Un año especial Laudato si’

Un año especial Laudato si’

María del Carmen LlasatHace cinco años, el 24 de mayo de 2015, se publicó la Encíclica Laudato si’. Hoy finalizaba también una semana dedicada a reavivar la presencia de esta Encíclica en unos tiempos que claman por el dolor de una pandemia que, por ahora, ha producido más de cinco millones de casos y se ha llevado a más de 342.000 personas. Pandemia y Laudato si’, ¿por qué? Porque ambas nos llaman “la atención al grito de la Tierra y de los pobres”. Todos y todo está entrelazado. La pandemia es una de las revelaciones de nuestra realidad sistémica enferma. Como también lo es el cambio climático que ahora parece quedar relegado a segundo plano y que, con el deseo erróneo de volver a la normalidad anterior, quizás acabemos echando por la ventana.

Pero ¿de qué hablamos cuando utilizamos la expresión “sistémico”? Según la RAE sería: “Perteneciente o relativo a la totalidad de un sistema; general, por oposición a local”. Todo está conectado, no solo la realidad material, sino también la filosofía y la ética que rige esa realidad. Y pondré un caso que yo misma he vivido. Hace unas semanas, dentro del Seminario de Ética y Sostenibilidad de Cristianisme i Justícia, intercambiamos un video del Dr. Fernando Valladares, investigador del CSIC, sobre como el cuidado de la biodiversidad del planeta habría reducido la pandemia o, incluso, la podría haber evitado. Viniendo de un área como la Física en que buscamos las relaciones causa-efecto, dudaba sobre algunas de las aseveraciones que el Dr. Valladares hacía y que me parecían tal vez un poco exageradas, por lo que opté por asesorarme sobre su fiabilidad por expertos en la materia. Me confirmaron que su conocimiento y profesionalidad estaban fuera de toda duda, así como su gran capacidad de comunicación. Así pues, había que indagar para comprender.

Buscando información tuve la oportunidad de asistir a un debate on-line sobre Salud Planetaria que recomiendo por su alta calidad (COVID-19: un repte de salut planetaria, disponible en YouTube). Uno de los ponentes, el Dr. Serra, epidemiólogo, hablaba no solo de la presente pandemia de la Covid-19 si no también del aumento previsible de pandemias en el futuro, sobre todo por el aumento de la probabilidad de que nos lleguen patógenos por zoonosis. Y ponía diversos ejemplos. Pensemos en el Amazonas, una de las mayores reservas de biodiversidad del mundo, también en cuanto a patógenos. La destrucción desmesurada de sus bosques es una de las causas del cambio climático, tanto porque los bosques actúan como sumideros de dióxido de carbono, como porque cambian las propiedades del suelo. Siendo una zona muy lluviosa, la pérdida de bosques disminuye la retención del agua por el suelo, por lo que las zonas se van empantanando, lo que aumenta las poblaciones de mosquitos, favorecidas, además, por la presencia de residuos de botellas de plástico que constituyen un perfecto hábitat para sus colonias. No solo aumentan los mosquitos sino también los murciélagos vampiro, que habiendo perdido los bosques se acostumbran a vivir en hábitats humanos y, aumentando la ganadería donde antes había bosques, incrementan también su presencia. Tanto los mosquitos como los vampiros actúan como vectores que pueden transportar los patógenos que antes se hallaban en reservas exclusivas en la selva. Esto se agrava porque algunos animales se alimentan de murciélagos, que también forman parte de la dieta de algunas culturas. Un aumento de estos vectores conlleva un aumento de la probabilidad de propagación de cualquier patógeno. Por tanto, el virus es transportado a lo largo de toda la cadena alimentaria que, unido a la extrema conectividad planetaria, puede llegar a cualquier parte del planeta. Y a esto hay que añadir la pérdida de los hábitats naturales de los pueblos indígenas.

Cambio climático, pérdida de biodiversidad, el descarte de los pobres y los indígenas… Es un reto en el que se juega el futuro de nuestro planeta. Es por ello por lo que el Santo Padre no se conforma con poner un colofón al aniversario sintetizado en un bonito mensaje que, a todos, o a casi todos, agrade. No nos conformamos. Hay que seguir trabajando con más ahínco para llevar las palabras y los hechos que propone la encíclica a nuestro mundo, empezando por nosotros y nuestro entorno más próximo. Por ello ha anunciado un Año especial de Aniversario de la Laudato si’, que se inició ayer y que finalizará el 24 de mayo de 2021. En este año especial de reflexión sobre la Encíclica vuelve a “invitar a todas las personas de buena voluntad a unirse, para cuidar de nuestra Casa Común y de nuestros hermanos y hermanas más frágiles”.

Como acaba su editorial Andrea Tornelli, “Laudato si’  nos guía en repensar las sociedades donde se defiende la vida humana, especialmente la de los más débiles; donde todos tienen acceso a la atención, donde las personas nunca son descartadas y la naturaleza no es saqueada indiscriminadamente, sino cultivada y preservada para aquellos que vendrán después de nosotros”. Una buena hoja de ruta para todos y cada uno de nosotros, que debería sustentar todos los programas de los gobernantes, la educación, la economía y los medios de comunicación.

Concluyo con la oración que nos regala el Papa para que vayamos compartiendo a lo largo de este año especial que se inicia. Tenemos 365 días por delante para llevarla a todo el mundo y todo lo que quede de nuestra vida para disfrutar del regalo de esa Creación ofrecida por igual a todos los hombres y mujeres.

“Dios amoroso,
Creador del cielo, de la tierra y de todo lo que hay en ella.
Abre nuestras mentes y toca nuestros corazones, para que podamos ser parte de la creación, tu don.
Sé presente para los necesitados en estos tiempos difíciles, especialmente para los más pobres y más vulnerables.
Ayúdanos a mostrar solidaridad creativa para enfrentar las consecuencias de esta pandemia mundial.
Haznos valientes para abrazar los cambios dirigidos a la búsqueda del bien común.
Ahora más que nunca, que podemos sentir que todos estamos interconectados e interdependientes.
Haz de tal modo que logremos escuchar y responder al grito de la tierra y al grito de los pobres.
Que puedan ser los sufrimientos actuales los dolores de parto de un mundo más fraternal y sostenible.
Bajo la mirada amorosa de María Auxiliadora, te pedimos por Cristo Nuestro Señor.

Amén”.

Imagen de leondeniscf en Pixabay 

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