Critianisme i JustíciaHace una semana publicamos la primera entrega de nuestras recomendaciones literarias para estas vacaciones extrañas, pero como nos supo a poco, aquí tenéis 10 libros más que os acercarán a la interdisciplinariedad y heterogeneidad que caracteriza al equipo de Critianisme i Justícia, porque en cierta manera aquello que leemos nos construye y nos define. Ya lo decía el maestro Jorge Luis Borges: «Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído».

Esperamos que disfrutéis de la lectura de cada libro tanto como las personas que lo han recomendado. (Y recordad: aún queda una tercera entrega).

  • Pepa Torres (@Pepatorrespere1) entra de lleno en el momento presente y nos recomienda la lectura de Pandemia (Anagrama, 2020), de Slavoj Žižek.

«Lectura imprescindible sobre la crisis que nos atraviesa y que pone el dedo en la llaga planteando preguntas a las que nos invita a reflexionar crítica y colectivamente. Preguntas como: ¿es nuestro destino la barbarie con rostro Humano?».

Sería raro que Pepa nos recomendara un solo libro, así que además nos acerca a la poesía de Patricia Olascoaga Recuero con Me pasa (Talón de Aquiles, 2019):

«La poesía es de Patricia Olascoaga, poeta del suburbio, como a ella le gusta definirse, es fuente de resiliencia y utopía, no como fuga mundi, sino para embarrarnos los pies y el cuerpo entero en hacerla histórica en el corazón de esta crisis. Tuve la suerte de prologar este libro y lo hice con entrecruzando versos de la misma autora:

Poemas para liárselos al cuello
Y ser eternas en un instante.
Poemas-gritos,
Nacidos de una alquimia subversiva,
insomnes ante la violencia del sistema y la injusticia.
Poemas para darse a la vida
y hacerlo en cada contienda
Poemas para resistir a los naufragios
y renacer erguidas de lodos y azucenas.
Poemas sin trajes de ortodoxia.
Versos de amor, de luchas, de sororidad utopías.

Así o es el verso libre de la mujer libre que es Patricia Olascoaga».

  • Desde el invierno sureño de Chile, Juan Pablo Espinosa Arce (@juanpirancagua) nos desea buen verano por estas latitudes con La alegría de la resurrección: variaciones sobre la Pascua (Sígueme, 2016), de Olivier Clément.

«Mientras en el norte los amigos comienza la temporada de verano, nosotros en el Sur del sur estamos comenzando nuestro invierno. Desde esta lado del mundo, les presento y sugiero la obra del teólogo ortodoxo francés Olivier Clement titulada La alegría de la resurrección. Clément, en sí mismo, posee una vida llamativa: de haber nacido en una familia no creyente, a los treinta años abrazó la fe y fue bautizado en la Iglesia Ortodoxa. El libro que presento ofrece al lector, en 142 páginas, reflexiones e intuiciones creativas en torno al acontecimiento de la Resurrección de Jesús. Su exposición se articula en cuatro grandes momentos marcados todos ellos por la lógica litúrgica oriental que celebra esperanzada y alegremente la Vida de Jesús. En estos días de pandemia, esta frase de Clément resuena con más fuerza: «Nadie está solo. En Cristo, unos somos miembros de los otros. Los otros están en nosotros, y nosotros en ellos»».

  • José Ignacio González Faus es otro voraz lector de los que nos comparte no una, sino tres propuestas:

Paciencia con Dios (Herder Editorial, 2014), de Tomáš Halík.

«Halík es un teólogo checo, superperseguido por los comunistas y que ahora quiere tomar ante sus perseguidores la misma actitud que Dios para con él. Y sabe que no puede juzgarlos porque no conoce lo que había en el interior de ellos ni por qué actuaron así. Un poco desigual: lo mejor son los dos primeros capítulos y el último. Útil en esta época de tantas enemistades. El autor tiene además una gran capacidad de formulación, sencilla y penetrabte a la vez».

Capital e ideología (Deusto, 2019), de Thomas Piketty. 

«Una historia de la economía desde el punto de vista de las desigualdades, que intenta mostrar que estas pueden reducirse y que, además, en las épocas en que fue así es cuando el mundo funcionó mejor. El autor reconoce que cambió de postura conforme fue haciendo su estudio. La única objeción a su lectura es que son más de 1000 páginas. Pero además de que las vacaciones y el confinamiento son buena ocasión para superar ese obstáculo, se puede añadir que no es necesario leerlo todo: el autor repite mucho y el lector puede elegir las épocas que le interesen más».

Vaticano I: el concilio y la formación de la iglesia ultramontana (Sal Terrae, 2019), de John W. O’Malley.

«Buen ejemplo de esa célebre frase: «un texto sin contexto es un pretexto». El autor que es un gran historiador de la Iglesia contextúa muy bien el Vaticano I y evita así muchas de las dificultades que hoy puede suscitar ese concilio. Es además un libro muy ameno de lectura».

  • Ignacio Sepúlveda del Río se decanta por La soberanía del bien (Taurus Ediciones, 2019), de Iris Murdoch. 

«Generalmente, Iris Murdoch es conocida por ser una gran novelista, pero antes de ser novelista se dedicó a la filosofía (fue profesora de Charles Taylor). En La soberanía del bien, Murdoch intenta responder a la preguntas de la vida moral y a cómo los seres humanos podemos llegar a ser mejores personas».

  • A Tere Iribarren le ha parecido indispensable incluir en esta lista de recomendaciones literarias un libro «de obligada lectura», «una joya» del recientemente desaparecido Juan Marsé: Últimas tardes con Teresa (Seix Barral, 2005; DeBolsillo-Random House Mondadori, 2014).

«Ambientada en una Barcelona de contrastes, narra los amores de Manolo Reyes -Pijoaparte-, un chaval desplazado de Andalucía, ladrón de bicicletas, que pertenece a los barrios  marginados de  la ciudad, y la relación con una señorita de la alta burguesía, Teresa, del barrio de Sant Gervasi. 

Hay un hueco del discurso vacío de los burgueses de un alto nivel económico que  contrasta con el de los barrios y el mundo de Manolo, con un lenguaje rudo y realista. Es una novela que no deja indiferente y suscita muchas preguntas que no queremos hacernos». 

Además, Tere nos sugiere también la lectura de Catalina, la fugitiva de San Benito (DeBolsillo-Random House Mondadori, 2008), de Chufo Llorens.

«Catalina, personaje inspirado en Catalina de Erauso, protagonista y peculiar heroína de esta historia, es una joven que fue entregada al convento de San Benito nada más nacer. Decidida a conocer mundo, se revela contra el destino de vida conventual que estaba escrito para ella huyendo del convento de noche y disfrazada de hombre, en un intento de que su huida sea más fácil. Por si esto fuera poco, es víctima de una persecución por parte de la Inquisición con acusaciones infundadas sobre ella.

Chufo Llorens incluye al lector en los usos y costumbres de la España del 1600 y lo pasea por las cortes, por los conventos, por los escenarios en los que se desarrollan las aventuras de la protagonista que son tan variopintos: conventos y palacetes, así como a mazmorras, corrales de comedias y mancebías, teatros, duelos, autos de fe…

Una novela de muchas páginas que el lector/a no desea que se acabe».

  • La última recomendación de este segundo post dedicado a la lectura en tiempos de pandemia nos la trae Xavi Casanovas (@xcasanovasc) que ha escogido Gente normal (Literatura Random House, 2019), de Sally Rooney.

«Los que casi siempre leemos ensayo debemos seleccionar muy bien las pocas novelas que leemos. Esto hace que a menudo busquemos refugio en clásicos que sabemos que no nos defraudarán y rehuyamos de la última novedad de éxito que probablemente acabará olvidada en pocos meses. Gente normal, de Sally Rooney, sería la excepción a la regla. Largamente premiada y laureada, la ha recomendado hasta Obama. Dicen que es “LA novela millennial”. No sé qué significa eso, lo que sí sé es que, si existe la novela costumbrista del siglo XXI, esta debería ser la primera de la lista. A través de la relación entre una hija de clase alta y el inteligente hijo de la mujer que limpia su casa, entramos a formar parte de una relación imposible que se teje entre la amistad y el amor, entre la atracción hacia el otro como un ser único más allá de su circunstancia y una diferencia de clase insalvable. No he encontrado ficción que relate mejor la incertidumbre, las heridas y los quehaceres de los hijos de la crisis del 2008. Está escrita con una prosa muy original y tiene momentos divertidísimos y otros de gran dureza, jugando de forma sublime entre la sensibilidad y el realismo. Si la empiezas, auguro una noche de vigilia sin poder dejar su historia de lado hasta verla terminada».

Imagen de Prettysleepy en Pixabay

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