Ruina

Seamos honestos

Santi Torres. El periódico abre con un inmenso titular sobre un manifiesto firmado por miles de científicos declarando la emergencia climática. Habla el titular de que nos espera “un sufrimiento indecible” si no tomamos medidas urgentes para revertir una situación que amenaza catástrofe. Incluso dedican al tema una editorial llena de “buena conciencia” medioambiental. El mismo periódico en las páginas de economía aplaude la ampliación de un muelle para cruceros en el puerto de Tarragona y  la ampliación de rutas aéreas que van a convertir el aeropuerto de Madrid en un hub comparable al de otras ciudades europeas. También en las páginas dedicadas a la actualidad local se queja, el mismo periódico, de las medidas drásticas para reducir el tráfico en el centro de la ciudad y el malestar que está generando en muchos conductores.

El mismo periódico, el mismo día… No es solamente un reproche sino la constatación que la lógica de la economía sigue su curso inexorable con sus exigencias, sus indicadores, sus objetivos de crecimiento…. De ello depende que vengan más turistas, que miles de personas puedan mantener sus precarios puestos de trabajo en el sector servicios, que no se frene la venta de coches y con ello no se recorten empleos en la industria del automóvil… Seamos honestos y reconozcamos nuestra incapacidad para darle la vuelta a esto. Subidos, como estamos, a un modelo económico basado en el crecimiento ilimitado que nos lleva de cabeza al abismo.

Pero seamos honestos también con nosotros mismos. Con la cabeza reconocemos cada vez más la situación de emergencia, mientras con la misma cabeza planeamos nuestras próximas vacaciones cuanto más lejos mejor; o cuando planeamos dejar de vivir en la ruidosa ciudad buscando refugio no en los pueblos abandonados sino en urbanizaciones “modelo” de nueva construcción, de casas unifamiliares,  muchos parques, y totalmente insostenibles desde el punto de vista medioambiental.

Porque seamos honestos, a la hora de tomar decisiones no pensamos en el planeta ni en las generaciones futuras, sino que nuestra medida es nuestra vida y alcanzar en ella el máximo bienestar y la felicidad de los nuestros. Hemos puesto en ello todo el sentido y todos los sentidos, precisamente por la falta de otro sentido más elevado que nos permita ver las cosas más allá de nosotros y de nuestro tiempo. Por eso es tan difícil sino imposible que nuestra generación (la que tenemos más de 40 años) pueda liderar ningún cambio, si no es a partir de una conversión que no llega porque supondría reconocer que hemos asentado nuestras vidas sobre un bienestar que es de hecho malestar, dolor y sufrimiento para una mayoría. Reconocer que nuestra vida se sostiene por el consumo de experiencias efímeras pero ecológicamente costosas, de deseos no universalizables, de ilusiones que solamente son humo….

La única esperanza son los jóvenes y la construcción de una economía y de unos modelos de vida diferentes, una revisión completa de lo que significa la “vida buena” o la “buena vida”. Pero seamos honestos, no les vamos a ayudar a ello en nada porque su espejo es demasiado doloroso, y porque nos empeñaremos en transmitirles por todos los medios que sean iguales a nosotros, que aspiren a lo mismo que nosotros: pensamos, en definitiva, que tendrán éxito, si se parecen a nosotros.

Seamos al menos honestos…,  quién sabe, a lo mejor es un primer paso.

Ruina

Imagen de Gerhard Gellinger extraída de Pixabay

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