Sin hogar

El coronavirus y el sinhogarismo

Beatriz Fernández Gensana. «Vivir en la calle supone un riesgo». Esta afirmación es una de las primeras que decimos cuando explicamos lo que implica no tener un hogar. Es un riesgo porque en muchas ocasiones quien está en la calle se vuelve invisible: no existe, no lo vemos, y, por lo tanto… No lo protegemos.

Sin embargo, en estos días en los que quien tiene un hogar tiene que confinarse por «prescripción médica», las personas de la calle se vuelven más visibles que nunca y nos cuestionamos el sistema que permite que, en situaciones de emergencia sanitaria como la que estamos viviendo, haya personas que no puedan disponer de un espacio donde sentirse seguras y protegidas.

«Vivir en la calle supone un riesgo». Efectivamente, estos días muchas personas que han salido a la calle para ir a trabajar o a comprar, han llamado a Arrels preocupados al ver personas durmiendo debajo de casa o en el banco de delante. Seguramente son personas que ya pasaban allá el día o la noche… Pero ahora los “vemos” más. Y somos más conscientes de su vulnerabilidad.

Porque no tener casa estos días evidencia muchas vulneraciones: vulneración del derecho a la salud: las personas que viven en la calle, ya sea por la edad o por problemáticas añadidos, tienen una salud muy frágil que las expone a la enfermedad; vulneración del derecho a la higiene: a pesar de considerarse que una higiene cuidadosa es un método de prevención básica, no disponer de un hogar propio y el cierre de muchos espacios y duchas en las ciudades, hacen imposible este derecho; vulneración del derecho a la alimentación: disponer, como mínimo, de un plato caliente al día, en esta situación de excepcionalidad no está garantizado; vulneración del derecho a movilidad: ciertamente, estos días, este es un derecho que podemos ejercer con limitaciones. Pero en el caso de las personas que viven se vuelve imposible de limitar, cuando su único espacio es el espacio público. La consecuencia, en muchas ocasiones es la sanción; vulneración del derecho al descanso:  la enfermedad, la edad, la tensión de estos días, agotan físicamente y anímicamente… Pero no hay espacios tranquilos y seguros… «Espacios buenos» donde poder descansar…

Pero también evidencia que se está más expuesto a la intemperie, son más visibles y por tanto pueden sufrir más situaciones de violencia y abusos. Según los datos del último censo hechos por Arrels a personas que viven en la calle, la violencia física y/o verbal hacia las personas sin hogar ha aumentado durante el último año: el 40% de las personas explican haber estado víctimas de agresiones y la cifra aumenta hasta el 60% en el caso de las personas que hace más de cinco años que viven en la calle. La situación de excepcionalidad que estamos viviendo puede dar pie a situaciones de violencia y a sensación de inseguridad por parte de las personas que viven en la calle. Es un momento idóneo para discursos xenófobos y aporobóficos. Desgraciadamente, una muestra de esta violencia la estamos viendo estos días, donde las noticias informan de cuatro personas que vivían en la calle en Barcelona y que han sido asesinadas…

Des de Arrels condenamos la violencia hacia estas cuatro personas sin hogar que han muerto, del mismo modo que condenamos otras situaciones aporofóbicas y de abuso que se producen estos días.

Tenemos que trabajar para proteger a estas personas, especialmente estos días, pero también cuando salgamos de esta crisis sanitaria. Y sabemos que es posible… En estos días aparecen iniciativas encaminadas a revertir esta situación de vulneración de derechos: particulares y empresas que ponen en marcha iniciativas para garantizar una alimentación digna, instrucciones a cuerpos de seguridad para no sancionar a personas en situación de sinhogarismo, equipamientos públicos y privados que se ofrecen para proporcionar alojamiento a estas personas, denuncia de situaciones de abusos y vulneración de derechos por parte de vecinos y vecinas organizadas y sensibilizadas con la situación de las personas que viven en la calle…

No sabemos qué pasará cuando acabe esta situación excepcional que estamos viviendo. Algunos hablan de 6, 8, 12 meses para volver a la normalidad que teníamos antes… En el caso de las personas que viven en la calle esta “normalidad” no debería volver a producirse. Deberíamos ser capaces de reflexionar sobre la frágil situación en la que se encuentran aquellos que ya antes no tenían nada.

Sin hogar

Imagen de Ryan McGuire extraída Pixabay

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