Joan N. García-Nieto, todavía

Joan N. García-Nieto, todavía…

Josep M. Rambla Blanch. Sí, han pasado 25 años de su muerte, en 1994, y la memoria de este hombre, pensador, líder y luchador social, perdura con fuerza y ​​eficacia. Muchas de sus ideas e iniciativas se recuerdan a menudo, como, por ejemplo, la renta mínima, y ​​Joan N. García-Nieto es una referencia constante. La Fundación Utopía de Estudios Sociales del Baix Llobregat y Comisiones Obreras han organizado dos actos conmemorativos que han sido una muestra fehaciente del impacto todavía actual de Joan N. García-Nieto, presente en el recuerdo y la vida de personas comprometidas en las causas los pobres y excluidos, incluso con capacidad de cautivar a jóvenes que no pudieron conocerle.

Ahora se publica un libro, Un hombre y una comunidad cristiana, para conmemorar conjuntamente los 25 años de la muerte de Joan N. García-Nieto París y los 50 de la comunidad que él inició. (Este libro preparado por la Comunidad Cristiana Joan N. García-Nieto y editado por Cristianisme i Justícia se presenta el día 24 de octubre a las 19h en el Centro Cultural Joan N. García-Nieto de Cornellà). En esta obra aparece la personalidad poliédrica de Joan N. García-Nieto, jesuita, pensador y luchador social, en su realidad más profunda: como hombre de fe en Cristo y apoyo y animador de personas y grupos seguidores de Jesús, el cual vino para anunciar con hechos y palabras “la Buena Noticia a los pobres”.

El libro está configurado por dos partes: Memorial y Esperanza, porque es una “memoria de futuro”. El primer capítulo es una mirada, a modo de vistazo, a la persona de Joan (así era conocido más familiarmente en la comunidad y los más íntimos, y como “Nepo” en muchos otros ambientes). Una persona que supo unir la dimensión creyente con la social y política, siempre enfocada hacia los pobres. Esta manera de vivir y de hacer seducía con fuerza. “Después de una larga conversación con Joan, mi vida ya había cambiado”, decía un amigo de los primeros grupos que se le unieron.

Así, poco a poco, movidas por esta atracción de Joan, muchas personas llegaron a formar a su alrededor una comunidad. Nos encontramos en la segunda mitad de los 1960: efervescencia eclesial a raíz de los impulsos del Vaticano II, últimos años del franquismo con una agitación social trepidante, particularmente en Cornellà y Baix Lobregat, ​​”el cinturón rojo”. Tiempo propicio para un bautismo de fuego de una comunidad cristiana. La comunidad va asimilando el carisma de Joan: la unión entre fe y compromiso social y político. En un momento determinado Joan dice: “Lo que hay que hacer ahora es ir a la mani y no a la misa”. Como Jesús, cuando decía: “Lo que hace falta es misericordia y no culto”.

En el libro se destacan tres documentos, bien situados en su contexto social y eclesial, que elaboró ​​la comunidad en momentos significativos de su trayectoria. Los títulos de los capítulos expresan bien su contenido. Encarnación – Utopía – Nómadas. “Encarnación”: En 1974 se hace un balance de los primeros tiempos en que la comunidad comienza a adentrarse en la sociedad conflictiva de Cornellà desde la fe, pero con análisis crítico de la realidad. Descubrimiento de una nueva manera de vivir la fe dentro de un ambiente eclesial y de parroquias de talante clásico, incluso en algún caso ultraconservador y hostil hacia la comunidad. La eucaristía es el apoyo y la inspiración de la comunidad. “Utopía”: En 1987, el espíritu de la comunidad sigue la misma línea, pero la situación social, a pesar de la “transición política”, se hace más escandalosa. La comunidad es cada vez más consciente de su identidad y misión frente a una situación de crisis que crea desempleo, marginación y nuevas formas de pobreza, junto con tendencias involucionistas en ámbitos eclesiales que se aferran a inercias del pasado. La fe en la utopía mantiene firme la comunidad en la lucha y la esperanza. “Nómadas”: En 1998, tras el hecho doloroso de la muerte de Joan (1994), la comunidad toma más conciencia de su propia madurez y asume con responsabilidad compartida su marcha y compromiso. Sus miembros se sienten nómadas caminando en el seguimiento de Cristo, siempre en marcha y confiados. Ahora, los problemas sociales adquieren rostros más variados, la exclusión social y la inmigración suscitan más compromiso en nuevas iniciativas o en las que ya estaban en marcha, dentro de una Iglesia atascada e involucionista y en medio de un neoliberalismo cada día más endurecido. La profundización de la fe personal y comunitaria ayuda a mantenerse firmes en la línea ya irrenunciable, rodeados de un entorno de cansancio y desencanto.

La segunda parte del libro, “Esperanza”, es un panorama de la vida actual de la comunidad. Sobresalen algunos aspectos. La amistad y proximidad de las relaciones. En la comunidad resuenan todavía aquellas palabras que, desde su encarcelamiento en 1969, escribía Joan: “En quien más pienso en estos días es en todos vosotros. Y no me da vergüenza decir que los ojos se me nublan a menudo”. Como Pablo, escribiendo a sus queridas comunidades. Esta amistad se ha manifestado de manera práctica y eficaz también en situaciones dolorosas como enfermedades, muertes, problemas materiales… La profundización de la fe, en reuniones mensuales sobre materias vivas (inmigración, feminismo, alternativas económicas, Evangelios, Padrenuestro, etapas de la vida, amistad, Hechos de los Apóstoles, Laudato si’, etc.), reforzadas por encuentros de la comunidad con personas expertas en diversos temas, a menudo testigos significativos (abad Cassià Just, Raimon Panikkar, Cristina Kaufmann, hermano Adrià, Teresa Forcades…). Oración y retiro, para mantener el vigor y fuerza espiritual, con prácticas variadas según las épocas y personas, reuniones de oración, liturgia de las horas, retiros de fines de semana, etc. Comunicación y red con grupos y comunidades (Comunidades Populares, Comunidad de Lindavista, Grupo 17, La Esperanza de Logroño, Arciprestazgo de Cornellà…). El espíritu de fiesta se ha ido desarrollando cada día más a propósito de aniversarios, eventos significativos, salidas lúdicas, vacaciones compartidas, grupo de habaneras, etc. Esta alegría quizás es un reflejo de la auténtica comunidad, como lo era de la primera comunidad de Jerusalén.

Lavar los pies y partir el pan. Lo que sigue identificando y vivificando la comunidad es el servicio que Jesús nos encomendó de manera visible y sobrecogedora lavando los pies, y la eucaristía, que es el signo eficaz de la vida de Cristo, que se parte como el pan para dar a los otros, una “memoria peligrosa”. El compromiso social y político se vive sobre todo en las opciones personales, sociales y políticas de los miembros de la comunidad, pero se concreta y manifiesta comunitariamente en participaciones, algunas de gran intensidad, en asociaciones y actividades diferentes: Acción Solidaria contra el Paro, Coordinadora Contra la Marginación, Tienda Solidaria, Amigos de la Comunidad Nueva Esperanza de El Salvador, etc. Y la comunidad ha sido también sensible a la situación actual de Cataluña, el procés, con diferentes formas de participación, dentro del pluralismo y con una comunicación respetuosa dentro de la propia comunidad. No es, pues, extraño que la eucaristía, que nos arraiga más y más en el compromiso de Jesús, amor hasta el extremo, y en la fraternidad entre nosotros, sea la fuerza y la inspiración de la comunidad.

Un signo luminoso y alentador de todo lo que precede es la muerte de aquel hombre que un día decía “lo que hay que hacer ahora es ir a la mani y no a la misa”. Joan N. García-Nieto, persona de intensa oración y celebración de la eucaristía, que celebraba diariamente con profunda devoción en la parroquia de El Pilar de Cornellà, el día 23 de julio de 1994, en el momento más central de la eucaristía, de un infarto, caía muerto sobre el altar. Nadie se sorprenderá que, desde entonces, la comunidad que se llamaba de Santa María, ahora se llame “Comunidad Cristiana Joan N. García-Nieto”.

Joan N. García-Nieto, todavía

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