Ximo García Roca. [Artículo publicado originalmente en Levante-MNVEl autor ha publicado con Cristianisme i Justícia los Cuadernos CJ «Educación para la ciudadanía» y «Las Constelaciones de los jóvenes«]. El nuevo Gobierno ha comenzado su andadura rodeado de ruidos y rumores de índole religiosa. Se conjuran, a la vez, el anuncio de catástrofes ante el gobierno de progreso por parte de los poderes económicos e ideológicos, con la invocación a Dios ante la emergencia nacional por parte de algún jerarca eclesiástico, y el prejuicio ilustrado ante el sentimiento religioso por parte de una cierta izquierda.

Hay un abuso de la catástrofe que produce miedo, parálisis e impotencia. En la última década, los recortes sociales y las limitaciones de derechos han ido precedidos de malos augurios y peores presagios. «Si no renunciáis a conquistas logradas, será inevitable la crisis». «Si no os apretáis el cinturón, el país llegará al precipicio». Es comprensible que los cambios sociales y políticos susciten alarma ante la pérdida de poder, incluso que los fabricantes apocalípticos sean los poderes económicos con sus élites, que ven socavados sus dominios. Justo lo contrario sucede con el uso bíblico de la apocalíptica, que se le consideraba un grito de resistencia de quienes ansiaban un cambio radical, un canto sanador de la impotencia de quienes esperan un futuro alternativo. Cuando grupos católicos se aúnan a los poderes económicos y políticos en el cultivo apocalíptico ante la llegada de un gobierno de progreso e ignoran que son portadores de Buenas Noticias, traicionan el sentimiento religioso y la racionalidad social.

Al solicitar de las comunidades y parroquias, que supliquen a Dios que evite la emergencia nacional, se convierte a Dios en un huésped conservador. ¿Y si Dios estuviera hospedado en las afueras y fuera un militante de los derechos humanos y un aliado de las vidas dañadas? La fe religiosa está más interesada en defender la vida que en levantar vallados. Todo parece indicar que Dios no oyó sus súplicas y plegarias porque tiene una agenda diferente, que está aliada con la gestión democrática y cree que los asuntos humanos se llevan mejor mediante decisiones participativas ¿No será que anda comprometido con los procesos civilizatorios? ¿Alguien con buen criterio puede entender que el rostro de la Iglesia tenga mayor afinidad con los usos autoritarios y patriarcales de los Imperios y con la organización feudal de la convivencia, que con el sistema democrático?

En justa correspondencia, sería deseable que la visión progresista superara sus prejuicios seculares con respecto a la espiritualidad, atea o religiosa. Es curioso que la única referencia que hubo en el debate de investidura por parte de la izquierda fue para contraponer la flexibilidad de la política a la rigidez de la religión, «¡No somos una religión!», «¡No somos curas!» añadía con razón el diputado. ¿Quiénes le dieron motivo al diputado para pensar que la religión es rigidez e intolerancia? Hay creyentes que no dejaron de estar conectados a los clamores del tiempo y a las comunidades que viven y luchan, y de este modo impidieron que la Fe fuera un bloque monolítico e inalterable que no conoce la vacilación, la duda o la perplejidad. Tenía más razón Unamuno cuando dijo que la fe conoce la duda que el diputado Rufián cuando la hace inamovible. Las constantes apelaciones del papa Francisco a abandonar la auto-referencialidad, colocarse en posición de salida y derribar cercos mentales y trincheras sociales o políticos no han llegado al imaginario colectivo. En lugar de fortalecer los bandos irreconciliables, la Fe se valida hoy en promover personas co-implicadas y aliadas en los verdaderos combates de nuestro siglo: reducir las desigualdades y promover la justicia, minimizar el sufrimiento evitable y maximizar el bienestar de todos y todas, erradicar la pobreza y vencer las enfermedades, emancipar la mujer y respetar la Tierra, sembrar de motivos y de fraternidad los caminos de la humanidad. Para estos combates se necesitan movimientos sociales y partidos políticos, argumentos científicos y sabidurías mundiales, alternativas comunitarias y servicios de proximidad, y también confianza en la bondad y belleza de la fe cristiana.

Ximo

Imagen de chezbeate extraída de Pixabay

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2 Comentarios

  1. Comparto plenamente lo que se dice Ximo García Roca. El bautismo de Jesús en el Jordán y el elogio de Juan el bautista («no ha nacido nadie más grande de mujer»), así como las demás alusiones que aparecen a la figura de Juan el Bautista indican, a mi parecer, que Jesús se identifica con los que el sistema dominante («el mundo») ha marginado de uno u otro modo y se resisten frente a él («un grito de resistencia de quienes ansiaban un cambio radical, un canto sanador de la impotencia de quienes esperan un futuro alternativo»). La novedad de Jesús es que más allá de lo que representaba Juan el bautista y sus discípulos, Jesús, lleno de la fuerza del Espíritu, se enfrenta al «mundo-sistema» desde sus entresijos sin ser del mundo-sistema». Y por eso a sus discípulos nos advierte que no hay que tener miedo, pero que sin la fuerza del Espíritu, adhiriéndonos a su persona, no hay nada que hacer frente a los poderes de este mundo.
    Desde esa perspectiva es necesario descender a las cuestiones más concretas que se han planteado como medidas políticas del Gobierno en relación con la enseñanza religiosa y la asignatura de religión. Más allá de una reflexión que requeriría un espacio específico sobre las relaciones ciencia-religión, que están detrás de algunas posturas en torno a los asuntos religiosos, si creo imprescindible que haya un debate, sobre todo dentro dentro de la propia Iglesia,católica española, aunque abierto a todos, sobre qué implica y cómo se hace la transmisión de la fe. Ni los colegios religiosos ni la asignatura de religión son, ni pueden ser, los cauces principales de transmisión de la fe. Esta tiene que hacerse fundamentalmente a través de la vida de las comunidades (cristianas), pero aquí hay un escollo esencial. La estructura de la Iglesia no está asentada, fundamentalmente en comunidades sino en el clero distribuido en parroquias donde la mayoría de los que acuden a ellas no se sienten vinculados por un compromiso comunitario de fe sino por la simple práctica rutinaria de unos mandamientos o prácticas litúrgico-sacramentales. Yo que estudié en los jesuitas, fui presidente nacional de La FECUM (Federación Española de Comunidades Universitarias Marianas o Cristinas como en su momento preferimos decir) y he seguido vinculado de distintas maneras a la Iglesia (parroquias, comunidades de base, participación en actividades eclesiales) soy testigo de que mis compañeros de colegio, e incluso de la FECUM, con los que conservo la amistad y considero siguen siendo excelentes personas, mayoritariamente se han desvinculado de la Iglesia y de la de cristiana. Los recuerdos que conservo (conservamos) de las clases de religión son anecdóticos y,en anda contribuyeron a que madurara nuestra fe. Fueron más importantes las lecturas que los propios jesuitas nos recomendaron en el colegio (Camus, Dostowasky , Teilahrad de Chardin, etc.), al margen de las clases de religión y las muchas lecturas que posteriormente hice, junto a conferencias, ejercicios espirituales, cursos, etc., los que me ayudaron a moverme en el mundo universitario donde me encontré también con un ambiente reacio cuando no beligerante respecto a la fe. Como ya es demasiado largo mi comentario y solo pretende plantear un debate que creo muy necesario, aquí lo dejo.

  2. Precisamente es por tener confianza en la bondad y en la belleza de la fe cristiana que uno no puede dejarse avasallar en una sociedad obsecuente y genuflexa con el poder. Jesús en su momento se enfrentó a todos los gerifaltes y a todos los grandes poderes. Hoy en día en España nadie les tose a esos grandes poderes, están socavando día a día los pilares del Estado con la complicidad de todos los grandes medios, porque ya sabemos que la publicidad institucional todo lo tapa y un cristiano ante esto no se puede quedar callado, tiene el deber moral de denunciar la injusticia aunque se quede solo predicando en el desierto. Y cuando se se rían de nosotros como hacen habitualmente esos medios que se dicen progresistas pero que de progreso no tienen nada, son fascismo en su núcleo duro, nos dará igual porque tendremos recompensa. La lucha cansa, es dura, es ardua y difícil pero el mal nunca gana. Dios es grande y generoso con el bueno y al malo le da palo.

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