La ecología integral y la teología de la liberación

La ecología integral y la teología de la liberación

Lluís S. Salinas RocaEl concepto ecología integral (que engloba el concepto de justicia ambiental) es tremendamente útil para vincular la fe y la praxis cristianas al cuidado de la casa común. Del mismo modo, este concepto es una herramienta muy valiosa para sincronizar el cuidado del prójimo y de la creación. Así lo afirma Daniel P. Castillo en Integral Ecology as a Liberationist Concept, publicado el año 2016 en Theological Studies.

En él, Castillo muestra cómo el concepto ecología integral está íntimamente vinculado al concepto de liberación integral, expuesto por Gustavo Gutiérrez, ya que contiene una llamada a la conversión radical (metanoia) de la dimensión sociopolítica y cultural del sistema global en el que vivimos.

Daniel Castillo es un especialista en teología de la liberación y en ética ambiental. Podría decirse que la lente hermenéutica desde la que hace su trabajo son estos dos campos. En el caso concreto de Integral Ecology as a Liberationist Concept, usa dos obras como punto de partida. Una es Teología de la liberación: perspectivas, de Gustavo Gutiérrez, que inauguró formalmente esta corriente dentro de la teología cristiana. La otra es Laudato si’, la encíclica del papa Francisco que fue presentada en el año 2015. El artículo de Castillo es una comparación de los dos conceptos fundamentales que aparecen en estas dos obras: la liberación integral y la ecología integral.

El concepto de ecología integral no lo acuña Francisco por primera vez (ya lo habían usado otros autores como Leonardo Boff en el año 2000, por ejemplo). No obstante, en Laudato si’ se expande y se inserta en lo más hondo de la tradición cristiana. Con todo y con eso, ante la dificultad de encontrar una definición precisa del concepto ecología integral en la encíclica, Castillo se pregunta sobre el contenido exacto del concepto ya que, pese a que la opción preferencial por la tierra está necesariamente unida a la opción preferencial por los pobres, ¿qué tipo de políticas deben llevarnos a esa opción preferencial? ¿Cualquier modo de actuar nos puede llevar a tener una opción preferencial por los pobres y por la tierra?

Para responder a su pregunta hermenéutica, Castillo asume que el concepto de ecología integral se debería construir como concepto propio de la teología de la liberación, y lo argumenta mostrando que el concepto de ecología integral y el concepto de liberación integral denuncian el status quo propio de las sociedades de nuestro tiempo.

De hecho, en lo único en lo que estructuralmente difieren los dos conceptos es en el modo en el que se propone su puesta en práctica ya que, mientras Gutiérrez denuncia el desarrollismo y opta por un orden socialista, Francisco propone el diálogo para encontrar el mejor modo de dar respuesta al grito de los pobres y el grito de la tierra. En todo caso, los dos conceptos están estructurados en tres niveles recíprocos de interpretación de la vida humana: el nivel sociopolítico (los elementos cuantitativos que tienen que ver con las estructuras políticas y las instituciones que regulan el acceso a los recursos); el nivel cultural y psicosocial (la dimensión cualitativa de la vida humana); y, finalmente, el nivel teológico (la relación de la persona humana con Dios).

Es en el nivel teológico en el que ambos autores coinciden en que la experiencia de comunión con Dios necesariamente debe estar expresada mediante un movimiento de solidaridad profunda con el prójimo (liberación integral) y con el prójimo y la creación no humana de la que todos dependemos para vivir (ecología integral). El punto final que Gutiérrez propone para conseguir la liberación es la ruptura epistemológica con el orden social establecido para romper el discurso hegemónico de lo que podríamos llamar Imperio. Del mismo modo, Francisco supedita la ecología integral a la existencia de una ruptura radical con el paradigma tecnocrático y la cultura consumista del descarte a la que lleva.

Para no faltar a la verdad, es necesario dejar claro que la propuesta de Laudato si’ no implica un modelo socialista como alternativa al paradigma tecnocrático. Solamente pide diálogo para encontrar una salida a la crisis en la que nos encontramos. En este punto, podría existir el peligro de que la opción fuese el “desarrollo sostenible” (que es un oxímoron en sí mismo) que propone el Banco Mundial, entre otras instituciones. Pero ello sería optar por la ecología falsa o superficial que Francisco critica duramente. Por esta razón, Castillo afirma que el concepto de ecología integral es un concepto propio de la teología de la liberación.

Me ha parecido interesante exponer en este blog el punto de vista de Daniel Castillo porque abre la puerta a vincular la ecología integral con una tradición teológica tan rica como la teología de la liberación. Creo que es importante reconocer que los dos conceptos se estructuran de modo muy parecido y, además, aunque su metodología difiera, el propio contexto de la encíclica Laudato si’ establece los límites de la puesta en práctica de la ecología integral, el gran reto de los cristianos con respecto a nuestra casa común.

Imagen de Alexander Antropov en Pixabay 

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