Víctor Codina. La pandemia nos ha absorbido tanto este año (contagios, mascarillas, enfermos, muertos, médicos, sanitarios, hospitales, confinamiento, cuarentena, crisis laboral, trabajo, clases y reuniones virtuales, vacunas…) que otras cuestiones han quedado oscurecidas y marginadas. Las conclusiones del Sínodo de la Amazonía y la bellísima carta Querida Amazonia de Francisco, han pasado muy desapercibidas.

Para ayudarnos a vivir con sentido la Navidad en este momento de pandemia, podemos dejarnos cuestionar y responder a las cuatro preguntas a las que el Sínodo de la Amazonía nos invita y que corresponden a los cuatro sueños de Francisco en Querida Amazonia: sueño social, sueño ecológico, sueño cultural y sueño eclesial.

1. Sueño y conversión social

¿Estamos dispuestos a trabajar y luchar por un mundo sin las hirientes desigualdades e injusticias sociales que existen entre países y dentro de cada país? ¿Nos dejamos interpelar por el clamor de los excluidos, de los pobres, de los insignificantes, de las mujeres, de los niños y ancianos abandonados, los emigrantes, los enfermos, los pueblos indígenas y de los hermanos sin techo?

2. Sueño y conversión ecológica

¿Conocemos la encíclica Laudato si’ y sus exigencias frente a una ecología integral, ya que el problema no es solo el cambio climático sino socioambiental? ¿Escuchamos el grito de la Tierra junto al grito de los pobres? ¿Estamos dispuestos a un tipo de vida más sencillo, sobrio, fraternal y compartido, y a renunciar al paradigma tecnocrático y machista, liberal y consumista que destruye nuestra casa común? ¿Nos examinamos sobre el pecado ecológico? ¿Qué iniciativas podemos proponer?

3. Sueño y conversión cultural

¿Absolutizamos nuestra cultura occidental moderna y postmoderna como la única válida? ¿Estamos abiertos al pluralismo cultural y religioso, al ideal del «vivir bien» de los pueblos indígenas? ¿Respetamos culturas y religiones de los migrantes que llegan a nuestro país?

4. Sueño y conversión eclesial

¿Estamos abiertos a una Iglesia en salida a las periferias sociales y existenciales, hospital de campaña que cura heridas, una Iglesia pobre y al lado de los pobres? ¿Queremos edificar una Iglesia Pueblo de Dios que camina hacia el Reino, una Iglesia no clerical ni patriarcal, sino de diálogo, escucha y discernimiento?

¿Estamos dispuestos a reconocer el protagonismo de los laicos que por el bautismo poseen la unción del Espíritu y respetamos los diversos carismas y ministerios eclesiales? ¿Mantenemos la tensión entre una iglesia que hace la eucaristía y una eucaristía que hace la Iglesia?

Los cristianos podemos responder contemplando el pesebre de un Dios que se ha hecho bebé para que podamos vivir humanamente, como hermanos y hermanas, en armonía con Dios, con la humanidad y con la naturaleza.

Imagen de Hans Bijstra en Pixabay 

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Jesuita. Estudió filosofía y teología en Sant Cugat, en Innsbruck y en Roma. Doctor en Teología, fue profesor de teología en Sant Cugat viviendo en L'Hospitalet y Terrassa. Desde 1982 hasta 2018 residió en Bolivia donde ha ejercido de profesor de teología en la Universidad Católica Bolivia de Cochabamba alternando con el trabajo pastoral en barrios populares Ha publicado con Cristianisme i Justícia L. Espinal, un catalán mártir de la justicia (Cuaderno nº 2, enero 1984), Acoger o rechazar el clamor del explotado (Cuaderno nº 23, abril 1988), Luis Espinal, gastar la vida por los otros (Cuaderno nº 64, marzo 1995).
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