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Ser cristiano en Europa… Es aún posible

Santi Torres. En su primera intervención pública como papa, la misma noche de su designación, Francisco salió a la plaza de San Pedro y dijo “Parece que nuestros hermanos cardenales, a la hora de escoger un obispo de Roma, lo han ido a buscar al fin del mundo“. He recordado esto al leer el último cuaderno de Cristianisme i Justícia ¿Ser cristiano en Europa? (Cuaderno n. 218) de Víctor Codina, jesuita catalán que ha pasado los últimos años en Bolivia. Parece que un análisis sobre lo que le pasa al cristianismo europeo, no puede hoy realizarse solamente desde el viejo continente, sino que necesita de una mirada externa que nos ayude a escapar del laberinto en que nos encontramos.

Es la mirada de alguien que desde la realidad latinoamericana observa con amor y dolor la profunda crisis que sufre la iglesia y el cristianismo en Europa. Pero que no se queda solo en la lamentación, o en el recuerdo nostálgico de una cristiandad eurocentrista, sino que intenta proponer a través de las páginas del cuaderno, una propuesta que haga viable seguir pensando e imaginando que sí, efectivamente, se puede seguir siendo cristiano en el viejo continente.

Para el veterano teólogo, la palabra clave es mistagogía, es decir iniciación o reiniciación a la fe. Seguir pensando en categorías de cristianismo cultural o de reconquista cristiana es engañarse sobre la actual situación. La Iglesia en cambio, desde la humildad, debe ser capaz de generar espacios donde sea posible cultivar las condiciones de posibilidad de un cristianismo adaptado a los nuevos tiempos.

Para ello el autor parte de los conocimientos de la misma fenomenología de la religión que sitúan claramente aquellos pasos (catecumenado, segregación, ritos…) como necesarios para que una persona pueda iniciarse o reiniciarse en el camino de la fe. Hay por tanto, un elemento de revalorización de lo religioso en cuanto a camino pedagógico, un camino que no será seguramente el mismo para personas que ya tuvieron en su día una iniciación a la fe, que para aquellas cuyo acceso se realiza desde lugares de profunda y total secularización. Pero en ambos casos, habrá que realizar un esfuerzo de actualización del lenguaje teológico para hacerlo comprensible, y para liberarlo de todos aquellos elementos que dificultan su inculturación. Ello, y el autor lo tiene claro, no significa ni diluir ni relativizar, sino al contrario ayudar a descubrir aquellos elementos esenciales de la fe cristiana para que sean significativos para la persona que se acerca a ellos por primera vez o que vuelve a ellos después de años de alejamiento.

En el tercer capítulo, es donde el autor sitúa su propuesta, enumerando aquellos aspectos que deberían ser objeto de revisión por parte de la teología, la eclesiología, la pastoral… para que se convirtieran no en impedimento sino en condición de posibilidad para la fe. Para ello, resultará básico para el autor la revalorización del encuentro personal con Jesús, y desde esta perspectiva propone la mistagogía de los ejercicios ignacianos, como una mistagogía válida para el momento actual.

Más allá de la brevedad y el carácter enumerativo de las propuestas, el cuaderno puede ser una herramienta útil para catequistas, pastoralistas y todas aquellas personas preocupadas por la transmisión y la iniciación de la fe en una Europa, donde a pesar de todo aún es posible ser cristiano.

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Imagen de CC0 en Pixabay

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