Campeones

“Algunos me llaman tonto… y eso es porque no me conocen”

Eduard Tomàs[Este artículo surge como reflexión al finalizar la primera sessión del Cicle de Cinema Ignasi Salvat 2019-20. El autor presentó la película Campeones. Podéis encontrar más información del ciclo aquí].

Esta frase ya nos da alguna de las claves por las que hay que ver esta película: la ignorancia y desconocimiento que a menudo tenemos del colectivo de personas con discapacidad…, pero vayamos por partes.

Desde un punto de vista técnico, y sobre todo como sencillo espectador, encontramos otras razones para dar un vistazo al film:

Por un lado, el director Javier Fesser, conocido por la controvertida Camino o por cintas de humor como Mortadelo y Filemón o la magnífica El milagro de Padre Tinto (aportación y recomendación personal). Fesser se plantea la película como un desafío, no para trabajar con personas con discapacidad, sino por el hecho de rodar con todo un equipo coral. Fesser, sobre su film expone que “da pistas de cómo comunicarnos mejor, enseñando a pasar de etiquetas o calificaciones inútiles” (en realidad, la comunicación nos sería útil para todo ámbito…).

El actor principal, Javier Gutiérrez, con un hijo de 10 años con discapacidad, también es una nueva razón. Comenta que a menudo “siente como una agresión la mirada compasiva hacia las personas con discapacidad”. Incluso añade que debería ser una película obligatoria en las escuelas (para la educación y la concienciación).

Otro punto importante a tener en cuenta son los diferentes premios recogidos: Goya, Premios Feroz, Sant Jordi de Cinematografía, Premios Platino…, encontrando mejor película, dirección, canción original (con letra muy adecuado, por cierto), actor revelación (Jesús Vidal con un sincero discurso de agradecimiento de 4 minutos ininterrumpidos), o premio de educación y valores…

Sin embargo, la razón que más nos puede llamar la atención para ver la película es el grupo de actores del equipo de baloncesto “Los Amigos”. Diez personas con discapacidad, sin experiencia previa en el mundo del cine (e incluso algunos, en el baloncesto) que nos aportan, a través de unos diálogos sin filtros, la naturaleza, la inocencia, la limpieza infantil, la mirada, el alma y la realidad que viven en su día a día. Un guion que juega durante toda la película con buenas dosis de humor y de ternura. Protagonistas que, a través de las diferentes escenas y situaciones que viven, transmiten autenticidad, emoción en estado puro, haciendo jugar al espectador con la risa fácil, otras veces la sonrisa tierna o, en algunas ocasiones, la risa incómoda…

Pero dejando de lado estos aspectos, la película Campeones nos aporta claves y herramientas para poder romper mitos y prejuicios que a menudo tenemos en esta sociedad. Comenzando simplemente en “como llamarlos”. Huir de las etiquetas y dejar de lado conceptos arcaicos y peyorativos, propiciando el hecho de que estamos hablando de “personas” (dejando para otro debate si los llamamos “personas con discapacidad” o personas con “diversidad funcional”).

Campeones nos muestra una realidad, no siempre bonita, del colectivo. Discriminación laboral y salarial (un 70% de las personas con discapacidad están excluidas del mercado laboral). Discriminación social. Falta de recursos administrativos (la mayoría de entidades deben buscárselos para poder dar una atención digna y plena a las personas que atienden). Accesibilidad universal…, y sólo son algunos de los derechos que se ven vulnerados por el simple hecho de ser persona con discapacidad.

Pero en otros aspectos, esta película nos muestra algo más que las diferentes realidades de la discapacidad, algo más que pistas de cómo abandonar las etiquetas… Campeones nos abre las puertas a conocer y a conocernos; nos ofrece un ejercicio de espejo para podernos meter en la piel de los demás personajes de la historia, con sus propias discapacidades.

La ignorancia y desconocimiento inicial que plantea el entrenador. La falta de paciencia y la incomprensión. Su miedo a la responsabilidad, en este caso vivida a través de la paternidad. El miedo frente a lo que desconocemos y no sabemos cómo tenemos que afrontarlo. Aunque también hay que remarcar la evolución del personaje a lo largo de la película, gracias al poder de transformación y contaminación, en sentido positivo, que ofrecen los integrantes del equipo de baloncesto: “Está aprendiendo, la discapacidad la va a tener siempre, pero nosotros le estamos enseñando” (Román).

Hay que hacer también el ejercicio de espejo con la mayoría de ocupantes en la escena del transporte público. Actitudes de rechazo, palabras de discriminación, miradas incómodas…, en una situación, también hay que decir, llevada a un nivel un poco exagerada pero no irreal. Situaciones que se pueden dar, como comentaba el director, por falta de comunicación. Desconocimiento e ignorancia que nos llevan a la construcción de un prejuicio… Y teniendo en cuenta que los extremos son peligrosos, por otro lado, podemos sorprendernos con la “mirada compasiva” que explica el actor Javier Gutiérrez. El proteccionismo, el infantilismo, también provocan situaciones incómodas sin tener en cuenta a la persona.

En el fondo, una película para aprender que, en realidad, todos somos personas. Todos somos iguales, y al mismo tiempo, todos somos muy diferentes. Todos tenemos diferentes capacidades, gustos, sueños, necesidades… Una realidad donde lo que importa no es el resultado, sino todo lo que has disfrutado a lo largo del camino que has recorrido. “La vida es para disfrutar con lo que tienes. Sigue sonriendo” (frase del pabellón). Donde lo que importa es dar y recibir afecto. Nada más.

Ahora hay que pensar, al ver la película, qué papel juego en este partido. ¿Un simple jugador/espectador de la película? ¿O tal vez un jugador con los ojos abiertos para querer conocer, jugar y darlo todo? Sólo se trata de conocer la “normalidad” de la discapacidad.

“Algunos me llaman tonto…, y eso es porque no me conocen” (Marín).

Campeones

Imagen de HeungSoon extraída de Pixabay

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