Plenitud de amor y de vida - Jueves Santo

Plenitud de amor y de vida – Jueves Santo

David Guindulain[Comenzamos el triduo pascual y con él estas introducciones para cada día de Semana santa. Las introducciones las han preparado los jesuitas de la comunidad de la Cova de Sant Ignasi (Manresa). Proponen algunas pautas para vivir en tono orante estos días en que recordamos las horas más intensas de la vida de Jesucristo y, por esta razón también, las horas más trascendentes de nuestro caminar como creyentes y como Iglesia. En la página web www.semanasantaencasa.es , en Instagram @serjesuita o en Youtube JesuitasESP podrás seguir en directo o en diferido otras propuesta para esta #SemanaSantaEnCasa].

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Hoy, Jueves Santo, podemos proponernos vivir estas horas, hasta la celebración de esta noche, como si estuviéramos preparando una cena importante, una cena que esperamos desde hace tiempo. De modo que, ahora mismo, empieza una cuenta atrás donde cada minuto cuenta y donde todo lo que hagas, digas o prepares irá dirigido a disponerte mejor para la Santa Cena. Que tus lecturas, tu “navegar” por las redes, tus conversaciones, lo que comes y, en especial, tu oración personal…, que todo tenga ese punto de tensión positiva que llamamos atención, que nos hace estar atentos para dar lo mejor de nosotros mismos en el seguimiento de Jesucristo.

Siguiendo las pautas de san Ignacio, quien tanta importancia da al «a dónde voy y a qué», haz que el horizonte de este Jueves Santo sea lo que nos propone la oración de la Eucaristía de hoy: «Que obtengamos la plenitud del amor y de la vida».

  • Sí, el amor y la vida puestos en paralelo, como diciéndonos que la vida plena no se cuenta en días o en años, sino en instantes de amor.
  • Desea, pues, en tu corazón inclinarte hacia la plenitud de amor y de vida que Dios desea darte: ¿Se puede pedir más? ¿No es este el deseo más profundo de todo ser humano?
  • Haz que este deseo no se exprese solamente como un pensamiento; que no sea solamente un ejercicio mental; exprésalo con tu sensibilidad, de modo que todo tu ser rezume hoy este deseo.
  • Estos días de la COVID-19, hemos visto cuestionada esta plenitud de amor y de vida en tantas historias y relatos que cada uno puede aportar. Gente viviendo sola, gente muriendo sola. No dejes estos relatos fuera de tu oración y pide para ti y para todos que obtengamos la plenitud del amor y de la vida.

Siguiendo las lecturas que escucharemos en la celebración de hoy, te propongo dos puertas de entrada para acceder al espacio sagrado:

  • La primera se inspira en la última fiesta de la Pascua que el pueblo de Israel celebró aún en Egipto.
  • La segunda nos introduce de lleno en el relato del Lavatorio de pies y cómo Jesús lo vivió con sus amigos.

1. Levantaré la copa y llenaré mis promesas[1]

La cena de la eucaristía que celebramos hoy se inspira en aquella cena previa a la salida de Egipto del pueblo de Israel, la salida de su esclavitud que coincide con el día de Pascua: la fiesta anual en que los pastores agradecen la protección de Dios sobre sus rebaños.

Aquel día será —a partir de este momento para los judíos— el día de la manifestación de la gloria de Dios en favor de su gente, de su pueblo. Dios actúa matando a los primogénitos de Egipto, tanto de las personas como de los animales. Así, Dios abrirá paso a la Comunidad de israelitas que él tanto quiere.

Los primogénitos de Egipto representan todo aquello que quiere mandar sobre mí y que me aparta de Dios:

  • El primogénito de la codicia, que quiere acaparar más y más.
  • El primogénito de la vanidad, que me pone por encima de los otros.
  • Finalmente, el primogénito de la soberbia, que desearía que todo pasase por sus manos y yo tuviese el control.

Estos tres primogénitos han de morir para que finalmente nos sintamos herma- nos de un mismo Padre que cuida a sus hijos.

Cuando unos siglos más tarde, en Jerusalén, Jesús y sus discípulos quieran celebrar la Pascua, el Maestro les tenía preparado un detalle que no esperaban. Al coger el pan y el vino diciendo «este es mi cuerpo y esta es mi sangre para vosotros», Jesús se ofrece a ser alimento de la cena que dará fuerzas para emprender el camino de liberación personal y colectiva. Él se ofrece completamente, sin miedo a perder nada porque en Dios se siente vencedor y resucitado.

Hoy, él volverá a convertirse en el alimento de la fiesta, la ofrenda para nosotros. El pan es su cuerpo; el vino, su sangre. Como una buena madre, él nos prepara el alimento para que emprendamos el camino de la libertad. ¡Esta noche, la libertad!

Con este trasfondo, nos identificamos con el salmo 115 que será proclamado esta noche: «Levantaré el cáliz para celebrar la salvación. Por esta razón, cumpliré mis promesas».

A la luz de la lectura del Éxodo[2]:

  • En primer lugar, puedes pedir sentir el gozo de la libertad que Dios quiere para mí; que con cada aliento me llene de esperanza de libertad, de huir de aquello que no me deja ser, tanto personal como colectivamente. En una situación en la que nuestra movilidad se ve reducida a causa del confinamiento, esta aspiración puede adquirir una nueva dimensión. Si es posible, hacer este rato de oración a cielo abierto quizás te ayude.
  • En segundo lugar, puedes enumerar cuáles son las promesas que quieres cumplir ante tus hermanos, ante Dios, entendiendo estas promesas como detalles de fraternidad que constituirán mi vida.

Lavatorio de pies[3]:

Si tuviéramos que poner una banda sonora al Lavatorio de pies, habría que acompañar los primeros versículos con un crescendo o quizás con un redoble de tambores que crease una expectativa propia de las grandes ocasiones. Era el día, era la hora, era Él y eran los suyos. Se da una máxima conciencia y también una máxima presencia de Jesús en aquella cena de despedida con sus amigos.

De repente, la música se abriría como una partida de naipes porque Jesús realiza un gesto que no se entiende. El maestro lava los pies de sus discípulos, uno por uno, como lo hacían los sirvientes de aquel tiempo. Nos tranquiliza el hecho de que el propio Jesús diga que es normal que ahora no lo entendamos y que más adelante ya lo entenderemos.

  • Me pregunto si ya ha llegado ese «más adelante» u hoy todavía me toca pedir entenderlo un poco Porque mi vida no tiene suficiente servicio amoroso hacia los otros, ni mucho menos hacia aquellos que sé que me la jugarían si pudiesen, como ahora Judas, a quien Jesús también lava los pies.

Todos los discípulos están atónitos e incrédulos, pero lo que casi todos tienen claro es que son de Jesús y, dado que son de Jesús, se dejan hacer. Habrá que esperar unas horas para entender que, en efecto, Dios llena de sentido la vida de Jesús, resucitándolo, haciéndolo Señor de todo lo creado. El caballo ganador es el amor ofrecido por amor a los otros. Esto es lo que Dios resucita.

El dinamismo del mundo, representado por los primogénitos de Egipto, queda aniquilado por la acción de Dios. La codicia, la vanidad y la soberbia son la única moneda en curso durante la Pasión, pero la última palabra la dirá Dios, y el Universo entero se arrodillará ante el nombre de Jesús. No hay otra que amarnos los unos a los otros, como lo hace el Señor, poniéndose también a los pies del hermano cuando convenga. Y esto es lo que hoy, Jueves Santo, día del amor fraterno, celebramos.

Dejándonos atraer por el relato del Evangelio de Juan, puedo considerar:

  • Que el dinamismo que mueve todos los seres vivos del universo está más cerca del gesto de lavar los pies que de la codicia, la vanidad y la soberbia. ¿Dónde reconozco gestos parecidos al lavatorio de pies que realiza Jesús?
  • En estos duros momentos de sufrimiento para la humanidad, ¿qué significa para mi lavar los pies y dejárselos lavar? ¿Cómo acojo el mandamiento de Jesús que ahora es bienaventuranza?

Estamos a punto de revivir las horas más intensas de la vida de Cristo, su pasión. Así que dejémonos apasionar también yendo detrás de Él hasta donde podamos acompañarlo.

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[1] Cfr. Sl 115.

[2] Ex 12,1-18.11-14

[3] Jn 13,1-17.

Imagen de Peter Pruzina extraída de Pixabay

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