Montse CorberaCuatro personas han perdido la vida y más de un centenar han tenido una experiencia traumática, con recuerdos y emociones que quedan grabados en el corazón y en la memoria, y seguramente marcarán su manera de actuar.

Una desgracia provocada por la inacción, indiferencia y dejadez de las administraciones.

Para poder empadronarnos en Badalona, ​​nos piden un contrato de alquiler o escrituras a nombre de quien se quiere empadronar, y además un recibo de suministros que se corresponda con aquella dirección y titular. Puede parecer sencillo…, tomo mi móvil con conexión ininterrumpida a internet y pido una cita…, me la dan para dentro de dos meses, no hay problema, esperaré… ¿Qué me puede pasar? Si necesito médico, me podrán atender; si tengo hijos, buscaré la manera de que estén atendidos mientras no los puedo escolarizar…, pero, ¿qué pasa si acabo de llegar a la ciudad, si vengo huyendo de la falta de oportunidades de mi país, o de la violencia, o si hasta los 18 años me atendieron en centros tutelados, pero ahora ya no hay recursos para mí?, ¿y si me caduca mi documentación y todavía no tengo el documento de empadronamiento? ¿O si para renovar el permiso de residencia me conecto insistentemente y no salen citas, ni siquiera en otros municipios situados a dos horas en transporte público, tal y como ha encontrado mi compañero de búsqueda de citas? Sin permiso de residencia no me pueden contratar, sin contrato no puedo acceder a alquileres. Y si no tengo acceso al padrón, ¿qué ayudas existen?, ¿dónde podré vivir? He conocido a alguien que me dejará una habitación, pero claro, es provisional, porque el conocido que me acoge ya tiene bastante con su situación… A menudo son circunstancias muy complejas las que empujan a las personas a soportar condiciones indignas o de riesgo, a veces de forma eventual porque no existe una alternativa. Qué falta de respeto por los derechos humanos. Todo el mundo tiene derecho a vivir y, en cambio, a veces tan solo se les permite malvivir o sobrevivir… mientras no molesten, ¡por supuesto!

La nave del Gorg se ha dado a conocer ahora por las graves consecuencias del incendio, pero ya hace más de una década que la nave estaba ocupada, y que el Ayuntamiento tenía constancia de ello. A raíz de la noticia han surgido a la luz naves ocupadas en otros municipios.

La Fundació Salut Alta trabaja en un barrio de Badalona donde no hay ninguna nave, pero una parte importante de la población se aloja en infraviviendas o viviendas inseguras. El drama es el mismo. Hay familias que comparten un piso con otras familias, con derecho a utilizar espacios comunes como cocina y comedor, o quizás tan solo se les permite hacer uso de la habitación. Otros deben compartir habitación diferentes miembros de la familia, a menudo les falta espacio a los niños para jugar o aprender, o para la propia intimidad… Algunos disponen de un lugar insalubre, con humedades permanentes, o con fugas internas o ajenas que provocan malos olores o agravan enfermedades. Quizás con defectos estructurales, techos apuntalados, autoconstrucción o reformas caseras que ponen en peligro la vida de las personas que allí se acogen. Convertirlo en viviendas seguras depende de la voluntad de los propietarios, que quizás se aprovechan de la falta de recursos de quien lo reclama o tal vez no les llega la información de la situación por el hecho de haber intermediarios interesados ​​en esa desinformación. Viviendas con falta de aislamiento, suministros, calefacción o ventilación, o con frecuencia, todo a la vez.

También hay personas que, a pesar de pagar el importe acordado, acaban siendo desahuciadas porque quien alquilaba dejó de pagar la hipoteca o alquiler correspondiente…

En los últimos meses en el barrio ha habido incendios, inundaciones, fugas de aguas fecales, etc. Pero no salen en las noticias y pasan desapercibidas para la sociedad y, por lo tanto, la Administración evita asumir su responsabilidad, ya que la solución es bastante dificultosa…

Y aun así, actuar solo ante las emergencias puede acabar con gran parte de la población del barrio con sus derechos fundamentales vulnerados. Cuando se llega a acuerdos internacionales como los Derechos Humanos y cuando celebramos los días internacionales, enseguida proclamamos al unísono el derecho a vivir con dignidad, o a ser acogidos por el simple hecho de ser persona. A menudo, la abstracción ayuda a llegar a consensos; el problema viene con las concreciones, en los casos particulares. Especialmente cuando no se destinan recursos suficientes para cubrir las necesidades ya existentes. En este sentido, podríamos hacer una reflexión sobre la manera que tenemos de acoger en el barrio y en la sociedad. De rebote, parte de la acogida recae en la legislación y en la burocracia de la Administración a diferentes niveles (ley de extranjería, empadronamiento, accesibilidad telefónica o digital a citas para renovar permisos o para empadronarse, políticas de integración y de inserción laboral…).

Los últimos meses, con la Covid-19, hemos tenido un ejemplo muy claro de voluntad política para invertir en prevención: se ha concienciado a la sociedad de forma exhaustiva de la importancia de las medidas preventivas, ya que las consecuencias directas las sufren las personas más vulnerables a nivel de salud, y las indirectas son el incremento de recursos para el diagnóstico y el tratamiento, o incluso una saturación del sistema en el caso de llegar a la máxima ocupación de las UCI, pérdida de vidas o de salud evitables.

A nivel social no parece que haya esta voluntad política, los recursos son insuficientes, las administraciones elaboran presupuestos que no llegan a dar respuesta a las necesidades que hay ni se hace una planificación para prevenir situaciones de vulnerabilidad más graves. Es como si a nivel social tuviéramos hospitales mal equipados, con menos médicos de los que se necesitan y escasos de material… ¿Qué diríamos si acudiéramos con una fractura y simplemente nos dieran una muleta?

Un aspecto clave de la prevención, a nivel social, sería la acogida, la empatía con las personas que tenemos alrededor, la solidaridad, la ayuda mutua, y desde un papel de acompañante que genere empoderamiento, huyendo de la dependencia, que no haría sino agravar la situación. Se podría traducir en una planificación de proyectos comunitarios que favorezcan relaciones acogedoras de la diversidad de la población y donde se reconozcan las necesidades individuales y colectivas, para dar respuestas y mejorar el bienestar, y esto debe ir acompañado de recursos a largo plazo, no puede depender del color del partido político de turno. Hay que elaborar e implementar un plan integral de servicios sociales, ratificado por todos los partidos, donde la prevención empiece a tener el peso que le corresponde, y evitar saturar las UCI sociales, que serían los presupuestos para ayudas. En los casos más graves, las actuales ayudas son insuficientes, y en otros casos puntuales pueden generar dependencia. En fin, empieza a ser urgente crear esos CAP sociales que trabajen desde la prevención comunitaria.

Por último, una mirada histórica para entender las causas de que sea en estas poblaciones donde se localicen situaciones de infravivienda y vulneración de derechos. La población del barrio de la Salut creció porque habitantes del sur de la península buscaban trabajo y lo encontraron en Barcelona con las obras del metro y de la Exposición Universal. El terreno vacío que encontraron disponible fue en el municipio de al lado, Badalona. La población que ha seguido llegando a la Salut en diferentes oleadas migratorias, lo ha hecho por la proximidad a la capital. Si las personas que buscan trabajo y vivienda en la ciudad de Barcelona finalmente encuentran la vivienda en los municipios vecinos, la solución a los problemas que se generan sobrepasa la capacidad política, técnica y presupuestaria de los ayuntamientos de estos municipios. Hay que encontrar una estrategia conjunta, con mirada metropolitana, con el fin de abordar las situaciones de vulnerabilidad que se generan, y esto vuelve a exigir un compromiso político y una dotación de recursos a largo plazo que haga posible la mejora de la sociedad. No podemos entender estas realidades como hechos aislados dentro de un municipio.

Ahora que comienza el nuevo año, viendo cómo ha terminado la anterior con el fatídico incendio, sería muy esperanzador que las diferentes administraciones comenzaran a colaborar y ser proactivas para garantizar la acogida, la vivienda digna y la prevención de situaciones de vulnerabilidad. ¡Ojalá!

Imagen de kerttu en Pixabay 

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