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Viernes Santo como día de la noviolencia

Álvaro Mellado y Antoni SolerEl Viernes Santo se nos presenta como un día de sufrimiento, violencia y sacrificio donde el cordero de Dios es sacrificado, según San Anselmo, para expiar el pecado de la humanidad en el cumplimiento del plan de Dios. Por otro lado, teólogos como Ignacio Ellacuría vieron la muerte de Jesús como consecuencia de su oposición a los poderes fácticos y ser percibido como elemento subversivo. A la vez, estos pasajes de la Biblia presentan principios que Gandhi desarrolló a lo largo de años de noviolencia importantes para el mundo actual. Una perspectiva noviolenta nos puede dar una visión diferente del mensaje de Jesús. Su testimonio noviolento nos ayudaría a ver qué respuesta puede dar un cristiano ante las adversidades. El Viernes Santo, más que el viernes de dolores, es el viernes de la noviolencia.

Ante el conflicto con las autoridades, Jesús tomó la postura de aferrarse a la presencia real del reino de los cielos a cualquier precio optando por entregarse sin violencia, pero ¿a quién? Siguiendo la filosofía de Gandhi, Michael Nagler llama el aferramiento a la verdad satyagraha. Los satyagrahi o seguidores de satyagraha, como dice Gene Sharp, buscan encender la luz interior sin hacer ningún daño a los demás seres humanos queriendo a todos como hermanos. Jesús fue como un satyagrahi que buscó exponer la verdad de la justicia de Dios desde los de abajo para transformar el corazón de muchos y hacer más presente el Reino de Dios entre nosotros. “Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra”. En el momento más crítico del juicio con Pilato, Jesús respondió: “Para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad” (Jn 18, 37). Ante esta respuesta, Pilato no vio ningún delito, pero la política del poder no evitó la muerte de Jesús. Adolfo Chércoles escribe sobre “bienaventurados los mansos” que la verdad no necesita fuerza porque es ella misma “cuando está dicha desde lo más bajo, desde los más débiles, es más verdad”.

Llegar al juicio con las autoridades no fue consecuencia de una imposición por las circunstancias sino por una elección personal que hizo durante su vida y que quedó ratificada – aun con miedo- en el huerto de Getsemaní en unos de los momentos más intensos de oración de Jesús. “Abbá, o sea, Padre, si para ti todo es posible, aparta de mí esta copa. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú” (Mc 14, 36). Jesús no buscó la cruz para inmolarse, sino que ésta fue la consecuencia de no renunciar al proyecto de Dios. Esto tiene un valor redentor y de salvación para todos nosotros porque si Jesús hubiese cambiado, no nos hubiese mostrado el camino de salvación que quería para nosotros. En este instante entra en juego el principio swadeshi/swaraj por el que Jesús sigue con la elección tomada durante toda su vida y especialmente ahora, sin dejarse llevar por sus debilidades y ego, no se entrega a las autoridades sino a la voluntad de Dios que tiene como consecuencia el ser apresado por las autoridades. El no renunciar a lo que uno defiende es la base de la noviolencia que lleva hasta final de las consecuencias, no como siervo sufriente sino como perseverante de la presencia de Dios ya en esta vida. “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”.

El sacrificio que requiere la noviolencia para defender la causa de la verdad se le llama Tapasya. Esto es una fidelidad y un amor hasta el final sin reservas. Según Nagler, el último sacrificio, la muerte, no logra por sí misma despertar a un oponente empecinado sino el hecho de estar dispuesto a dejarse morir. Este es uno de los puntos donde reside el poder transformador de la noviolencia. Tapasya busca romper el ciclo de violencia para no perpetuarlo por medio del sacrificio, pero sin ceder. Para Gandhi “Las cosas que son de fundamental importancia para las personas no se aseguran con la razón sola, sino que tienen que adquirirse con su sufrimiento. Si quieres que algo importante se realice no debes meramente satisfacer la razón, sino que tienes que mover el corazón también”. Participar de la dinámica violenta sin huir ni pelear, pero con el poder transformador de la noviolencia. “Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque suyo es el Reino de los cielos”. Esto requiere el cultivo de la disciplina interior para vencer el miedo especialmente a sufrir, como dijo Gandhi. Este cultivo interior es para los cristianos la oración, meditación y contemplación porque al igual que con Jesús, Dios está con nosotros en nuestros corazones, incluso en los momentos difíciles. “Antes de hablar de Paz, debes tenerla en tu Corazón” (San Francisco de Asís).

Para Lanza del Vasto, la justicia es la verdad en los actos. Este tipo de justicia, que conlleva la verdad y el sacrificio, busca transformar a la persona en el corazón porque la conversión del adversario es el objetivo. El noviolento apunta a la conciencia aguantando los golpes y calumnias con humildad, serenidad y fortaleza de espíritu. “Hay dos fuerzas en el mundo; la fuerza de la espada y la fuerza del espíritu. La fuerza del espíritu siempre acaba por vencer a la fuerza de la espada” (Napoleón). Esta conversión no solo ocurrió a los seguidores de Jesús en su época sino en las épocas venideras. Un claro ejemplo en la Biblia del poder de conversión de la noviolencia fue el arrepentimiento y suicidio de Judas. Sin embargo, esto no es solo cosa de la Biblia. Este poder de transformación también puede ocurrir en nuestra época, como por ejemplo vemos en el testimonio del cura obrero Joan Alsina en Chile, que cuando iba a ser fusilado le dijo al soldado Nelson Bañados: “Por favor no me pongas la venda, mátame de frente porque quiero verte para darte el perdón”. Este soldado vio mientras le disparaba que Joan rezaba diciendo “Padre, perdónalos…”. En 1999, 26 años más tarde de la matanza, Nelson se suicidó, después de pedir perdón a los padres de Alsina el año anterior ante las cámaras.

Las palabras de Jesús en la cruz, “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 24) encierran el siguiente principio de noviolencia, Sarvodaya. Este principio busca el bienestar para todos. Esto no quiere decir solo los de tu bando o los que piensen como tú sino a todas las partes. Jesús, en este momento de la cruz y en su comportamiento durante todo el proceso desde su arresto hasta su muerte, no busca imponer su razón ni hacer violencia con su verdad. Martin Luther King nos avisó que “a través de la noviolencia evitamos la tentación de asumir la psicología de los vencedores”. Evita el tú contra mí porque todos somos humanos, inclusos a sus propios torturadores. El mensaje revolucionario del cristianismo es amar a tu enemigo. “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”.

Esta misericordia llega incluso justo en el momento de su arresto cuando Simón Pedro le cortó la oreja a un sumo sacerdote, cuando Jesús respondió “Vuelve la espada a su sitio, pues quien usa la espada, perecerá por la espada…” (Mt 26, 52) encerrando así el principio ahimsa o de no dañar o usar la violencia en contra de los demás. El arma de Jesús no es la violencia. Para Herder Camara “Noviolencia es creer más en la fuerza de la verdad, de la justicia y del amor, que en la fuerza de la mentira, de la injusticia y del odio”. Para que sea noviolento los fines y los medios tienen que ser correctos siguiendo los principios de noviolencia ya mencionados. Esto no solo es de este momento de la pasión de Jesús, sino que también ahimsa estuvo presente para no usar la violencia cuando impidió que la adúltera fuera lapidada por sus acusadores (cf. Jn 8,1-11). El reino de Dios significa la eliminación de todo tipo de violencia entre individuos según el teólogo pacifista Walter Wink. “Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

La noviolencia está muy presente en la pasión y muerte de Jesús, como se ha podido ver con los diferentes principios Gandhianos presente en estos pasajes. La noviolencia tiene mucho que iluminar y guiar en la vida de los cristianismos todavía. Desafortunadamente, la noviolencia está muy olvidada durante las celebraciones del Viernes Santo, exaltándose principalmente el sufrimiento y la violencia en detrimento de ella misma. Las bienaventuranzas están fuertemente impregnadas de noviolencia. Éstas, incluidas en el Sermón de la Montaña, han influenciado importantemente a grandes hombres de la noviolencia como Tolstoi, Gandhi, Martin Luther King y otros en sus caminos. El papa Francisco reconoce el manual de noviolencia que son las bienaventuranzas en su discurso “La noviolencia: un estilo de política para la paz” durante la 50ª jornada mundial de la paz en 2017. Llamando no al uso táctico de la noviolencia sino al que sea un modo de ser y actitud en nuestras comunidades, trabajo y a nivel político. Comprometiendo nuestras oraciones y acciones a “ser personas que aparten de su corazón, de sus palabras y de sus gestos la violencia, y a construir comunidades noviolentas, que cuiden de la casa común”. Esto que estuvo muy presente en la vida y muerte de Jesús y en las primeras comunidades, debe ser rescatado y priorizado por los cristianos de hoy en día con la importancia que tenía al principio para recuperar ese sentido pacífico y particular de ser cristiano, dando así un sentido noviolento al testimonio y asesinato de Jesús.

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Los autores del artículo forman parte del Grupo de Trabajo sobre noviolencia cristiana de Cristianisme i Justícia

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