A propósito de "Vulnerables. El cuidado como horizonte político"

A propósito de «Vulnerables. El cuidado como horizonte político»

Jaume FlaquerLa pandemia del Covid nos ha impuesto la experiencia de la vulnerabilidad compartida y de la necesidad de cuidar y de ser cuidado por el otro. Esta es una de las intuiciones fundamentales de este escrito aun habiendo sido escrito antes del drama generado por el virus. José Laguna es un hombre casado, con familia, músico y también teólogo. Esa combinación le permite hacer una teología alejada del estilo academicista y muy cercana a la experiencia existencial del ser humano actual. Su teología camina siempre de la mano de la vida misma de Jesús relatada en los evangelios, arrancando muy a menudo sus reflexiones a partir de las parábolas de Jesús. Los escritos de José Laguna consiguen que la vida y la palabra de Jesús sea significativa especialmente para los pobres de hoy en día. El Evangelio es principalmente buena noticia para ellos y distopía para los ricos (cf. ¡Ay de vosotros! Distopías evangélicas, CJ, n. 181). El cuaderno Vulnerables. El cuidado como horizonte político que presentamos conecta con algunos puntos que ya señalaba en Hacerse cargo, cargar y encargarse de la realidad (CJ, n. 172), con un título sugiriendo una cristología del que carga con la cruz del mundo. El “cargar” la realidad queda aquí expresado como “cuidar” de ella intentando llevarlo al terreno político y social. De ahí el subtítulo: “El cuidado como horizonte político”.

José Laguna propone cambiar radicalmente la antropología desarrollada durante la modernidad occidental, sobre la que han sido construidos sus modelos políticos y económicos. De hecho, su propuesta invierte completamente esta antropología. El ideal del ser humano ha sido el de un “individuo soberano absoluto sobre su vida y sus bienes”, un ser autosuficiente que decide qué tipo de relación tener con otros seres totalmente independientes también. El paradigma propuesto por la modernidad es el de la autosuficiencia y la total independencia de los demás: no necesitar nada ni de nadie se propone como ideal de la vida autorrealizada. En consecuencia, dice, “infancia, vejez o enfermedad serán considerados momentos deficitarios a superar”. Pero la realidad nos desmonta este espejismo. No solo nunca hemos sido autosuficientes sino que “nos desarrollamos gracias a la ayuda de nuestros semejantes y somos una especie animal especialmente frágil, condenada a la inexistencia sin los cuidados ajenos”. La evidencia, pues es la de la común vulnerabilidad. Laguna denuncia que si bien el relato de la autosuficiencia ha llevado a la protección de los individuos, la “emergencia de nuevos sujetos vulnerables no encuentra discurso jurídico ni político” que les ampare. El cuidado queda relegado al ámbito privado, voluntario y gratuito.

José Laguna suele apoyar sus tesis con sugerentes interpretaciones de la Biblia que son a la vez denuncia de las interpretaciones sesgadas (desde el punto de vista del patriarcado o de los ricos) que han recibido. En este caso propone una relectura del relato de Adán y Eva para liberarlo de la interpretación que ha justificado durante mucho tiempo “la reclusión de la mujer en la semántica de la vulnerabilidad (cuerpo, fragilidad, sufrimiento, muerte, pecado, seducción, vicio…)”, haciendo del varón el prototipo de la humanidad. Dado que la vulnerabilidad afecta especialmente al cuerpo dedica muchas páginas a reflexionar sobre los cuerpos ocultados de Adán y Eva, sobre el cuerpo autosuficiente y solitario del varón idealizado por Leonardo en su Hombre de Vitruvio, y sobre los cuerpos vulnerables de unos homínidos de Atapuerca que solo pudieron vivir algunos años porque alguien cuidó de ellos. De esta manera Laguna nos confronta con nuestra propia vulnerabilidad esencial y denuncia junto con el papa Francisco la cultura del descarte.

Ilustración de la portada del Cuaderno CJ 219.

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