25 reglas para un discernimiento social

25 reglas para un discernimiento social

Josep M. MargenatLos cambios culturales llegan lentamente. Cuando una interpretación de la realidad social deja de servir, aparece otra interpretación más plausible. En ese momento, el cambio es posible, antes no. ¿Estamos en una situación de cambio? Es pronto para decirlo. En la sociedad acelerada, cada momento necesita una intensidad aparente de respuesta. Hemos de discernir si el momento ha llegado y qué cambios son posibles. ¿Se han preparado ya “interpretaciones” diferentes que puedan servir de recambio? Tratemos de aplicar algunos criterios de discernimiento a nuestra situación colectiva. Formuladas con verbos, estas “reglas para el discernimiento social” sirven para responder a las preguntas: ¿qué debemos hacer?, ¿qué podemos esperar?

  1. Tener una mirada limpia ante la realidad, sin intereses ocultos ni sospechas infundadas.
  2. Sospechar también de la propia mirada, examinándola frecuentemente.
  3. La realidad es debe orientar nuestra mirada.
  4. Evitar las ilusiones. La necesidad de cambio no llega por deseo de nuestra voluntad, sino solo a partir de la realidad.
  5. Orientar el deseo. Cualquier deseo social no es necesariamente un buen deseo. Hemos de ver si el deseo es una proyección que nos bloquea o nos libera.
  6. Aceptar que las respuestas no pueden ser simples ni simplistas, desde ahora menos. Vivimos en sociedades complejas con sistemas institucionales complejos y redes conectadas de forma compleja.
  7. Apostar por la integración. Sólo será válida aquella decisión o proceso que se integre en el cuerpo social, pues la que fomente conflictos innecesarios no es una buena decisión.
  8. Cuidar y ejercer nuestras capacidades de expresión y de decisión con gran sensibilidad y responsabilidad.
  9. Rechazar las soluciones fáciles, tentaciones populistas, juicios simplistas, maniqueos y culpabilizadores.
  10. Rechazar los discursos del odio, la xenofobia, el racismo, las fobias de género, los nacionalismos exagerados o excluyentes y el trato de los adversarios como “enemigos”.
  11. Orientarse siempre con los grandes principios con claridad: democracia participativa, cultura de la ley, capacidad de pacto, papel de los poderes públicos para redistribuir y regular los mercados, capacitación de las personas para alcanzar la propia autonomía.
  12. Tener una visión de conjunto planetaria y de largo plazo. La solidaridad es interterritorial, interclasista e intergeneracional.
  13. Avanzar en conciencia ecológica y controlar el cambio climático y sus efectos.
  14. Evaluar siempre las decisiones desde esta “cuenta de resultados” económicos, sociales y ecológicos. ¿Cuánto cuesta esto (en términos económicos), a quiénes afecta más (personas y grupos sociales) y qué efectos tiene en la tierra (en términos ecológicos)?
  15. Fortalecer el cuerpo social, crear y recrear el capital social y desarrollar las capacidades de las personas y grupos, facilitando el acceso de las personas y grupos sociales a los recursos y bienes públicos materiales e inmateriales y remover los obstáculos que lo dificulten.
  16. Invertir recursos en investigación básica y aplicada, en educación y en innovación social.
  17. Potenciar el desarrollo del tejido institucional.
  18. Crear, impulsar y acompañar procesos que generen cambios.
  19. Reconocer y apoyar a los pensadores de reflexión profunda y las minorías de choque proféticas que preparan los cambios urgentes y, por ello, necesarios.
  20. En la disyuntiva entre grandes causas y personas, elegir siempre a las personas, sobre todo las más débiles, empobrecidas o descartadas.
  21. Proponer un nuevo humanismo abierto y personalista, superador del individualismo.
  22. Generar amistad cívica en todos los medios, comunidades, redes e instituciones.
  23. Discernir desde el ejercicio de la imaginación social.
  24. Tratar siempre a los otros como fines, nunca como medios.
  25. En resumen, apostar por un desarrollo humano integral, solidario, inclusivo y sostenible.

Imagen de congerdesign en Pixabay 

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