una perspectiva liberal que debería estar alejado, a primera vista, de la crítica de Francisco al liberalismo y al neoliberalismo en la Fratteli Tutti.

Hay coincidencias en los diagnósticos. Zakaria, en la lección número 3, identifica el peligro de la hegemonía del mercado y da recetas de intervencionismo estatal para responder a ellos con el fin de que la sociedad se adapte a los retos que les presenta la economía de mercado. Sin embargo, el papa Francisco, en el párrafo 12 del capítulo primero de la encíclica (“Un mundo cerrado”), se focaliza en el plano más personal, individual y por el bien común de todos anteponiendo nuestra identidad de personas a los roles de consumidores o espectadores que nos impone el mercado. Es importante remarcar estas diferencias, porque el foco en uno es la economía, el Estado y la sociedad, mientras para Francisco es lo humano, centrándose en los más débiles y en el corazón de las personas. Este mensaje de Francisco da una esperanza ante ese mundo que nos cuenta los telediarios que para no pocas personas es una realidad y no meras noticias. Esto hace de la Fratelli Tutti un texto profético para un mundo actual. Profético como los que ya existían con Isaías, Ezequiel y otro grandes profetas de la biblia. Apuntando a las calamidades y ofreciendo una esperanza desde la experiencia de Dios llega a los más vulnerables y lo más íntimo de la persona para dar luz ante lo que se puede avecinar. Sin embargo, nada está escrito («Nothing is written»), como titula Zakaria la conclusión de su libro, y Francisco hace un llamado a recuperar la prioridad de la dignidad de la persona sobre los mercados:

“(…) la pandemia ha evidenciado que no todo se resuelve con la libertad de mercado y que, además de rehabilitar una sana política que no esté sometida al dictado de las finanzas, ‘tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos’” (Cap. 5 “La mejor política” Secc. “Valores y límites de las visiones liberales” (Pr. 168)).

Aunque Zakaria reconoce que con la liberalización de los mercados han aumentado las desigualdades (P. 64), reconoce también que las desigualdades pueden ser inevitables, aunque en un sentido moral todos los seres humanos son iguales (p.166), como indica en su lección número 7: “la desigualdad será peor”. Se puede percibir que hay diferentes actitudes en ambos ante esta realidad. Uno llama hacia una reforma de la economía  resignándose a la imposibilidad de un gran cambio del status quo y otro a un cambio de la economía con esperanza de cambios estructurales y teniendo como prioridad central la dignidad de las personas. Es en estas diferencias de actitud y determinación en donde se nota marcadamente la huella de Dios, en la profundidad profética de la Fratelli Tutti, su actualidad y capacidad para iluminar a contracorriente del poder hacia las construcción de un destino común más justo, fraterno y pacífico. ¿No fue por esa determinación en la construcción de un reino más justo, fraterno y pacífico por la que fue Jesús asesinado en la cruz?

Zakaria señala otro aspecto que llama la atención y es la necesidad de empatía cuando habla sobre los expertos en la lección número cuatro. Usando la experiencia de Franklin Delano Roosevelt como presidente de los Estados Unidos del New Deal y su enfermedad con la polio, acabó reconocido como el campeón de los pobres y desposeídos (p.94). Aunque su manera de conectar con la gente tras el dolor que pudo haber sufrido por la polio y su empatía por los pobres puede apuntar a atisbos de caridad cristiana, no hay que confundir el mensaje de Fareed Zakaria con lo que apela la Fratelli Tutti. Esta empatía que Zakaria reclama es para las élites con el pueblo y el pueblo con las élites. Sin embargo, la Fratelli Tutti va más allá. Las palabras usadas por Francisco son «amor» y «amar».

El amor está muy presente en toda la encíclica. La palabra «amor» aparece 82 veces y el verbo «amar» 36. Amor aparece ya en el primer párrafo del documento y la encíclica termina conjugando el verbo amar en la penúltima palabra, antes del «amén» que cierra la oración final del texto. Francisco invita a que el amor nos impregne a nivel individual, comunitario, estructural y global en todas las esferas de la vida. Usando como base la parábola del buen samaritano, llama a que ese amor no sea sólo una apertura individual hacia al otro, sino que sea también a nivel social, político, religioso, cultural, cristiano y del perdón. Siendo curiosamente el capítulo 5, “La mejor política”, el capítulo donde la palabra «amor» sale más en el libro, 21 veces. Es desde la política donde más hace falta a simple vista y desde donde se necesita que ocurran grandes cambios para que la humanidad tenga otro rumbo más justo.

Curiosamente, la palabra “política” aparece en la encíclica 74 veces  y la palabra “político” 34. Apela a una regeneración de la política, haciendo un llamamiento profundo para una transformación de su significado, de lo que es y de la manera de hacer política. Llama a la práctica de la caridad desde el “amor político” que lo define como “reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana y buscar una amistad social que integre a todos….” (Pr 180).

El amor y la caridad son los elementos dinamizadores del cambio para la transformación desde el interior de las estructuras, organizaciones sociales y ordenamiento jurídico (Pr 183). Desde esta caridad política se supera la mentalidad individualista a la que nos lleva la globalización actual para llegar a una dimensión de pueblo por medio de la búsqueda del bien común y la práctica de la caridad social que une a las personas. La encíclica remarca que uno es plenamente persona cuando pertenece a un pueblo (Pr 182). Esta dimensión de pueblo ya estaba presente en los profetas como Isaías y Ezequiel, pero la dimensión universal que incluye a toda la humanidad la recoge la Fratelli Tutti citando del libro de Sirácides (Eclesiástico): “’La misericordia de cada persona se extiende a su prójimo, pero la misericordia del Señor alcanza a todos los vivientes’ (Si 18,13). La línea profética del amor y la caridad de esta encíclica ya había empezado en el Antiguo Testamento y el papa Francisco la mantiene viva como fruto del discernimiento y de la presencia hoy en día del espíritu que nos habla Jesús.

Zakaria, al igual que Francisco, reconoce de una necesidad de una cooperación internacional ante esta pandemia que requerirá elementos de toma de decisiones colectivamente. Zakaria apunta que es posible, como pasó con la campaña de erradicación de viruela que requirió la cooperación entre las dos superpotencias enemigas de la guerra fría, la URSS y Estados Unidos, a partir de 1958 o cómo la unión Europea ha sido capaz de aprobar y coordinar un plan de recuperación económica común como respuesta al impacto económico de la COVID (p. 238-239). Sin embargo, esto no deja de ser en el plano político de los gobernantes. Francisco no se queda solo en este plano de los gobiernos sino que reconoce el papel de la sociedad civil para responder ante las situaciones difíciles para algunos grupos y la falta de respuesta de otros actores importantes de la comunidad internacional (Pr. 175). Francisco analiza la evolución y los retos de la sociedad actual ante la realidad. La sociedad es una tema muy importante en esta encíclica como atestigua las 101 veces que aparece esta palabra en el texto. Hace una llamada a poner la religión al servicio de la sociedad. La religiones “ofrecen un aporte valioso para la construcción de la fraternidad y para la defensa de la justicia en la sociedad” (Pr 271). Apela al rol pacífico que tiene las religiones y, junto al Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb, hacen un llamamiento de paz, justicia y fraternidad. Es un anuncio profético a un camino de fraternidad para la humanidad en donde todo ser humano es considerado hijo de Dios sin importar las diferencias.

Ambos autores reconocen los peligros de los populismos en la manera de hacer política actualmente. Fareed Zakaria usa el ejemplo del populismo de Trump en contra de los inmigrantes y del flujo de materias y servicios para prometer un Jardín del Edén del pasado que nunca ha existido (p. 73). Sin embargo, en este caso se presenta a un pueblo pasivo y manipulable que, por otra parte, Francisco intenta restituir. El pueblo está muy presente en la Fratelli Tutti. La palabra «pueblo» aparece 94 veces en la encíclica. El Papa intenta rehabilitar la categoría de pueblo en la encíclica apuntando como es denostado por el liberalismo individualista:

“La categoría de pueblo, que incorpora una valoración positiva de los lazos comunitarios y culturales, suele ser rechazada por las visiones liberales individualistas, donde la sociedad es considerada una mera suma de intereses que coexisten. Hablan de respeto a las libertades, pero sin la raíz de una narrativa común. En ciertos contextos, es frecuente acusar de populistas a todos los que defiendan los derechos de los más débiles de la sociedad. Para estas visiones, la categoría de pueblo es una mitificación de algo que en realidad no existe. Sin embargo, aquí se crea una polarización innecesaria, ya que ni la idea de pueblo ni la de prójimo son categorías puramente míticas o románticas que excluyan o desprecien la organización social, la ciencia y las instituciones de la sociedad civil” (Pr 163).

Al anotar estas manipulaciones de los vocablos «pueblo» y «populismo», el Papa llama a una resignificación de estas palabras para volver as su sentido original, positivo y dinámico. Hoy en día, se necesita estar atento a estos detalles de significado de las palabras porque es a partir del lenguaje desde donde se inicia las construcciones de la percepción de la realidad y las transformaciones de la misma. Si queremos ver a la sociedad como algo más que la suma de los individuos, se necesita la palabra pueblo, como dice Francisco. “Ser parte de un pueblo es formar parte de una identidad común, hecha de lazos sociales y culturales…” (Pr. 158). Estos lazos no son estáticos y están en constante dinamismo y transformación para dar respuestas ante los retos y dificultades que afrontamos como seres humanos y como pueblo. Zakaria nos recuerda a Aristóteles demostrando en su análisis que somos animales sociales a pesar de las tecnología. En un mundo globalizado y plural, se require como cita la encíclica “un pueblo vivo, dinámico y con futuro [que] es el que está abierto permanentemente a nuevas síntesis incorporando al diferente” (Pr. 160). Es desde esta categoría de pueblo donde Francisco quiere que sea también motor de transformación hacia el amor no solo a nivel local sino a nivel internacional. Reconociéndonos todos los seres humanos como parte de los pueblos con un destino común en y con la tierra.

Con la degradación de los vocablos «populismo» y «popular» también se corre el riesgo de deslegitimar al pueblo y así la base de la democracia, es decir, el gobierno del pueblo. Francisco llama a una vuelta a lo popular identificándolo con la búsqueda del bien común del pueblo respetando las diferencias, pero sin exclusión de unos contra otros que es lo que lleva a un populismo insano. Una vuelta a un espíritu de vecindario que se ve en barrios populares “donde cada uno siente espontáneamente el deber de acompañar y ayudar al vecino. En estos lugares que conservan esos valores comunitarios, se viven las relaciones de cercanía con notas de gratuidad, solidaridad y reciprocidad” (Pr. 152). Pone de ejemplo este espíritu popular de barrio para que se transponga a nivel internacional entre países. Esa cultura de solidaridad, democracia, compañerismo y fraternidad que se vive en movimientos populares y vecindarios no puede ser borrada y tiene que seguir siendo ejemplo para la fraternidad que queremos construir en este mundo. Quizás esta manera de transformación desde la categoría de pueblo y lo popular sea un ejemplo de la manera de profetizar desde la Teología del pueblo con la que lleva discerniendo y profetizando Francisco desde hace tiempo.

Intentamos buscar respuestas y explicaciones ante la incertidumbre que ha levantado esta pandemia y las crisis que ha desatado: económica, política, social, sanitaria, mental y laboral entre otras. La figura de los profetas o visionarios, como personas capaces de vislumbrar lo que pasa y lo que puede pasar, son las más buscadas. No obstante, entre Zakaria y Francisco se pueden percibir dos maneras de profetizar. Uno profetiza desde el análisis de la realidad dentro de los parámetros de una ideología, aportando soluciones a nivel politico, económico y social para un mejor funcionamiento del sistema. Otro profetiza desde el análisis la realidad y la experiencia de Dios que continúa una historia de profetas y línea profética que empieza en el Antiguo Testamento hasta nuestros días para anunciar el mensaje divino de caridad, amor y esperanza. Esta última no busca como fin solucionar el funcionamiento del sistema sino movilizar el mundo desde donde Dios habla, desde el corazón de las personas para la construcción de una fraternidad que traspase toda estructura y diferencias. Ésta es la misión de todo cristiano y, en este caso, de cualquier ser humano como recoge esta encíclica, porque somos parte de la humanidad, todos hermanos o, como se dice en italiano, «fratelli Tutti».

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[1] Publicado este año en Español por la editorial Paidós: Diez lecciones para el mundo de la postpandemia.

[Imagen de motionstock en Pixabay]

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Enfermero en la Escuela de Enfermería de Ronda, Graduado en Relaciones Internacionales en London Metropolitan University y Master en Conflicto, Seguridad y Desarrollo por el departamento de estudios de paz de Bradford University. Ha trabajado en el campo humanitario de manera especial en emergencias de salud, conflictos y negociaciones con Médicos Sin Fronteras (MSF) y Médicos del Mundo (MDM). Ha combinado esta experiencia práctica con la investigación para entender mejor la acción humanitaria y los conflictos. Participa en los grupos de trabajo de Noviolencia Cristiana, Religiones y Paz y Profesionales, así como en el Seminario Social de Cristianisme i Justícia.
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