Ante el cambio climático: estamos llegando tarde

Ante el cambio climático: estamos llegando tarde

María del Carmen LlasatEn 2016, el Tercer Informe del Canvi Climàtic a Catalunya ya alertaba de los cambios que se estaban produciendo a consecuencia del cambio climático, destacando el indiscutible aumento de temperatura tanto en la parte continental como marítima, la disminución e incluso pérdida de los glaciares y el aumento del nivel del mar. Ante posibles dudas, basten para corroborarlo los siguientes datos.

En 2015 la temperatura anual media en Cataluña superaba el valor medio de los años 1961 a 1990 en más de 1,6ºC. Cabe decir que desde 1994 todos los años ha superado el valor medio de ese período y que si nos extendemos hacia atrás, podemos asegurar que, con excepción de los años 1984 y 1993, siempre ha estado por encima de la media. Concretando para Barcelona, si la temperatura media anual a principios del siglo XX estaba en torno a 14,5ºC, en las primeras décadas del siglo XXI se halla en torno a los 16ºC.

La precipitación anual en el Pirineo catalán está disminuyendo en una proporción del 2,5%/decenio desde 1959. El número anual de días cálidos ha aumentado desde 1950 más de 1%/decenio en toda Cataluña con una tendencia que supera el 3% en algunas comarcas. Lo mismo ha sucedido con las noches cálidas, con tendencias que van del 0,7% al 2% por decenio, y la duración de las rachas cálidas ha aumentado entre el 0,5 y el 3,1%/decenio. La precipitación es más variable y todavía no se detecta una tendencia común y significativa, pero lo más relevante es el aumento de los días consecutivos sin precipitación que en algunos lugares de Cataluña ya alcanza el 2,7%.

Es indudable que la temperatura del mar ha aumentado y también el nivel. En L’Estartit disponemos de una de las series más largas y de calidad de Europa. En 2014 la temperatura media anual de la superficie del mar en la costa situada entre el Cap de Begur y el Golfo de Rosas, superaba en 1,2ºC el valor medio obtenido para el período 1974-2014, y desde 1979, y con excepción de 2011, siempre ha estado por encima del valor medio climático de ese período. En el mismo lugar, el nivel medio del mar está aumentando desde 1990 a un ritmo de unos 3,9 cm/decenio, lo que lleva a que se haya producido un aumento de más de 10 cm desde entonces.

En el mismo informe los escenarios futuros apuntaban a un aumento de la temperatura media de Cataluña en torno a 1,4ºC para el período 1931-2050 comparado con el 1971-2000. Este aumento sería más marcado en la región pirenaica, con unos 1,6ºC, llegando a unos 1,9ºC en verano. De hecho en todo el país la temperatura estival se prevé que aumente más que en el resto de las estaciones del año, con aumentos próximos a 2ºC. La precipitación anual también disminuiría en torno al 6,8% en término medio, pudiendo alcanzar en algunas zonas el 22%.

Así pues, no hay lugar para los escépticos. Estos son sólo algunos datos que hace ya tres años salieron publicados y se pusieron accesibles a toda la población. Desde entonces se han realizado nuevos estudios que no sólo corroboran esas observaciones y estimas, sino que apuntan a una rápida agravación de la situación. Y las consecuencias se propagan a la salud, la agricultura, los recursos hídricos… Son procesos en cadena que pueden tener consecuencias nefastas para la vida en el planeta, cuando no ya las han empezado a tener. Consecuencias que van a afectar a todos, pero que van a ser tanto más graves cuanta menos capacidad de adaptación tengan las personas y sociedades, es decir, los más pobres y vulnerables.

Hace 40 años, en 1979 se celebró la 1ª Conferencia Mundial sobre el Clima, Organización Meteorológica Mundial (OMM) sobre el calentamiento global y cómo éste podría afectar a la actividad humana. Fue la primera declaración que convocaba a los gobiernos del mundo a controlar y prever cambios potenciales en el clima, provocados por el ser humano, que pudieran resultar adversos para el bienestar de la humanidad. Estamos llegando tarde. No podemos esperar ni un día más, ni los gobiernos, ni las personas. No se trata sólo del uso de energías alternativas y el abandono de los combustibles fósiles. No es tampoco un problema simple porque en las medidas que se tomen habrá ganadores, pero también perdedores. Pero está claro que si no hacemos nada, todos acabaremos siendo perdedores, y si no, lo serán las generaciones futuras. Y, sobre todo, no se trata de un problema que otros han de resolver mientras nosotros continuamos nuestras rutinas. Es nuestro problema. Todos estamos llamados a la reflexión,  al cambio personal y a exigir a nuestros gobierno más actuaciones y… menos reuniones.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay 

Para continuar haciendo posible nuestra labor de reflexión, necesitamos tu apoyo.