Setenta y tres años después de que la India fuera liberada del dominio británico, el país se halla enmarañado en una red de comunitarismo y de políticas contrarias al pueblo y con las instituciones de gobierno que salvaguardan la democracia gravemente debilitadas.

Durante los primeros 25 años, la gente estaba satisfecha con el Partido del Congreso Nacional Indio (INC en inglés), hasta la declaración del estado de emergencia por Indira Gandhi entre 1974 y 1977 y la sofocación de todo disenso. Pero las instituciones democráticas –por ejemplo, el poder judicial– seguían funcionando con independencia del poder ejecutivo, e Indira Gandhi fue juzgada y encarcelada por excesos cometidos durante el estado de emergencia. Un partido político alternativo, creado a toda prisa, gobernó por un breve periodo de tres años. Sin embargo, con el tiempo, la codicia de riqueza y poder se convirtió en una actitud dominante.

La alternativa al INC evolucionó paulatinamente hacia un partido nacionalista hindú de derechas llamado Bharatiya Janata Party (BJP)[1]. En el curso de los años siguiente, el país osciló entre ambos partidos y la democracia india fue celebrada como una democracia viva y madura.

El BJP se alió con la organización fundamentalista hindú Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS)[2], que trabaja activamente y con celo misionero en la base. El nacionalismo hindú comenzó a establecerse atrayendo a más y más gente a su redil. Se proclamó que el hinduismo tenía más adeptos de lo que es históricamente cierto. Los nacionalistas hindúes son hábiles a la hora de elaborar nuevas narraciones que se acomoden a su visión de la India moderna. Se confeccionaron relatos para mostrar que los musulmanes y los cristianos eran una amenaza potencial para la mayoría hindú. Algunos incidentes violentos tuvieron como objetivo las comunidades minoritarias.

Las elecciones generales de 2014 catapultaron al BJP al poder, pues ganó 282 de los 545 escaños del Parlamento. En 2019, apoyado por un diestro equipo tecnológico que manejaba su maquinaria propagandística, revalidó la victoria con una aplastante mayoría: 303 de 543 escaños. Anunciaron que devolverían a la India su antigua gloria hindú. El resurgimiento de ritos, festividades y sentimientos religioso hindúes se aprovechó para tender una base nacionalista hindú para el BJP. La política basada en el nacionalismo religioso dividió al país proclamando la muerte de la laicidad. Reforzada por los relatos de odio sobre minorías, la violencia estalló en barrios donde antes había existido una convivencia armoniosa y pacífica.

En la esfera económica, la India pasó de una economía mixta a una economía capitalista inserta en el mercado mundial, en la que se diluyeron los derechos laborales. Se alentó la inversión privada para la creación y acumulación de riqueza por unos pocos a costa del empobrecimiento de un gran número de ciudadanos miembros de la población activa. Capitalistas de diferentes partes del mundo descubrieron que era rentable invertir en la India. Por su parte, muchos capitalistas indios (residentes o no en el país) financiaron a los partidos políticos.

Envalentonado por su segundo triunfo consecutivo, el gobierno –en un movimiento escandaloso– revocó unilateralmente el artículo 370 de la Constitución india, que garantiza la autonomía especial del estado federado de Jammu y Cachemira, de mayoría musulmana, y dividió el estado en dos territorios de la Unión, poniendo toda la región bajo el control directo del gobierno central en agosto de 2019. El completo apagón de las comunicaciones, las restricciones a la movilidad y las detenciones masivas en la región posibilitaron el cambio. Incumpliendo las obligaciones internacionales de la India, toda la población de Cachemira fue primada de su derecho a la libertad de expresión, a la par que se imponía la censura de los medios de comunicación y se detenía a líderes políticos, con escasas o inexistentes reparaciones. El confinamiento durante la pandemia de covid-19 ha marginado aún más a la población de Jammu y Cachemira, dificultando considerablemente su acceso a la justicia.

A la creciente oposición a los cambios en las leyes de ciudadanía respondió el gobierno con una batería de medidas restrictivas, incluyendo legislación sobre seguridad nacional y lucha antiterrorista que permita arrestar y encarcelar a defensores de los derechos humanos, manifestantes pacíficos y críticos del gobierno. Muchos arrestos se hicieron sobre la base de acusaciones falsas. La alianza mundial para la participación ciudadana CIVICUS[3], en un informe hecho público el 22 de septiembre de 2020, afirma que, transcurrido el primer año del segundo mandato del primer ministro Narendra Modi, en la India existe un ambiente cada vez más represivo de las libertades de expresión, asociación y reunión. El poder ilimitado delegado en la policía se emplea contra ciudadanos normales para silenciar a los disidentes, expropiar tierras a los adivasis y pobladores de los bosques o escenificar “choques con la policía” con los que se busca hostigar a grupos minoritarios.

En el septuagésimo aniversario de la Constitución, la India bajó diez puestos en el Índice Mundial de Democracia elaborado por la Intelligence Unit del semanario The Economist.

El gobierno de la National Democratic Alliance (NAD) lleva desde 2014 recortando los derechos de los ciudadanos mediante astutas “enmiendas” a las leyes existentes, ora para atajar cualquier amenaza al gobierno, ora para allanar el camino al florecimiento de algunas empresas. Aprovechando su mayoría parlamentaria, el gobierno ha aprobado disposiciones de ley sin apenas debate. Al aumentar el uso de ordenanzas para aprobar leyes, el gobierno burla las normas democráticas y mina el espíritu de la democracia parlamentaria. La pandemia de la covid-19 ha ofrecido una buena excusa para abreviar los procedimientos parlamentarios limitando las intervenciones de la oposición en la aprobación de las leyes. Durante el actual periodo de sesiones parlamentarias se han aprobado algunas disposiciones de ley controvertidas. Distracciones como el arresto e interrogatorio de estrellas cinematográficas por politizar el intento de suicidio de una estrella ayudan a desviar la atención de los problemas reales de la economía, que ya antes de la pandemia había entrado en una espiral descendente. La nefasta gestión del confinamiento causó incontables penalidades y muertes a muchos trabajadores migrantes pobres. Aunque la India cuenta con un vibrante grupo de activistas, tanto varones como mujeres, no dejan de ser una minoría. La gran mayoría instruida observan la situación con indiferencia. Ni siquiera votan. La participación electoral sigue estando, en el mejor de los casos, entre el 50 y el 60%.

¿Por qué ha ocurrido esto?

1) La complacencia de la clase media

A los católicos se nos enseña a seguir normas y regulaciones, no a vivir nuestra fe en el mundo. La política se considera “sucia”, así que no nos comprometemos en ella. Aunque hacemos grandes cosas en el ámbito de la caridad, la acción política escapa a nuestra conciencia. La complacencia vale para toda la clase media de la India. Existe una grave carencia de movimientos populares con base multitudinaria.

2) El patriarcado

Patriarcado y democracia no son compatibles; en cambio, feminismo y democracia sí que van de la mano. La democracia se construye sobre el marco de referencia de los derechos humanos. “El feminismo no ha librado guerras, no ha matado a sus adversarios, no ha creado campos de concentración, no ha dejado a sus enemigos morir de hambre ni ha practicado crueldades. Sus batallas han sido por la educación y el sufragio, por mejores condiciones laborales y seguridad en las calles, por el cuidado de los niños y el bienestar social, por centros de apoyo en las crisis causadas por violaciones y centros de acogida para mujeres, por reformas en la ley”[4]. Así como no todas las mujeres son feministas, así también hay varones que son feministas confesos. Es necesario cultivar las perspectivas y cualidades feministas. Jesús fue el primer feminista. Se opuso a las opresivas normas y tradiciones patriarcales de su época. Debemos cultivar los valores feministas que él enseñó, tales como el amor, la justicia, el liderazgo servicial y la abnegación.

En la democracia, el gobierno trabaja para el pueblo. Promueve la igualdad y respeta a todos con independencia de su estatus económico o social. La democracia se construye sobre la idea de que los líderes son elegidos para servir al pueblo, idea afín al liderazgo servicial enseñado por Jesús, que se centra en los pobres y en los sectores más débiles del pueblo.

El patriarcado privilegia a los varones y establece estructuras jerárquicas, en las que el varón acaudalado de casta superior ocupa la cima. Las perspectivas masculinas controlan y dominan la toma de decisiones. El patriarcado aprueba la explotación de los pobres, los vulnerables y los débiles, incluidas las mujeres, en aras de beneficios económicos y políticos. Promueve el capitalismo insostenible y explotador, glorifica e, incluso, legitima la violencia. Tanto mujeres como varones participan en la promoción y el mantenimiento del patriarcado. La cultura y la tradición que se desarrolló dentro de este sistema pone el poder en manos de los ricos y astutos en detrimento de los pobres y marginados.

El uso de estereotipos ha creado moldes para las personas de las diferentes castas, religiones y géneros. Las minorías de género son consideradas aberraciones humanas y a menudo perseguidas. Las minorías religiosas son vistas con sospecha y juzgadas a partir de manifestaciones superficiales que se generalizan. El uso de estereotipos genera elitismo, “castismo”, homofobia y “otreización” de las personas, construyendo jerarquías sociales contrarias a los valores de la democracia. La violencia se emplea con frecuencia para mantener en su lugar social a las mujeres, las minorías de género y los grupos subordinados. Mujeres y niñas pobres están en lo más bajo de la pirámide patriarcal y son quienes mayor opresión sufren. Se trafica con ellas, son explotadas como mano de obra barata y sufren abusos sexuales.

Los sistemas económicos se construyen sobre valores y modelos patriarcales; así, por ejemplo, el Producto Interior Bruto mide el progreso económico de un país, ignorando la labor no remunerada que realizan las mujeres en cuidados y trabajos de crianza en el hogar, en la agricultura y en una amplia serie de tareas voluntarias. Se valora demasiado poco a los campesinos que producen los alimentos que consumimos, necesidad básica para la vida. A los trabajadores no manuales y profesionales de las tecnologías de la información se les paga salarios desproporcionadamente elevados, ya que ese sector tiene una alta demanda y atrae la mayor parte del dinero. Aunque se pavonea de haber creado algunas de las grandes fortunas del mundo, la India tiene el dudoso honor de contar con el mayor porcentaje de población viviendo por debajo del umbral de la pobreza.

El camino hacia delante

Debemos ensanchar y fortalecer el actual movimiento de mujeres, que está muy alerta y activo en la India, para formar un movimiento popular de amplia base. Trabajar en red con ellas. Habiendo trabajado para distintas Comisiones de la Mujer en los planos diocesano, nacional y asiático, siento que el empoderamiento de las mujeres no es una prioridad en la Iglesia. No solo las mujeres, sino también los varones tienen que ser empoderados con una perspectiva feminista o basada en derechos.

Después de las elecciones debemos escrutar a los partidos políticos, asegurándonos de que mantienen sus promesas electorales, como la de ofrecer una educación de calidad, una sanidad universal y una vivienda asequible a todos y cada uno de los ciudadanos. Debemos crear grupos de personas que vayan a sus oficinas, les escriban cartas y les llamen por teléfono para mostrarles que nos mantenemos alerta y escrutamos su actuación. Y debemos también organizar reuniones con los líderes democráticamente elegidos antes, y después de los periodos de sesiones parlamentarios.

La globalización de las economías con el fin de crear riqueza ha causado una extensa degradación ecológica. Hace falta mucho trabajo de concienciación para que la gente se percate de sus propios patrones de consumo y apueste por otro estilo de vida para salvar el medio ambiente. Los valores de mercado generan una “civilización de la codicia”, mientras que la difusión de valores evangélicos a través de ejemplos vividos creará una “civilización del amor”.

Para garantizar la justicia social y la protección del medio ambiente, desmantelemos el patriarcado. Los derechos y valores humanos deben figurar de forma prominente en todos los estadios educativos. Todos los libros de texto han de reflejar tales valores. El pensamiento crítico tiene que ser inculcado en la educación. Es preciso dar valor elevado a los trabajos agrícolas y ganaderos, así como a los cuidados y la crianza. Hay que poner coto al machismo y fomentar el feminismo. Hay que alentar a todos y todas a desarrollar los talentos y dones que poseen, de suerte que puedan desplegar todo el potencial que Dios sembró en ellos al crearlos. Las normas y regulaciones deben reflejar la igualdad y la justicia social.

Debemos utilizar el marco de los derechos humanos para criticar las culturas excluyentes. Y también enseñar que lo personal es político. La forma en la que utilizamos nuestro estatus de clase, casta y género en la relación con otros repercute en la sociedad. Las castas inferiores tienen que cambiar su mentalidad de mendigar por la afirmación de sus derechos; las clases o castas superiores han de cobrar conciencia de que ya no son los patrones de los pobres. En una democracia, hacer justicia es una responsabilidad y un deber. Hay que enseñar cuidados a los varones, tornarlos amables, solícitos y cariñosos, de suerte que compartan las tareas domésticas con sus esposas y lleven estos valores también a su lugar de trabajo. Es preciso reemplazar las jerarquías organizativas por el liderazgo circular.

“Si se hace realidad, el Hindu Raj (gobierno hinduista) será sin duda la mayor calamidad para este país. El extremismo hindú es una amenaza para la libertad, la igualdad y la fraternidad. En esa medida, es incompatible con la democracia. Debemos impedir a todo trance el Hindu Raj”, afirmó el Dr. B. R. Ambedkar[5].

Ambedkar juzgaba a una religión por la forma en que se practicaba en su época y por cómo afectaba a la sociedad como un todo. Estaba en franco desacuerdo con algunas prácticas del hinduismo, en especial con el sistema de castas. Era crítico con el islam por los males sociales que prevalecían entre musulmanes. Sus palabras y escritos han abogado por la creación de una India moderna en la que la religión sea una especie de luz guía, no un conjunto de reglas a las que las personas deban atenerse a toda costa[6]. Criticó al cristianismo por las actitudes de los amos coloniales de la India, que eran cristianos, para con los seguidores de otros credos, pero admiraba las enseñanzas de Jesús.

Por consiguiente, debemos poner de relieve y promover los valores positivos presentes en las creencias y culturas de todas las religiones. Y criticar el abuso de la religión en aras de beneficios políticos. Y subrayar los valores humanos y considerar sagrados los derechos humanos.

Los cristianos disponemos del programa de misión que nos entregó Jesús en Lucas 4,15-19 y los evangelios. Por desgracia, los responsables de la Iglesia no han estado plenamente a la altura de esta misión. Se centran en sus instituciones y en su poder e influencia en el mundo. Silencian a sus críticos, encubren sus errores y bajezas y no rinden cuentas a nadie. Antes de poder señalar con el dedo a cualquier gobierno corrupto, debemos poner en orden nuestra propia casa.

Los responsables eclesiales deberían cambiar radicalmente, tanto ellos mismos como sus sistemas, para convertirse en levadura en la sociedad india. A los activistas cristianos les resulta más satisfactorio el compromiso con activistas seculares que creen en los derechos humanos básicos que con la Iglesia. En la Europa cristiana, mientras las iglesias están vacías, las calles rebosan manifestantes que protestan contra el deterioro medioambiental o apoyan el movimiento Black Lives Matter o a los migrantes y refugiados. Creen en el Jesús que conocen por los evangelios, no en el Jesús que les enseñan los clérigos.

En el plano mundial, tenemos que presionar a la ONU para que intensifique su compromiso con la sociedad civil. Es preciso crear un canal a través del cual la población de un país pueda solicitar la intervención de la ONU cuando el gobierno esté cometiendo violaciones de los derechos humanos a gran escala. Con ocasión de su 75º aniversario, tuvo lugar un debate sobre cómo fortalecer las voces y la participación de la sociedad civil, el sector privado, el mundo académico y otros agentes no estatales en la labor de Naciones Unidas. Hay que conceder mayor influencia en el Consejo Económico y Social de la Unión Europea a quienes trabajan en la base. La Iglesia católica debe comprometerse a que su representante en este organismo, así como en la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, sea una mujer feminista.

La voz profética del papa Francisco tiene una importante repercusión en el mundo; pero, por desgracia, la suya es una visión anticuada de las mujeres. Los jesuitas dirigen grandes e influyentes instituciones educativas, que pueden ser semilleros del cambio. Al tiempo que se alienta a la generación actual a alzar la voz en contra de los movimientos antiéticos y antidemocráticos de los gobiernos, la educación por el cambio es condición indispensable de la aurora de un nuevo mundo de igualdad, justicia y paz. Asociarse con mujeres y varones con perspectivas feministas es un imperativo.

¡Los jesuitas deben comprometerse más en tareas pastorales! Han de ayudar y alentar a las personas a cambiar sus prácticas de fe acentuando una espiritualidad propiciadora de un estilo de vida holístico y sostenible. Arundhati Roy afirmó: «No solo es posible otro mundo, sino que ya viene de camino”. Conviene apoyarse en personas con una vivificadora perspectiva feminista para hacer posible “otro mundo”. Si el estilo de vida cristiano pasa del ritualismo a una espiritualidad basada en los valores evangélicos del cuidado, la solidaridad y la promoción de la justicia y la paz, entonces otro mundo es posible.

***

[1] Bharathaya Janata Party significa “Partido Popular Indio”. Es el partido actualmente gobernante en la India. Tiene sus raíces en el Bharatya Jana Sangh, el brazo político del grupo fundamentalista hindú Rashtriya Swayamsevak Sangh. El Jana Sangh se unió con otros grupos en 1977, tras el fin del estado de emergencia decretado por Indira Gandhi en la India, para formar el Janata Party.

[2] RSS, Rashtriya Swayamsevak Sangh, significa, traducido literalmente, “Organización Nacional de Voluntarios”. Se creó en septiembre de 1925 en respuesta a la opresión de los hindúes por el mando británico en la India. Es una organización paramilitar de voluntarios, formada exclusivamente por varones, defensora de una ideología derechista y del nacionalismo hindú.

[3] CIVICUS es una alianza mundial de organizaciones de la sociedad civil y activistas que se dedica a fortalecer la acción ciudadana y la sociedad civil en el mundo entero. Véase: https://www.civicus.org/index.php/who-we-are/about-civicus, consultado el 25 de septiembre de 2020.

[4] Dale Spender, Man Made Language, Routledge & Kegan Paul Books, Londres 1990.

[5] Dr. BR Ambedkar (scrolldroll.com) http://www.scrolldroll.com/br-ambedkar-quotes/, consultado el 9 de septiembre de 2020.

[6] Cf. Vishnu NS, en “35 BR Ambedkar Quotes on the Constitution, Hinduism, Islam and India”; http://www.scrolldroll.com/b-r-ambedkar-quotes/, consultado el 9 de septiembre de 2020.

[Artículo publicado originalmente en inglés en Promotio Iustitiae/Traducción de José Lozano Gotor/Imagen de Jon Hoefer en Pixabay]

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