Tere IribarrenTengo la suerte de haber conocido y disfrutado de una persona que cree en la  educación, que confía en la posibilidad de cada niño, que cuenta con los maestros. Que ha entregado su vida, su capacidad y su saber, que ha  dejado un sendero, una pista, un camino.

En una entrevista que le hacen en el número 250 de Cuadernos de Pedagogía, Teresa Codina explica su opción por ser maestra, su dedicación, el sentido que le ha dado su trabajo y que, por ello, se la considera maestra en las dos orillas.

El recorrido profesional de  Teresa Codina es largo y diverso. En 1956 funda la Escuela Talitha, en Barcelona, un proyecto educativo innovador. En 1965 es cofundadora de la Escola de Mestres Rosa Sensat. En 1973 opta por la escuela de periferia: enseña en el barrio del Port, de la misma capital catalana, participa en la creación de un Instituto de Bachillerato en aquella zona y entra en contacto con el barrio gitano de Can Tunis.

María Teresa Codina tiene una amplia trayectoria profesional que la ha llevado a buscar la forma de responder con realismo y eficiencia a cada situación, trabajando en las dos orillas de la escuela: la que se dirige a las clases medias y la que atiende la clase trabajadora.

Su compromiso con la educación de los grupos más desfavorecidos la hacen merecedora de un lugar reconocido en la educación para la diversidad.

Y dice: «Cuando empecé a vivir la escuela desde el otro lado, procuré aproximarme a la realidad de cada alumno, tener en cuenta sus reacciones, coordinar mi programa con el de los otros maestros, hablar con los padres. Sin embargo, tuve la sensación de desentonar».

El cambio es brutal en todos los aspectos. Constató en la propia piel cómo el suburbio incide en los alumnos: intereses, bagaje cultural, ritmo de aprendizaje… Las zonas deprimidas son las que requieren maestros más preparados, con experiencia y con piel fina.

En las dos orillas ha tenido en cuenta la formación integral de las diferentes vertientes del individuo: expresión (corporal, verbal, artística), sensibilidad, sociabilidad. Aún en la diversidad del alumnado es necesario trasmitir valores, tanto como conceptos y procedimientos. Teresa en sus conversaciones, en sus escritos, en sus entrevistas, en sus libros, cree en el valor y en las posibilidades de cualquier niño y niña y en la capacidad del maestro/a para conectar con cada uno para que llegue a ser una persona libre, capaz de solidaridad.

Y hacemos referencia a Jacques Delors, uno de los padres de la Unión Europea desde la UNESCO, quien después de pedir la colaboración de expertos mundiales recopiló sus reflexiones. El título de su Informe decía “La educación encierra un tesoro”. Y en el colofón del libro se lee: “Cuidemos la herencia que nos dejaron nuestros padres porque encierra un tesoro” (citando una fábula de La Fontaine).

Por todo esto, hoy felicitamos a Teresa, a quien se le acaba de otorgar la medalla de la Generalitat de Catalunya y agradecemos su trayectoria y nos unimos a este merecido reconocimiento.

 Maria Teresa Codina (en el centro), con María Antonia Canals (a la derecha) y Roser Jarque (a la izquierda),
durante el primer año de funcionamiento de la Escuela Tahitla (1956-1957). Fotografías del fondo de María Teresa Codina

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Religiosa del Sagrado Corazón. Licenciada en teología. Coordinadora de los cursos y actos de Cristianismo y Justicia. Miembro del patronato de la Fundación Lluís Espinal – Cristianismo y Justicia.
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