Ordenar los libros: posibilidad de narrar una historia o un guiño a la memoria

Ordenar los libros: posibilidad de narrar una historia o un guiño a la memoria

Juan Pablo Espinosa ArceLa reflexión de esta semana se basa en una experiencia profundamente cotidiana: ordenar la pieza de trabajo y, más específicamente, ordenar los libros. Por ello el título: «Ordenar los libros: posibilidad de narrar una historia o un guiño a la memoria». Personalmente tengo una fascinación por los libros. Alguna vez Roberto Bolaño dijo que le gustaba tener cerca a sus libros. El caso es que a comienzos de la pandemia, por allá en el mes de abril, me propuse con la ayuda de mi papá ordenar los libros por temáticas. En una repisa la teología fundamental; en otra, los de temas referidos a la Iglesia; otros con lo referido al estudio del ser humano, la antropología. Ese orden se mantuvo, con su correspondiente mantenimiento semanal, hasta el sábado 12 de septiembre. Ese día tomé la decisión de ordenarlos por casa editorial, reconociendo un cierto fanatismo libresco. Pero, incluso en ese pequeño fanatismo de biblioteca, ordenar los libros tiene algo especial. Algo que llamo contar una historia. Cada libro cuenta una historia y, entre todos, van narrando una historia mayor. Por ello, una experiencia está referida a otra y juntas conforman el depósito de la memoria.

Esto, pienso, tiene un fuerte componente estético: hay un sentido que guía, un sueño que moviliza, un proyecto que se anhela. Raúl Zurita, uno de los grandes poetas chilenos quien hace pocos días recibió el premio Reina Sofía de literatura, dijo que el ser humano puede vivir 72 horas sin agua, pero no más de 5 minutos sin un sueño, sin un manifiesto de vida, sin un canto en los labios. Y una de las formas de encontrar ese manifiesto es volver a construir una historia. Cuando volvemos a los libros accedemos a lo que la autora argentina Graciela Montes llama el “espacio poético”. En ese espacio podemos reconocer a los que antes cantaron y celebraron la palabra y, al reconocerlos, permitimos que vuelvan a la vida.

Eso es la memoria, ese es el espacio poético, el ordenar libros y reconocer la gran historia construida y reconstruida. Graciela Montes indica que el arte poético, lo que se construye, se comprende como una red de resistencia. Theodor Adorno dijo que después de Auschwitz solo quedaba hacer poesía. Dice Graciela Montes: “ese territorio donde están, se mezclan, se aparean, se prestan jugos, las historias que me contaron, las que yo a mi vez cuento, las que he leído y hasta las que me tengo prometido leer cuanto antes”.

El desafío de construir una biblioteca personal y vital, ese gran mosaico de rostros y experiencias, de ir y venir. Esa es la memoria como resistencia al olvido cultural. La poesía, lo místico, el alma, son espacios densos de otro tiempo, de otra lógica. Quizás, hoy y en tiempos de pandemia, la poesía sea el modo de reimaginar lo humano que avanza hacia un futuro anhelado.

Imagen de naobim en Pixabay 

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