Hay pocos Maestros en mayúscula en la vida y Arcadi Oliveres ha sido uno de ellos. Pero la maestría de Arcadi no es una maestría exclusivamente intelectual, como tantas veces ocurre en referentes que nos dejan. Su maestría sobrepasa esta vertiente y entra de lleno en el terreno de lo vital. La forma de mirar y entender el mundo de Arcadi cambiaba la vida, te hacía hacerte preguntas y cuestionarte lo que no se suele cuestionar. Pero además de hacerte pensar de forma sistémica, sobre cómo funciona este modelo generador de tantas desigualdades e injusticias, te llevaba al más difícil de los terrenos: el de pensar qué tengo que hacer yo, qué tenemos que hacer nosotros, para cambiarlo.

La reflexión profunda, sistémica e interpeladora de Arcadi era profundamente comprometida y esperanzada con la idea altermundialista que él mismo ayudó a gestar de que «otro mundo es necesariamente posible». La última vez que lo escuché, con un hilo de voz, tierno y potente a la vez, nos animaba a todas aquellas personas que allí estábamos a tres propósitos que configuran su legado más auténtico y esencial: lucha, coherencia y esperanza. Arcadi Oliveres ha encarnado como nadie estos tres pilares de ese otro mundo posible:

  • Una lucha que no desfallezca en comprender, despertar y concienciar sobre todo lo que hace de nuestro mundo un mundo de ganadores y perdedores, de privilegiados y excluidas. Y no es ningún maniqueísmo afirmar eso al constatarlo con tantos datos que Arcadi ponía siempre sobre la mesa, y sobre todo, si como hacía él, queremos hacer bueno aquello de Mario Benedetti de que «todo es siempre según el dolor como se mira». Arcadi fue un gran luchador contra tanta anestesia mediática y social y ayudó siempre a leer y comprender la realidad desde los perdedores y perdedoras de la historia.
  • Coherencia, porque más allá de su análisis, todo acababa siempre en un modelo de consumo, de privilegios y necesidades creadas, que había que empezar a deconstruir desde nosotros mismos, buscando formas de vida respetuosas con el planeta, con la dignidad de los pueblos, y con la dignidad de cada ser humano.
  • Y esperanza, porque en medio de este nihilismo social que nos rodea, Arcadi hablaba, con los ojos brillantes, del mundo que ya germinaba, el de las cooperativas de consumo, el de los barrios que se organizan, el de la protesta y la propuesta en las calles, el mundo de Porto Alegre y de la Plaza Cataluña en el 15M, el mundo de tantas «utopías disponibles» que Arcadi agitaba y co-creaba con su palabra y con su relato tierno y rebelde.

Arcadi ha sido mi Maestro, en mayúscula. Como también lo fue Jaume Botey, también en mayúsculas. Y de los Maestros siempre queda el espíritu, la palabra, el gesto tierno, el compromiso en la trinchera y el amor revolucionario que todo lo quiere cambiar, y sin darse cuenta, todo lo cambia. Te queremos, Arcadi Oliveres. Gracias por tanto.

[Imagen extraída de la revista Estris]

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Miembro del área social de CJ. Profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales Blanquerna (Universitat Ramon Llull) y delegado del rector para el impulso de la Agenda 2030. Es miembro de la Junta de Gobierno del Institut Català per la Pau (ICIP) e investigador asociado del CIDOB. Fue el responsable del área social de CJ entre 2010 y 2020.
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