Amazonía, una región en llamas por intereses económicos

Amazonía, una región en llamas por intereses económicos

Clara Temporelli. América Latina se enfrenta a la lucha por sus derechos, por disminuir la pobreza y por lograr una vida digna, pero el neoliberalismo en el Continente piensa imponerse a costa del pueblo. El Papa Francisco acaba de finalizar el Sínodo: “Amazonía nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”; la realidad exige seguir reflexionando lo acontecido en el Sínodo y lo que viven los pueblos amazónicos y latinoamericanos. Del Documento Final, con sus 120 números que han sido aprobados por dos tercios de los participantes, los que han tenido más resistencias y oposiciones han sido el número 103 relacionado con la mujer y el diaconado y el 111, que propone la ordenación de hombres casados para la Amazonía. La Iglesia quiere ofrecer una vía de redención frente a la explotación económica de esa región y el extractivismo que contamina y destruye. Este territorio que origina el 20% del oxígeno de nuestro planeta, está amenazado por la política brasileña e internacional. La más grande selva tropical del planeta desaparece a velocidad galopante, y la situación empeora día a día.

Antes de la realización del Sínodo el Papa Francisco, el 25 de agosto de 2019, manifestó: “Estamos todos preocupados por los vastos incendios que se han producido en la Amazonía. Recemos para que, con el esfuerzo de todos, sean controlados lo antes posible. Ese pulmón forestal es vital para nuestro planeta”. En mayo se había reunido con el jefe indígena Raoni, que acudió a alertar a Europa sobre la deforestación en la Amazonía. Y en su encíclica “Laudato si” (mayo 2015), denunció la explotación de la selva amazónica por parte de “enormes intereses económicos internacionales”. En enero de 2018, visitó Puerto Maldonado, una localidad del sudeste del Perú rodeada de jungla amazónica, y adonde convergieron miles de indígenas peruanos, brasileños y bolivianos. Allí, el Papa fustigó “la fuerte presión de grandes intereses económicos que codician el petróleo, el gas, la madera, el oro, los monocultivos agroindustriales”.

El Sínodo concluyó el 26 de octubre; pocos meses antes se informó el aumento de la tasa de incendios en la Amazonía (junio y julio de 2019), aunque la atención internacional se centró en la situación en agosto de 2019, cuando la NASA corroboró los hallazgos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE). Desde el 1 de enero hasta el 1 de septiembre de 2019, el INPE reportó 91.891 incendios en Brasil; 20.266 incendios forestales en Bolivia; 14.469 incendios en Colombia; 397 incendios en Ecuador; 903 incendios en Colombia; 11 incendios en Guayaba Francesa; 7.476 incendios en Perú y 162 incendios en Suriname.

Al leer el Documento Final se experimenta la vivencia de Juan Bautista: “soy una voz que clama en el desierto”, una voz profética eclesial que anuncia que es posible:

  • Renunciar al eclesiocentrismo, al antropocentrismo y optar por el cosmocentrismo.
  • Una Conferencia Episcopal Amazónica que se comprometa al diálogo, la escucha, la sinodalidad, la incorporación de nuevos ritos, nuevas culturas, nuevas lenguas; ayudar a profundizar en los nuevos ministerios, (sin dejarse presionar por sectores eclesiales reaccionarios).
  • La ordenación de varones casados y reabrir la cuestión del diaconado para las mujeres, [más allá del lectorado y el acolitado, que ya están ejerciendo, y además son irrelevantes desde el punto de vista eclesial -sin duda es toda una decisión papal el dar un paso más y no dejar esta prioridad para después-, la situación de la mujer es apremiante, pues el futuro pasa por una ecología y una humanidad integral por lo mismo las mujeres como protagonistas eclesiales son irreemplazables, como lo son humanamente].
  • Una formación inculturada y competente de sacerdotes, laicas, laicos, religiosas y religiosos, para renovar la evangelización del Pueblo de Dios en esta región.

Con los incendios registrados en la Amazonía y las declaraciones del Presidente de Brasil ante la ONU, que sin escrúpulo alguno hizo una serie de afirmaciones que desafían al mundo y a la iglesia en las dimensiones que desea llevar a cabo para la puesta en marcha del Sínodo (dimensión, pastoral, cultural, sinodal y ecológica), quedó en claro los grandes intereses económicos nacionales e internacionales en la región. El 24 de septiembre ante la ONU J. Bolsonaro, afirmó:

  • El interés extranjero en la región se debe a su riqueza mineral y a su biodiversidad, no a sus pueblos indígenas.
  • No es correcto afirmar que el Amazonas es parte del patrimonio mundial y cualquier ayuda extranjera para proteger la selva debe respetar plenamente la soberanía brasileña. “Es una falacia decir que el Amazonas es parte del patrimonio mundial y es un error decir, como afirman los científicos, que nuestra selva tropical es el pulmón del mundo”.
  • El fuego es fruto del clima seco en esta época del año, las altas temperaturas y la deforestación causada por indios y colonos que utilizan el fuego para limpiar sus tierras de cultivo.
  • El ser humano favorece los incendios, tanto espontáneos como ilegales.
  • Declarar la Amazonía como asunto de interés internacional es para que algunos países ricos se queden con sus riquezas.
  • Brasil es uno de los países que más protege su medio ambiente y utiliza solo el 8% de su territorio en agricultura para producir los alimentos que el mundo necesita.
  • Y lanzó una frase: “Antes me trataban como el ‘monstruo de la moto sierra’ y ahora dicen que soy ‘Nerón'”, “El Nerón del Amazonas”.

Éste líder político defiende la explotación de los recursos naturales del mayor bosque tropical del mundo y ha condenado en repetidas ocasiones el ecologismo de las ONG, a las que culpó en un principio de los fuegos en la Amazonía.

Bolsonaro mantiene un plan para desarrollar el Amazonas mediante la construcción de carreteras, la extensión de la agricultura y la minería en las reservas indígenas. Su plan es “ocupar la región amazónica con infraestructura estratégica para evitar que otro proyecto multilateral de protección de la selva, denominado corredor ecológico: Andes –Amazonas– Atlántico, pueda ser implementado en el futuro”.

También se enfrentó al Papa Francisco, quién consideró “la mentalidad ciega y destructiva” de aquellos que buscan beneficiarse de la selva tropical más grande del mundo. “Lo que está sucediendo en la Amazonía tendrá repercusiones a nivel mundial”, advirtió. La respuesta del presidente brasileño al Papa fue: “Brasil es la virgen que todo pervertido extranjero quiere tener en sus manos”.

Seguramente Bolsonaro no se detendrá en el “desarrollo” de “su” Amazonía y del “pulmón de todos”, posiblemente tendrá el apoyo Donald Trump, así como de Vladimir Putin y Xi Jinping, que creen como él que el interés de sus economías está por delante del cuidado del medio ambiente para todo el planeta.

Todas estas áreas de Selva Amazónica que se están quemando en Brasil son zonas protegidas, en las que no se pueden talar, cultivar ni explotar zonas mineras. El fuego es una de las etapas del proceso de apertura del pasto que comienza con la limpieza del bosque con tractores y cadenas, pasa por el secado y las llamas, y termina con la plantación de pasto para alimentar a los animales. Después de la sustitución de árboles por ganado, la tierra puede ser utilizada para la siembra agrícola.

Acusaciones e intereses cruzados

Noruega, el principal donante del Fondo Amazonía (mecanismo de cooperación global que más recursos aporta para reducir los gases de efecto invernadero por la deforestación), anunció que no entregará los 30 millones de euros que tenía comprometidos. El segundo aportante, Alemania, se sumó al boicot. La respuesta de Bolsonaro fue: “Tengo un mensaje para la querida Angela Merkel: agarrá tu dinero y reforestá Alemania. Lo necesitan mucho más allí que aquí”. Y cuando le preguntaron por la decisión de Oslo, añadió: “¿No es Noruega la que mata ballenas en el Polo Norte? Agarren su dinero y vayan a ayudar a Merkel a reforestar Alemania”. A su vez Brasil exporta proteína de soja a Noruega, que la utiliza como alimento para el cultivo de salmón.

Emmanuel Macron, Angela Merkel, y Bolsonaro vienen protagonizando un enfrentamiento retórico echando mano a una verdadera constelación de hipocresías.

Es imposible defender la biodiversidad y los recursos naturales amazónicos sin atacar profundamente los intereses tanto nacionales como extranjeros, que hacen arder la Amazonía.

Las medidas de Bolsonaro son ataques directos a los pueblos indígenas y descendientes de los quilombos (poblaciones negras rebeldes durante la época de la esclavitud), y a los medios de existencia de toda esa población en beneficio del agro-negocio, los bancos y grandes empresarios.

Hay tres grandes ejes de conflicto en la crisis:

  1. La guerra comercial entre Estados Unidos y China: el agro-negocio brasileño quiere aprovechar la oportunidad que se abrió para la exportación de granos a China. Este país aplicó aranceles a la soja proveniente de Estados Unidos en represalia por los que Trump puso al gigante asiático. Esto encareció en unos 75.000 millones de dólares la soja estadounidense, por lo que crecieron las compras chinas de soja brasileña. Brasil se ha transformado en el mayor exportador de soja a China y al mundo. Los incendios criminales provocados buscan la expansión de la frontera sojera, que busca satisfacer la sed de ganancia de los terratenientes del agro-negocio con más exportaciones a China.
  2. El conflicto entre los intereses de Europa y el agro-negocio brasileño: Macron, como Trump, y Merkel no tiene más interés en la Amazonía que proteger el negocio de sus monopolios y no desean que su territorio de explotación se vea afectado por el agronegocio local.
  3. La disputa entre Francia y Alemania en el acuerdo con el Mercosur: los principales ganadores serían los exportadores de vehículos alemanes, que tendrían impuestos cero para la distribución de la producción automotriz. La política agrícola es uno de los pilares de la integración de la Unión Europea y es fundamental para Francia, que maneja la agricultura para el resto del continente.

Estos tres elementos se mezclan con los intereses de los terratenientes sojeros en Brasil por incrementar sus negocios con China y chocan con la necesidad de los países ricos de preservar sus propios negocios en la Amazonia. Golpear a Bolsonaro es un movimiento que sugiere indirectamente un ataque a Trump, que lo tiene como aliado central en América Latina.

Mientras se da este complejo entramado de intereses en la Amazonia la vida de los defensores ambientales, está profundamente amenazada, Brasil es el país con mayor número de asesinatos por conflictos rurales y el primer país en número de asesinatos a ambientalistas. De los 164 defensores de la tierra asesinados el pasado año en todo el mundo, 46 sucedieron en Brasil, esto es, el 28 % del total.

La Iglesia Amazónica, respaldada por el Papa tiene frente a sí un desafío pastoral, místico, profético y ecológico, que supone el discernimiento de estar dispuesto a dar la vida, por medio de persecuciones, difamaciones, acusaciones injustas, hasta el martirio por defender a los seres humanos más vulnerables y el futuro de la humanidad que depende del cuidado, la protección y el cultivo de una ecología integral.

Imagen de Ylvers extraída de Pixabay

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