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Las caras del antropocentrismo

Lluís S. Salinas Roca. El debate sobre el antropocentrismo es muy interesante y pertinente en esta época que estamos viviendo. El antropocentrismo es la teoría filosófica que sitúa al ser humano en el centro del universo, considerándolo medida y criterio de todo razonamiento. Por un lado, esta corriente está muy extendida en todas las clases sociales, en todas las ideologías, en todas las creencias. Aparentemente, tendría sentido en un supuesto contexto de “lucha de especies” por la supervivencia. En cambio, el antropocentrismo es diametralmente opuesto a lo que implica el “cuidado de la casa común” que propone el papa Francisco en la encíclica Laudato si y no permite expresiones del estilo “todo está conectado”. De hecho, es propio del antropocentrismo concebir la realidad como dual. Por un lado, está el ser humano y, por el otro, todo lo demás. Por esta razón, esta corriente filosófica tampoco afirmaría el valor intrínseco de cualquier ser vivo.

No obstante, es fácil caer en el error de convertir la realidad en un mosaico de negros y blancos, de unos y ceros o de buenos y malos. Podría parecer que todo lo “eco” es bueno y está alejado del antropocentrismo, pero es necesaria una reflexión previa. Y digo esto con ánimo de evitar la polarización y favorecer el razonamiento. Pensar no puede ser nunca algo que se limite por estereotipos o ideas preestablecidas. Por esto, quiero proponer aquí algunas frases e invitar a jugar con ellas. Las frases son tres afirmaciones que se pueden escuchar en la calle, en tertulias de la radio o en reportajes en televisión. Sobre cada frase plantearé preguntas y, al final, una breve reflexión.

La primera frase es la siguiente: “el ser humano debe dominar la creación porque está en la cúspide de la evolución”. Quizá haya quien piense que dentro de los ecosistemas en los que vivimos los seres humanos debemos comportarnos como lo que somos, seres vivos, y asegurar nuestra supervivencia (siguiendo alguna de las interpretaciones de la teoría de la evolución de las especies de C. Darwin). No obstante, ¿se necesita dominar a otras especies para sobrevivir? ¿Qué significa “estar en la cúspide de la evolución”? ¿No han estado evolucionando constantemente todas las especies hasta llegar a nuestros días? Y la más importante: además de la evolución natural, ¿qué otras evoluciones se deben tener en cuenta en los seres humanos? ¿La social, la cultural? La idea de dominio está muy arraigada en nuestra cultura, en nuestras creencias. No obstante, el dominio nos sitúa fuera de lo que dominamos y nos devuelve al dualismo.

Otra frase que podríamos escuchar sería “todas las personas deberíamos adherirnos al veganismo porque consumir animales o productos de origen animal atenta contra los derechos de los animales”. Ciertamente, esta frase se ha vuelto famosa en muchos círculos. La primera pregunta que es casi automática sería ¿tienen derechos los animales? Pero también se podría preguntar: ¿otorgar derechos a otras especies no implica un aire de superioridad del ser humano (ya que solamente otorga derechos quien tiene el poder para hacerlo)? O ¿quién decide qué es bueno, o útil o preferible para un animal?

Pero podemos ir más allá y preguntarnos por qué unos seres vivos sí pueden tener derechos y otros no: ¿en qué se diferencian las partes de un ecosistema (cauces de ríos, vegetales, sustancias químicas diversas, animales, microorganismos, elementos geológicos, etc.) para que solamente los animales podamos ser dignos de ciertos derechos? ¿Es porque tenemos sistema nervioso? ¿Eso no es utilitarista? Finalmente podemos preguntarnos por el funcionamiento de los ecosistemas: ¿qué debemos hacer con los animales depredadores que no respetan los derechos de los otros animales (porque viven de comer herbívoros, por ejemplo)?

Con estas preguntas no quiero poner en duda la opción de aquellas personas que prefieren no consumir productos de origen animal. Tampoco quiero invitar a pensar que los sistemas de producción industrial de alimentos en nuestras sociedades no están arrasando infinidad de ecosistemas. Solamente me pregunto por señales de antropocentrismo e invitar a la reflexión sobre nuestra relación con lo que nos rodea.

Finalmente, la última frase que quiero presentar es “debemos actuar ya contra el virus que está generando esta pandemia y acabar con él”. En una situación como en la que nos encontramos no es difícil escuchar frases de este estilo. Pero ¿esta frase iría en contra del respeto a la creación? ¿Por qué a un virus se le puede atacar y a un animal de compañía agresivo no? ¿Contra qué podemos luchar y contra qué no? ¿Qué pasa si los virus son necesarios para que exista la vida en la Tierra, para que las especies evolucionen, para regular las poblaciones? Por supuesto, no estoy insinuando que se debería detener cualquier investigación sobre ninguna vacuna. Más bien pienso lo contrario: los ecosistemas tienen formas determinadas de funcionar y los seres humanos, como parte de éstos, debemos aprender a sobrevivir en ellos usando nuestras capacidades de modo que encontremos un equilibrio en nuestra relación con todo lo que nos rodea.

Estamos inmersos en un camino apasionante que es el de la reflexión sobre nosotros, sobre “la naturaleza”. Muchas veces nos puede la soberbia y la ilusión de creer que conocemos qué lugar ocupamos o deberíamos ocupar. Pero los ecosistemas de los que formamos parte son mucho más complejos. Quizá este tiempo en el que parece que todo se detiene un poco nos puede ayudar a hacer silencio y dejar que la creación hable. Quizá podemos aprovechar para aprender cómo es (es decir, cómo somos), para vivir como si formásemos parte de lo mismo, porque somos parte de lo mismo. Para vivir como si todo estuviese conectado, porque todo está conectado.

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Imagen de Gino Crescoli extraída de Pixabay

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