Nani Vall-llossera: "Sólo un sistema sanitario público y verdaderamente universal puede dar respuesta a una situación como esta"

Nani Vall-llossera: “Sólo un sistema sanitario público y verdaderamente universal puede dar respuesta a una situación como esta”

Entrevista a Nani Vall-llossera, médica de atención primaria en el CAP Bon Pastor de Barcelona, es miembro del área social de Cristianismo y Justicia y ha sido presidenta del Foro Catalán de Atención Primaria (FOCAP).

Cuéntanos cómo se ha vivido la aparición del coronavirus en los centros de salud y como se ha reaccionado desde la atención primaria.

A principios de marzo hacía tiempo que se suponía que la gripe tenía que estar de bajada pero continuábamos viendo casos. Hacia la semana del 9 empezamos a ver muchísimos cuadros respiratorios, mucha gente con tos, febrícula, resfriados, … en ese momento el criterio era que sólo se consideraba caso de coronavirus alguien que hubiera estado en contacto directo con un infectado o que hubiera venido de alguna de las zonas de Italia señaladas. Veíamos muchos pacientes así pero la mayoría de la gente no cumplía ninguno de estos criterios. Esa misma semana Madrid ya estaba siendo noticia y sospechamos que algo se estaba escapando. Pero por entonces la atención primaria no se consideró un actor protagonista: los casos y las dudas se resolvían vía hospitales y teléfono de emergencias. Enseguida los teléfonos de emergencias se colapsaron, y los hospitales, que inicialmente estaban ingresando casos leves, también. Con muy poco tiempo se ha hecho una gran reconversión de toda la actividad hospitalaria hacia la atención del coronavirus. Se han anulado todas las visitas y todas la atención presencial de todas las especialidades, con pocas excepciones: oncología, partos, … Pero muchas personas con otros tipos de patologías han visto interrumpidas sus visitas de seguimiento a nivel hospitalario. Esto ha llevado a la gente a aguantar en casa pero, poco a poco, vemos pacientes que se descompensan, que necesitan atención sanitaria y la que está disponible es la atención primaria.

¿De qué manera ha cambiado vuestro trabajo diario? ¿Qué hacéis ahora que antes no hacíais?

La atención primaria también nos hemos reconvertido y en un par de semanas la atención ha cambiado muchísimo, por lo qué, conscientes de que los centros sanitarios son un lugar de transmisión del coronavirus, no se hace casi atención presencial. De entrada a cualquier persona que consulta se le dice que se la llamará por teléfono, la mayoría de dudas se pueden resolver por teléfono, y sólo en algunos casos los hacemos venir al CAP para explorarlos. Si presenta síntomas de coronavirus se atienden en una zona reservada, sino en una zona del CAP en la que no se hace atención del coronavirus y está “limpia”. Estamos intentando llegar a la población que atendemos llamando a todo el mundo para saber cómo están, dar apoyo al confinamiento, intentamos llamar a todos los mayores de 65 años. El confinamiento les está siendo muy difícil. Toda la red comunitaria de los barrios sigue allí pero han parado su actividad: hogares de ancianos, centros cívicos, bibliotecas, … están haciendo actividad telefónica pero para mucha gente esta es su única relación. Hay muchísima gente sola.

¿Qué papel juega la atención primaria de salud en la epidemia del coronavirus? ¿Qué tensiones os estáis encontrando entre la atención hospitalaria y la atención primaria? ¿Qué significa esto para la gente?

La cuestión es que no se ha planificado estratégicamente contando con la atención primaria. Siempre se ha ido por detrás. La atención primaria no formaba parte ni del discurso político ni del discurso que aparecía en los medios. La situación es muy complicada y muy difícil, y tiene consecuencias a todos los niveles de la vida de la gente, pero que la gente sólo viera los hospitales trabajando ha hecho muy difícil que nosotros pudiéramos explicar que se tenían que quedar en casa, que nosotros les haríamos un seguimiento diario de cómo evolucionaban los síntomas. La mayoría de la gente tiene una sintomatología leve que se puede manejar en casa. La prueba que se debe hacer cuando una complicación aparece es una radiografía, una prueba muy sencilla, pero no debe hacerse en todos los casos y tampoco podemos colapsar los servicios de radiología. Cuando en los medios sólo se habla de la atención hospitalaria, decirle a la gente que los seguiremos, que nosotros también los atenderemos, no ha sido fácil de entender. Para empezar porque nosotros no hemos tenido la capacidad de hacer ningún test de diagnóstico, y los miles de diagnósticos, sólo clínicos, que estamos haciendo no están contabilizados como casos confirmados. Es una situación técnicamente muy compleja, pero creo que es imprescindible que los centros de atención primaria y centros de salud continúen abiertos y continúen cerca de la gente para que pueda consultar.

No sólo eso sino que estamos viendo también muchas consecuencias a nivel de salud mental: angustia, miedo,… Está muriendo mucha gente y el hecho de que muera en el hospital sola hace difícil empezar la elaboración de un duelo, no puede haber despedida, no puede haber ese encuentro social que provee del consuelo por la muerte de la persona amada. No tener esta posibilidad hace que la gente pase por una fase de incredulidad, no se creen que alguien que tenían sano a su lado hace dos días ahora ya no está, sin haberlo visto. Es importante que podamos hacer este trabajo proactivo de acompañar a la gente, de diagnosticar los casos leves, de seguirlos … A una paciente mía a quien hacíamos el seguimiento, el enfermero detectó que no respondían al teléfono, la médico de guardia fue al domicilio y la encontró con su marido que se estaban ahogando en casa. Las nuestras son historias pequeñas, de gente que probablemente no es importante, que no sabremos si han dado positivo o no porque no han sido hospitalizados, pero estamos a su lado.

Desde el Bon Pastor, un barrio de clase trabajadora de la ciudad de Barcelona y con densidad de población alta. ¿Como se está sufriendo la epidemia? ¿Los factores sociales son determinantes en esta crisis?

Cuando miras los datos de incidencia de casos que tenemos, se ve mucha diferencia entre barrios. Esta diferencia evidentemente no es casual. Nou Barris, Trinitat Vella, … son barrios donde la gente se ve obligada a compartir vivienda y esto dificulta hacer un aislamiento cuando hay un caso de contagio. En caso de contagio se recomienda que el enfermo tenga un lavabo para él solo si es posible y unas medidas higiénicas muy estrictas, pero cuando tenemos familias que viven realquiladas en pisos esto es imposible de cumplir. Si esto lo unimos a que, en estos barrios, trabaja mucha gente que hace servicios esenciales y trabajos que están sosteniendo la vida estos días: cajeras de supermercado, trabajadoras familiares que cuidan ancianos, gente que trabaja en la limpieza, transportes públicos , … y si se hacen estos trabajos sin las medidas de seguridad adecuadas, pues las posibilidades de contagio aumentan. Si cuentas, además, que la pobreza genera enfermedad y que en estos barrios la incidencia de muchas enfermedades es superior que en otros, la probabilidad de una afectación más grave también está. En algunos momentos se ha dicho que el coronavirus no entiende de clases sociales, y es verdad que hay gente de clases sociales más altas que también se infecta, claro, pero siempre hay un gradiente que afecta más a los más pobres y en todas las ciudades esto se está repitiendo.

Otra realidad es la de cómo estamos afrontando la muerte estos días. Entre el pragmatismo de la muerte solitaria y aséptica en el hospital, y la posibilidad de poder morir acompañado y de una despedida familiar, ¿con qué nos tenemos que quedar? ¿Cómo se debería estar abordando esta cuestión?

Este es un tema que no tenemos trabajado como sociedad. Hablamos poco de la muerte y hablamos poco de cómo queremos que sea. Hablamos poco con la familia y con la gente mayor que está más cerca de morir, hasta donde se debe llegar con las terapias médicas, cuál es un buen momento para no hacer más cosas ni intervenir medicamente …. Todo esto lo tenemos muy poco hablado como sociedad y en este sentido esta crisis nos coge sin haber hecho los deberes. Las personas mayores muchas veces lo tienen más pensado pero quizás no lo han verbalizado y eso hace que a veces, en el caso de alguien que está muy grave, se decide trasladarlo al hospital cuando le queda muy poca vida y las posibilidades de acompañarlo allá no estarán. Desde un punto de vista sanitario hay que intentar humanizar un poco este momento final. Habría que conseguir que las personas pudieran estar acompañadas por un familiar adecuadamente protegido. No en todas partes se está haciendo igual y por tanto no es un criterio absoluto que la gente tenga que morir sola. Nosotros en la atención primaria no es que estemos en una situación diferente pero, como conocemos bien los pacientes, nos es más fácil de intentar plantear que el final llega y que existe la posibilidad de que este final llegue a casa.

Hasta ahora, que hace ya casi cuatro semanas del estado de alarma y con las medidas más drásticas aún en marcha. ¿Dirías que se está reaccionado acertadamente? ¿Que se está gestionando esta crisis de la mejor manera posible?

Yo no quisiera estar en la piel de quien está tomando decisiones en este momento. Esta es una situación muy compleja, pero seguramente hemos llegado tarde. Nos ha pasado a todos, y claro, fallan muchas cosas. Falló la previsión; ha fallado el día a día, la capacidad para tomar decisiones rápidamente para proteger al personal sanitario o las residencias de ancianos. Es muy fácil decir a posteriori lo que se debería haber hecho, pero este momento es el de seguir haciendo nuestro trabajo, de seguir señalando aquellas cosas que no funcionan y que creemos que se podrían hacer mejor. Y estar al lado de la gente. Ser críticos sólo cuando la crítica puede ayudar a mejorar las cosas.

Por otro lado está la realidad de las residencias. Hace unos años, de una manera precaria, porque tampoco había dinero para hacerlo, estaban a cargo de la atención primaria, y pasaron a proveedores privados. Las residencias se están dejando la piel para intentar afrontar la situación, pero lo hacen sin tener el material suficiente, con profesionales que se están poniendo enfermos, sin poder diagnosticar y diferenciar los positivos de los negativos y por tanto sin poder separar … y por eso estamos asistiendo a la tragedia que vemos estos días.

Quizás hay una crítica que sí se puede hacer, y que pasa por los recortes y la falta de inversión en sanidad que desde espacios como el FOCAP y otros hace años que denunciáis. ¿Qué impacto ha podido tener años de desinversión en un momento así?

Que esto ha ocurrido en un sistema sanitario muy debilitado es evidente. Y también que Cataluña y Madrid son de las CCAA donde la inversión en sanidad por habitante son más bajas y más han caído los últimos años. La crisis nos ha cogido con muchos recortes de personal, uno de los factores claves que está faltando estos días. También a nivel de residencias es verdad que han sido poco controladas y con unas ratios de profesionales por residente muy disminuidos. Esto, pues, ha cogido en un momento de servicios sanitarios malo, tanto a nivel hospitalario como de atención primaria.

¿Qué aprenderemos de toda esta crisis respecto a nuestro sistema sanitario? ¿Y a nivel social? ¿Crees que hay algunos primeros aprendizajes evidentes?

Fundamentalmente que la sanidad pública es un tesoro que debemos cuidar. Que cualquier persona que deje de pagar un impuesto sea por fraude o por elusión fiscal debería recibir reprobación social. Que la medicina preventiva y la salud pública, como especialidades que han sufrido recortes durante la crisis, porque se creía que eran innecesarias, pues ahora se han revelado como importantes, y más cuando sabemos que este tipo de situaciones se pueden repetir en el futuro: sólo desde una mirada global y desde el conocimiento técnico se puede controlar una epidemia. Y también ha quedado claro que es fundamental que la sanidad pública sea realmente universal, sobre todo por una cuestión de justicia y derechos humanos, pero también porque, como se ha demostrado en esta pandemia, la salud de todos está interrelacionada. Creo que todos estos aprendizajes prenderán. Que nadie puede afrontar una situación así desde lo individual, no hay sistema sanitario privado que pueda dar respuesta a una situación como esta.

Creo que culturalmente, desde un punto de vista de valores, y de la cultura neoliberal en la que hemos estado inmersos, hay muchas cosas que este virus cuestiona y de las que habrá que intentar hacer aprendizajes. El post-COVID será muy importante para ver hacia qué sociedad vamos: la del sálvese quien pueda o aquella en la que tratamos de responder comunitariamente, cooperando y haciéndonos conscientes de nuestra vulnerabilidad e interdependencia y actuando en consecuencia. Si queremos volver a dar la espalda a este factor esencial de la vida humana creo que iremos muy mal. Esto vendrá después, pero quien pueda ir haciendo este tipo de reflexión ahora, es importante que la vaya haciendo.

Nani Vall-llossera: “Habría que conseguir que las personas pudieran estar acompañadas por un familiar adecuadamente protegido

 

 

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