Jaime Tatay y Jaime MuñozLa pandemia de la COVID-19 ha evidenciado hasta qué punto somos parte de la biosfera y compartimos con ella un destino común. En este contexto, no solo se ha puesto de manifiesto que la “salud humana” está estrechamente relacionada con la “salud de la naturaleza”, sino que sería más adecuado considerar la salud de la biosfera como el paradigma más adecuado para abordar de forma conjunta los retos sanitarios y medioambientales de nuestro tiempo.

Efectivamente, en ámbitos académicos, durante los últimos años va cobrando fuerza el concepto One health (Una salud), que pretende destacar que la salud humana y la salud de los ecosistemas están unidas; que el hombre no puede aislarle de la naturaleza y vivir ajena a ella.

Como se señala en el reciente informe Planeta vivo 2020 de WWF Internacional[1], apoyándose a su vez en distintas fuentes y estudios, durante los últimos 50 años ha habido un gran progreso en materia de salud y bienestar a nivel global. La mortalidad infantil y la pobreza se han reducido y la expectativa de vida ha aumentado. Estos progresos son muy esperanzadores, pero es necesario reconocer que se han realizado, al menos parcialmente, a costa de la explotación y alteración de los ecosistemas naturales; una alteración que puede dar al traste con los logros realizados, como de alguna manera podemos advertir en las consecuencias socioeconómicas y sanitarias de las crisis de la COVID-19, que en algunos lugares del mundo ya ha reducido la esperanza de vida.

Los niveles actuales de degradación ambiental socavan la capacidad de la naturaleza para proveer los servicios ambientales de los que la humanidad se beneficia[2]: estabilidad climática, calidad del agua y del aire, seguridad alimentaria, forma de vida sostenibles, polinización, medicinas, bienestar psicológico y por supuesto la capacidad de prevenir y minimizar los efectos de pandemias zoonóticas.

Por todo ello, la destrucción de la naturaleza amenaza con ralentizar e incluso revertir los logros alcanzados por la humanidad durante los últimos años en términos de salud y bienestar. Sirva de ejemplo de ello la advertencia de la FAO de su último informe sobre la creciente inseguridad alimentaria en distintas zonas del planeta[3].

Es en este contexto en el que desde distintas organizaciones mundiales se ha introducido el mencionado enfoque One health o el equivalente Planetary health, para destacar que sólo hay una única salud, la salud del planeta, reconociendo que el bienestar de la humanidad y la naturaleza están esencialmente vinculados.

Es significativo y llamativo también en este sentido el informe científico de julio de 2020 del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) titulado: Prevenir la próxima pandemia – Zoonosis: cómo romper la cadena de transmisión; informe que destaca como el enfoque One health[4] “es el método óptimo para prevenir los brotes y pandemias de zoonosis, así como para darles respuesta. Adoptar este enfoque, que reúne conocimientos especializados médicos, veterinarios y ambientales, ayudará a los gobiernos, las empresas y la sociedad civil a lograr una salud perdurable para las personas, los animales y el medio ambiente por igual”[5].

En este contexto, en noviembre de 2020 ha sido anunciado la constitución del Consejo de expertos de alto nivel sobre el enfoque One health (One Health High-Level Expert Council). Una iniciativa conjunta de la OMS, la OIE, la FAO y el PNUMA, y cuyo objetivo será recopilar, organizar y dar a conocer información científica contrastada sobre los vínculos entre la salud humana, la animal y la ambiental; al objeto de informar a la ciudadanía y ayudar a los poderes públicos en la toma de decisiones[6]. Como se señala en el comunicado que anunció su constitución, el enfoque One health es “un enfoque transversal y sistémico de la salud basado en el hecho de que la salud humana y la salud animal son interdependientes y están vinculadas a la salud de los ecosistemas en los que coexisten, como se establece en los Principios de Berlín”[7].

Precisamente los llamados Principios de Berlín fueron propuestos en la Conferencia internacional “Una salud, un planeta, un futuro” celebrada en octubre de 2019 en Berlín y promovida por la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre y el Ministerio Alemán de Asuntos exteriores. Conferencia en la que participaron cerca de 200 expertos de diversos ámbitos de conocimiento: política, sociología, filosofía, economía, ecología, medicina y veterinaria. En ese foro se analizaron, discutieron y acordaron los citados principios, actualizando y siguiendo desarrollos previos, particularmente los llamados Principios de Manhatan, desarrollados ya en 2004 en el Simposio internacional “Construyendo puentes interdisciplinares para la salud en un mundo globalizado” desarrollado en la Universidad Rockefeller de Nueva York[8].

Los Principios de Berlín[9] son un decálogo de consideraciones y recomendaciones dirigidas a líderes mundiales, gobiernos y sociedad civil, así como a las comunidades científica, de conservación, de salud y de economía y finanzas. Con ellos se llama a la acción urgente desde una perspectiva holística, tomando en consideración los problemas de salud humana, animal y vegetal, las enfermedades transmisibles y no transmisibles, la resistencias microbianas, la pérdida de biodiversidad y la integridad de los ecosistemas, así como las presiones ejercidas por los gases de efecto invernadero y la contaminación del aire, el agua y los suelos.

Desde la consideración de la biodiversidad como soporte de la vida en nuestro planeta y ante la magnitud de los retos futuros nunca antes enfrentados por la humanidad, se destaca la necesidad ineludible de la cooperación multidisciplinar pues ningún grupo, disciplina o sector de la sociedad posee en sí mismo los conocimientos y recursos para “prevenir la aparición o resurgimiento de enfermedades manteniendo y mejorando la salud y bienestar de todas las especies en el mundo globalizado de hoy”; y todo ello sin perder de vista a los empobrecidos, en relación a los cuales se reconoce que “estamos fallando fundamentalmente a los pobres –El Club de la miseria—[10], junto con su ganado y el medio ambiente del que dependen directamente, impulsado todo ello por patrones de consumo desenfrenados y en constante aumento y la destrucción ambiental asociada”.

Un reflexión equivalente podría hacerse en relación a los pueblos originarios y su riqueza biocultural, que, según el papa Francisco, la economía globalizada “daña sin pudor”[11]; y es que “ni siquiera la noción de calidad de vida puede imponerse, sino que debe entenderse dentro del mundo de símbolos y hábitos propios de cada grupo humano” (Laudato si’, n. 144), pues “si las culturas ancestrales de los pueblos originarios nacieron y se desarrollaron en íntimo contacto con el entorno natural, difícilmente puedan quedar indemnes cuando ese ambiente se daña”[12].

***

[1] WWF, Living Planet Report 2020.

[2] Wildlife Conservation Society, “10 reasons to thank nature”, en https://www.wcs.org/get-involved/updates/10-reasons-to-say-thanks-to-nature (2 diciembre 2020).

[3] FAO, FIDA, OMS, PMA y UNICEF, “Versión resumida de El estado de la seguridad alimentaria…”

[4] Comité de Agricultura de la Fundación para la Alimentación y la Agricultura (FAO), “COAG/2020/6/Rev.1, “Prevenir y anticipar enfermedades y plagas de animales y plantas con grandes repercusiones y hacerles frente”, en http://www.fao.org/3/nd391es/nd391es.pdf (28 septiembre (2 octubre 2020).

[5]  Programa de Naciones Unidad para el Medio Ambiente, “Prevenir la próxima pandemia: Zoonosis y cómo romper la cadena de transmisión”, en https://www.unenvironment.org/es/resources/report/preventing-future-zoonotic-disease-outbreaks-protecting-environment-animals-and (6 julio 2020).

[6] Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, “UNEP joins three international organizations in expert panel to improve One Health”, en https://www.unenvironment.org/news-and-stories/story/unep-joins-three-international-organizations-expert-panel-improve-one-health (12 noviembre 2020).

[7] Alliance for Multilateralism, “Presentation of the work of the Alliance for Multilateralism. The One Health High-Level Expert Council and the Fight against Infodemics”, en https://multilateralism.org/wp-content/uploads/2020/11/2020-11-11-Press-release-meeting-AfM-12-November-2020-final-version-EN.pdf (12 noviembre 2020).

[8] R. A. Cook – W.B. Karesh – S.A. Osofsky, “Summary of the Conference One World, One Health: Building Interdisciplinary Bridges to Health in a Globalized World”, Wildlife Conservation Society and The Rockefeller University, en http://www.oneworldonehealth.org/sept2004/owoh_sept04.html (29 septiembre 2004).

[9] Grupo de trabajo para los principios de Berlín, en https://c532f75abb9c1c021b8c-e46e473f8aadb72cf2a8ea564b4e6a76.ssl.cf5.rackcdn.com/2020/02/11/74ik3zxtxp_The_Berlin_Principles_on_One_Health_.pdf (25 octubre 2019).

[10] P. Collier, El Club de la Miseria. Qué falla en los países más pobres del mundo, Madrid 2008

[11] Francisco, Exhortación Apostólica Postsinodal Querida Amazonía, n.40, en http://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20200202_querida-amazonia.html (Roma 2 febrero 2020) .

[12] Francisco, Exhortación Apostólica Postsinodal Querida Amazonía, n.40.

Imagen de Eduardo RS en Pixabay 

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Jesuita. Ingeniero de Montes y doctor en Teología. Es profesor en la Universidad Pontificia Comillas (2017) donde enseña Ecología, Ética y Doctrina Social de la Iglesia. Es también director de la revista Razón y Fe y miembro del equipo Ecojesuit. Colabora en el equipo de Cristianisme i Justícia, participando en el grupo de Ética y sostenibilidad.
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