Estimat Xavier:

Supongo que será del dominio público que entre tú y yo hay grandes diferencias en los ámbitos teológico y eclesiástico. Precisamente por eso me siento obligado, junto con otros muchos, a pedirte perdón por la manera como estás siendo tratado estos días. Uno de los más elementales derechos humanos es el del respeto a la propia intimidad. Este derecho puede tener sus límites y condiciones cuando se trata de una figura pública, pero recobra toda su seriedad cuando ese carácter público desaparece.

Los humanos tenemos tendencia a estropearlo todo. Y estamos haciendo con eso tan sagrado de los derechos humanos una espléndida excusa para nuestros más rastreros egoísmos. Olvidamos que todo derecho tiene sus límites allí donde choca con los derechos de los otros. La libertad de expresión se va convirtiendo en un derecho al insulto y a la falta de respeto. Y el derecho a la información (que A. Camus describía como derecho a todo aquello que necesitamos saber) preferimos mirarlo como un derecho a aquello que ya en mi infancia se llamaba “chismorreos de faldas” y que, en realidad, no nos importan nada, pero son mucho más entretenidos que otras informaciones molestas porque nos interpelan.

Perdón pues por la forma en que has sido tratado, como si no fueras un ser humano. Otra cosa será que en las instancias pertinentes de tu diócesis o lo que sea, se estudie un poco cómo se os preparó para eso del celibato. Por supuesto, no eres ni el primero ni el último del mundo de presbíteros, religiosos u obispos que se ha enamorado. ¡Faltaría más! Yo tuve un formador que solía decir (en privado más que en público) que una experiencia seria de enamoramiento podía ser la mejor preparación para un celibato bien vivido. Luego, en público, prefería leernos aquello de Agustín de Hipona, otro mujeriego que supo caer en la cuenta de que estaba enamorado del amor, más que de ninguna persona concreta y que acabó escribiendo:

“Tarde te amé, Hermosura tan antigua y siempre nueva. Tú estabas dentro de mí y yo estaba fuera. Y, mal formado como estaba, me lanzaba sobre el bien y la belleza creados por Ti. Tú estabas conmigo mas yo no estaba contigo; me alejaban de Ti aquellas cosas que no existirían sin Ti. Exhalaste tu aroma y suspiro por Ti. Te degusté y siento hambre y sed de Ti. Me tocaste y me abraso en tu Paz”.

En fin, Xavier, ojalá la fuerza del Amor con mayúscula te ayude a encarar bien tu situación, como tú mismo has dicho que querías hacer. Y ojalá sepamos nosotros respetarte y dejarte en paz, como la mejor ayuda para eso.

[Imagen de Paula Helit en Pixabay]

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Jesuita. Miembro del Área Teológica de Cristianisme i Justícia. Entre sus obras, cabe mencionar La Humanidad nueva. Ensayo de cristología (1975), Acceso a Jesús (1979), Proyecto de hermano. Visión creyente del hombre (1989) o Vicarios de Cristo: los pobres en la teología y espiritualidad cristianas (2004). Sus últimos libros son El rostro humano de Dios,  Otro mundo es posible… desde Jesús y El amor en tiempos de cólera… económica. Escribe habitualmente en el diario La Vanguardia. Autor de numerosos cuadernos de Cristianisme i Justícia.
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3 Comentarios

  1. Hace décadas González Ruiz escribió un excelente libro que tituló «El cristianismo no es un humanismo». Pero hoy González Faus nos muestra que un cristianismo no puede ser inhumano. Gracias

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