Antídoto para un mundo estéril (a propósito de “Hijos de los hombres”)

Antídoto para un mundo estéril (a propósito de “Hijos de los hombres”)

Xavier CasanovasLas ficciones distópicas están de moda. No hay que ser especialmente docto en el tema para deducir que son, simplemente, una proyección de lo que más nos aterra: el fin de los tiempos -o al menos de los tiempos como los hemos conocido hasta ahora- es una ficción más verosímil ahora que hace diez o veinte años. Ecocidio, fin de civilización y epidemias llenan titulares y nos facilitan imaginar que nuestra sociedad, en su actual forma, tiene los días contados.

En 2006, Alfonso Cuarón, oscarizado director de cine mexicano, rodó una película distópica a destiempo. Digamos que se pasó de frenada. Aunque es verdad que la caída de las torres gemelas y el terrorismo islámico, o el inicio de la guerra en Irak, hacían pensar en un posible choque de civilizaciones, seguíamos instalados en dinámicas de crecimiento económico y progreso que nos mantenían suficientemente entretenidos como para cuestionar ninguno de los presupuestos culturales de nuestra sociedad occidental. Quizá por eso la peli no fue ningún éxito de taquilla y pasó sin pena ni gloria. No estábamos preparados para escuchar lo que Cuarón nos quería decir. Pero con el tiempo se ha convertido en una película de culto y aparece en no pocas listas de las mejores películas de los primeros 20 años del siglo XXI. Estamos hablando de «Children of Men» («Hijos de los hombres»).

La película nos presenta un futuro reciente, 2027, en un Londres securitizado y protegido del caos que se ha apoderado del mundo. Hace 18 años que no ha nacido un solo niño en todo el planeta y la sociedad se ha vuelto paranoide, xenófoba y nihilista. Grupos revolucionarios se rebelan contra las fuerzas gubernamentales, ayudando a hacer entrar inmigrantes en el país y trabajando a favor de un proyecto utópico del que todo el mundo habla, pero que no se sabe si es real o pura fantasía. Un antiguo revolucionario reconvertido en funcionario estatal recibe un encargo especial de su exmujer que podría salvar la humanidad.

La película es absolutamente trepidante. Cinematográficamente los que saben dicen que es de una gran calidad, con planos secuencia realmente bien hechos. Uno la podría mirar en esta clave, simplemente como una peli de acción. Y sólo por eso ya merece la pena. O tratar de leer, de fondo, y probablemente necesitando un segundo visionado, qué ocurre en este futuro próximo. El contexto se nos explica justamente así, como contexto, sin más explicaciones que lo que uno puede captar si presta atención más allá de la acción. Hay una gran cantidad de planos que no forman parte de la trama argumental principal pero que se nos muestran como el escenario de la gran distopía: discriminación racial, violencia y vejaciones, sectas y grupos neoreligiosos que ofrecen la salvación, suicidios, etc.

¿Cuál es la causa de esta esterilidad que ha hecho que el mundo se vuelva loco? Esta es la pregunta clave. Y la película hace poco para resolver el misterio. Solo leyendo entre líneas podremos intentar hallar alguna respuesta. Slavoj Zizek, en un interesante vídeo de análisis, intenta hacerlo: la esterilidad no es la causa del caos que se ha apoderado del mundo, sino la primera consecuencia de un mundo que ya estaba enfermo. La esterilidad no es física -que también- sino que sobre todo lo es de sentido. En un mundo consumista, hedonista, que ha dado la espalda al diferente, no es la vida la que nos ha rechazado a nosotros, sino que somos nosotros quienes hemos renunciado primero a la vida. ¿No sería normal, pues, que en una sociedad así no nacieran niños?

No me alargo más porque hacerlo me obligaría a desvelar detalles de la trama y sutilezas que vale la pena descubrir por uno mismo. Recuperad la peli, aunque tenga ya 14 años, porque nos habla a la generación de hoy, la que ya vive en un mundo que a menudo percibe como estéril, en un mundo cuya dinámica se sostiene por muy pocos hilos y donde, en un santiamén, parece que todo se podría ir al traste como hemos comprobado en la reciente pandemia de la COVID-19. Porque cuando este día tan bestia que la película anuncia llegue -si no lo ha hecho ya en esta crisis-, solo una cosa nos hará detenernos de nuevo, dejar de hacernos la vida imposible y mirar todos en la misma dirección. Y no os digo lo que es. De hecho, ya lo sabéis. Pero ved la película, porque nos lo recuerda con claridad y contundencia.

Imagen extraída de Filmaffinity

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