Josep M. Margenat. [Hace algunos días publicábamos en este mismo espacio la primera parte de esta reflexión].

El mal espíritu divide y bloquea. San Ignacio previene contra la tentación de la división, que nos quiere envolver “para que no pase[mos] adelante”. Es lo que quiere el enemigo de natura humana: que no pasemos adelante (Ejercicios 314:1, 315:2, 333:4, 334:3; anoto casi textualmente todos los términos ignacianos usados: placeres aparentes, delectaciones imaginadas, placeres sensuales, morder, tristar, poner impedimentos, inquietar con falsas razones, traer a su dañada intención y malicia, engaños encubiertos, perversas intenciones, enflaquecer, inquietar, conturbar el ánima, quitar la paz, la tranquilidad, la quietud, intención depravada, estrépito, etc. “para que no pase adelante”). El mal espíritu siempre nos seduce para que no pasemos adelante. Esa es la pregunta esencial que me hago ante el discernimiento, el de otros y el propio. Esto o aquello, ¿milita contra el Reino?, ¿sospecho que es un impedimento para no pasar adelante?, ¿me estaré engañando? El Reino es el horizonte único del discernimiento: lo que no ayuda a que se acerque, lo frena (“katekhôn”, Rm 1:18). Podemos seguir engañándonos con las palabras, pero ya no en nuestra conciencia. ¿De qué lado estamos?, ¿bajo qué bandera? Si no nos armamos espiritualmente para este combate, no podremos afrontar la etapa que viene. Vamos a entrar, si no estamos ya, en época de turbulencias continuadas. La elección de Joe Biden quizá sea solo un respiro benéfico, pero no cambia el escenario. Este es de exclusión del otro, de insulto, de mentira, de descalificación para poder destruirlo. La imagen del enemigo se “construye” para luego poder destruirlo. Si el otro a quien queremos destruir no es enemigo, no podemos acabar con él. Así que lo primero es culpabilizar o demonizar a los otros, dividir entre buenos y malos, simplificar, construir al enemigo antes de destruirlo. Por eso, el único antídoto es el pacto, imperfecto siempre, el diálogo, continuado siempre, el reconocimiento del otro como interlocutor legítimo, benevolente siempre (Ejercicios 22). Necesitamos lucidez para este tiempo de enfrentamientos por recursos escasos.

En tercer lugar, Europa. En el mundo muchos militan contra Europa, que el Tratado de Lisboa definió como un espacio privilegiado para la esperanza humana. Muchos militan bajo otra bandera. Europa ha logrado ajustar y realizar el trilema de Rodrik: democracia, mundialización y soberanía. Europa, un espacio al que muchos quisieran acceder, pero que tiene tantos detractores, dentro y fuera. Europa es el resultado de paz y justicia tras dos guerras mundiales, o quizá una guerra civil entre 1914 y 1945, treinta años de guerra europea en los que se encuadra la triste guerra española de 1936-1938. Por eso hay que recordar siempre que el pacto entre social-liberales, democristianos y socialistas, el llamado pacto socialdemócrata de los años del discurso de Schumann en 1950 y del Tratado de Roma en 1957, el pacto español de esos mismos años, que culminó en la Constitución de 1978, no es un momento cualquiera. Es el pacto integrador con menos disparidad de rentas del mundo (con el más bajo coeficiente de Gini, que la mide), con más seguridad alimentaria, con más calidad democrática en sus monarquías o en sus repúblicas, con más equidad fiscal, con mejor cobertura sanitaria, con más desarrollo educativo. Europa, ¿es perfecta? Europa no es una religión ni una ideología. No debe serlo, no lo es, gracias a Dios. Si lo fuese, empezaría a ser peligrosa. Europa es un pacto imperfecto para promover más justicia, no la justicia perfecta y final. Gracias a Dios la justicia perfecta no será consecuencia de las políticas de Europa. La justicia perfecta, la que brota de “la ira de Dios” (Rm 1:18) adviene al final (lo último) desde y con los últimos, las víctimas cuya memoria ha quedado casi ocultada. La europea es una justicia humana, imperfecta, en continuo desarrollo, transaccional, negociada, sólidamente institucional, no apocalíptica, siempre provisional. Europa es la democracia imperfecta. Es mejor así. Basta con que sea sustantivamente democrática, aunque sea adjetivamente imperfecta. La perfección es una categoría escatológica, la democracia es una categoría histórica. Europa es más democracia siempre. Hoy hay algunos grandes actores globales: Rusia, China, India, y otros intermedios, Turquía, Arabia, Irán, quizá Brasil y otros que militan contra Europa. La verdadera batalla se juega geo-políticamente entre estos espacios, por supuesto también en los Estados Unidos de América y en Europa, que alcanza sólo el 9% de la población mundial, aunque seamos aún un actor comercial internacional de primer rango (el comercio exterior representa más del 30% del PIB de la Unión, en eso consiste también la mundialización). Europa es, también y sobre todo, respeto de las reglas del juego, de la legalidad, de la institucionalidad, de la rendición de cuentas, de la trasparencia. En la nueva configuración del mercado mundial y del dominio geopolítico de los territorios, hay actores que militan contra Europa intentando debilitarla, si no destruirla a medio plazo. Lo hemos visto recientemente, lo estamos viendo: nacionalismos irredentos, nacional-populismos, dorados aislacionismos (como el llamado Brexit) y otros extremismos. Quizá Europa está agotada. Espero que no y seguiré pensando que no y teniendo este tercer criterio de discernimiento. De ahí la pregunta: esto o lo otro, ¿va contra el proyecto de integración europea, con todos sus defectos y sus retrasos?

Hace bastantes años el sociólogo Robert D. Putnam viajó a Italia con una pregunta. En realidad, devolvía la visita que un noble francés había hecho ciento cincuenta años antes escribiendo la Démocratie en Amérique. Viajar con ojos abiertos siempre es aconsejable. Putnam fue con una pregunta: ¿por qué el plan Marshall ha producido unos efectos espectaculares de integración, de desarrollo social, de crecimiento económico en el norte de Italia y en el sur parece agua que se escurre en un colador agujereado? (A mediados de los años 1990 pregunté en Palermo qué eran aquellos edificios en ruina, creyendo que las habían dejado como testimonio de la guerra mundial; me explicaron que los fondos para la reconstrucción, a pesar de haber sido aprobados, no llegaron nunca; entendí mejor. Esta misma pregunta se la formulaban mis amigos comprometidos en la cooperación para el desarrollo, viendo los resultados de cada euro invertido en desarrollo en el Vietnam post-imperial, post-colonial francés, aún comunista y en varios países de Centroamérica: capital social, institucionalidad dirían Robinson o Acemoglou). Putnam regresó a los Estados Unidos y formuló el conocido concepto de capital social. Unos años después escribió un ensayo, Bowling alone, donde se preguntaba por la pérdida de capital social en su país, pues había observado que decenios antes los norteamericanos se reunían en las boleras para jugar, tomaban algo juntos y charlaban. Años después, las boleras ya no convocaban como antes y el capital social había entrado en declive.

Para el curioso. La tercera crisis será antes de que acabe la década en 2030; esta vez será definitiva y tendrá que ver con la revolución tecnológica y con el cambio climático. La necesidad coincidirá con la alternativa, lo que hasta ahora no ha ocurrido. En lugar de apuntarnos a alguna de las varias revoluciones que hay en el mercado, sería mejor que la crisis nos encontrase en la rebeldía, la capacidad de decir “no” a que se agarró Camus (l’Homme révolté, 1951). Nos hacen falta mujeres y hombres con capacidad de rebeldía, de decir “no”, que estén despiertos. Nos hacen falta pensadores de reflexión profunda ante la crisis. Hemos de dedicarnos en cuerpo y alma para preparar, llegado el momento, las respuestas alternativas. Para saber bajo qué bandera debemos situarnos, frente a tanato-política, enfrentamientos y separatismos, sugiero estas tres palabras: cuidado, amistad y Europa. No podemos ser ingenuos, ni ignorantes. Nos jugamos mucho en este “juego”, por eso nos conviene saber bajo qué bandera nos acogemos.

Al acabar este comentario, se confirma que Joe Biden y Kamala Harris han ganado las elecciones para apaciguar los Estados Unidos y el mundo en los próximos cuatro años y tomar en serio, afrontando el cambio climático que han provocado injustamente los depredadores (quizá estemos entre los mismos). Boris Johnson, al reconocer su victoria, ya se ha ofrecido a dialogar y a colaborar para actuar contra el cambio climático. Todo un gesto, todo un signo. El cambio es posible. Unas horas después nos llega la noticia del adiós de Joan Travé. Con su marcha a la casa del Padre y la de Josep Miralles hace unos meses perdemos dos constructores de capital social, o quizá lo que nos dejan es su capacidad de generar amistad fraterna, y eso que hemos ganado. Podemos mantener su compromiso. ¿Estaremos a la altura?

Imagen de RheaG420 en Pixabay 

¿TE GUSTA LO QUE HAS LEÍDO?
Para continuar haciendo posible nuestra labor de reflexión, necesitamos tu apoyo.
Con tan solo 1,5 € al mes haces posible este espacio.
Jesuita desde 1990 y presbítero desde 1996, es profesor agregado de instituto de bachillerato y titular de universidad, como investigador y docente de Teología política, Ética social, Historia de la Filosofía Política e Historia de la Iglesia en la Universidad Loyola Andalucía y otros centros. Colaboró en El País y Revista de Fomento Social (como director entre 2008 y 2018) y colabora regularmente en El Ciervo, Razón y Fe y Religión y Escuela, además de escribir en algunos blogs. Ha publicado libros sobre la construcción del consenso pasivo en España (1934-1937), los cristianos de la dictadura a la democracia (1939-1975) y pedagogía ignaciana (traducido al francés y al portugués). Miembro de Cristianisme i Justícia, de EIDES y del Centre Internacional d’Espiritualitat Ignasiana de Manresa, colabora con el Institut de Teologia Fonamental y con el Institut universitari de Salut Mental. Vive en Manresa (Barcelona) desde 2020.
Artículo anteriorEl jesuita de 83 años encarcelado por terrorismo en India
Artículo siguienteErnesto Cardenal y su contribución a la Teología de la Liberación

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingresa tu comentario!
Please enter your name here