La almadraba electoral: pescando votos en emergencias migratorias

La almadraba electoral: pescando votos en emergencias migratorias

Pablo Font OportoComo sabrán, la pesca de almadraba es una técnica de pesca muy antigua en la que los peces son engañados a entrar en un laberinto de redes y después capturados de diverso modo. En algunas zonas del mundo se practica algo parecido mediante procedimientos de diverso tipo en que, de alguna manera, mientras algunos pescadores sostienen las redes cerrando el paso, otros hostigan a los peces, conduciéndolos a una encerrona final. Este verano se desataban de nuevo emergencias humanitarias en el contexto de desplazamientos migratorios por el Mediterráneo, y no pude menos que acordarme de esta imagen, que parece simbolizar mucho de lo que está aquí en juego.

Parece mentira que poco más de un año después tengamos que volver a hablar sobre esta cuestión y sus nexos con el populismo (ya lo intentamos en “Salvini en el pretorio: ¿Barrabás o los emigrantes del Aquarius?”). Pero de nuevo lo entendemos procedente para intentar clarificar algunos elementos presentes en esta cuestión.

Para ello, en este caso, nos centraremos en perfilar las importantes diferencias que existen entre tres planteamientos distintos ante los desafíos humanitarios que surgen en el contexto de inmigración clandestina forzada por causas económicas y/o búsqueda de asilo político. En concreto, podríamos hablar de soluciones de emergencia, soluciones de fondo, y no-soluciones.

Respecto a las soluciones de emergencia parecen obvias, y deberían comenzar por la configuración de vías seguras, reales y simplificadas para la inmigración y la solicitud de asilo. Esto inevitablemente implicaría el compromiso de los Estados del Norte en el respeto universal a los derechos humanos, lo que debería comenzar por el cumplimento del deber de socorro en el mar. Como consecuencia, no sólo sería precisa la descriminalización de la ayuda de ONGs en alta mar, sino también la activación de dispositivos de rescate por parte de los países ricos que supuestamente defienden un régimen de Estado de Derecho, así como el fin de la ominosa colaboración con los Estados del Norte de África que no respetan los derechos humanos (incluido el cese de las devoluciones en caliente a dichos Estados). Sólo así se desmotivaría en gran medida a las mafias que extorsionan en muchos casos a los/las migrantes que cruzan el Mediterráneo. Todo ello dentro de una mirada que escape de la deriva securitizadora en la que parecemos instalados. Por nuestra parte, defendemos enérgicamente este tipo de medidas.

En efecto, ya es hora de acabar con la tragedia que desde hace años ha convertido el Mare Nostrum en un auténtico cementerio, ante la apatía generalizada de Europa, cuando no el alarmismo por supuestas avalanchas de hordas dispuestas a invadir nuestro continente. Este relato, que tiene unos últimos beneficiarios de los que hablaremos, es falso e interesado (empezando porque ni son tan numerosos esos sin papeles ni la mayor parte entra por esta frontera Sur, sino por los aeropuertos con visados temporales).

Ahora bien, es fundamental reiterar que esto son sólo medidas de emergencia y transitorias. Porque los problemas a los que responden estos movimientos migratorios son muy complejos y aunque los parches son urgentes, no son suficientes. Por tanto, es importante no quedarnos en un simple buenismo autosatisfecho que calme las conciencias y, de paso, otorgue algunos votos a propuestas demagógicas de cierto progresismo de salón que no se preocupa por el qué pasará después con esos/as migrantes y con los territorios de los que proceden, lo que en ocasiones se evidencia en políticas erráticas, ambiguas o incoherentes.

En este sentido, insistimos en que la respuesta a los problemas que fuerzan esos movimientos migratorios forzados es mucho más compleja y costosa, también (aunque no sólo) en términos económicos. En efecto, existen una serie de razones que justifican la necesidad de buscar soluciones a largo plazo. Algunas tienen su origen en la agitación interesada de algunos de los problemas que supuestamente suponen ya en nuestro continente una inmigración descontrolada y masiva, como son los conflictos culturales, económicos o ambientales. Es imprescindible comprender que no son esas las circunstancias de Europa y sí sin embargo las de muchos Estados empobrecidos que acogen oleadas provenientes de Estados vecinos. Por ejemplo, actualmente tenemos la cifra de refugiados/as mayor de la historia, y en su inmensa mayoría han sido acogidos en otros países del Sur. Las cifras de migrantes económicos y refugiados/as políticos en el Norte enriquecido son ridículas respecto a los trasvases Sur-Sur. Sin embargo, como veremos, la inmigración, en especial la musulmana, es un instrumento de agitación para la nueva extrema derecha populista, por dos motivos. En primer lugar, porque ha hecho (como también una parte de la izquierda, desde la perspectiva opuesta) del discurso cultural su arma predilecta. Y en segundo, por el rechazo al pobre (aporofobia lo denomina Adela Cortina) que concitan los migrantes hacinados en suburbios urbanos o campamentos agrarios.

También se comenta desde ciertos ámbitos que, en algunos casos la inmigración puede utilizarse como excusa para la reducción de las condiciones laborales de los naturales. Esta cuestión está generando en los últimos tiempos un amplio debate en la izquierda sobre un tema, el de la inmigración, en el que parecía existir una consensuada mirada positiva. Ahora bien, ante este argumento, cabe indicar de nuevo, que no sucede generalmente en Europa, donde los/las migrantes no sólo requieren papeles para trabajar legalmente, sino que sólo pueden optar a sectores muy restringidos que generalmente desprecia la población autóctona. De modo que a los migrantes indocumentados apenas les quedan los trabajos clandestinos en sectores desechados por los europeos. Trabajos escasos, dado el riesgo para el empresariado que los contrate; trabajos de esclavo, dada la falta de control de las condiciones de este. Cabe advertir que tras esta bandera de la defensa del obrero/a nacional se agitan visiones nacional-comunistas cuya evolución suele responder a patrones históricamente reiterados.

Como vemos, esas consecuencias negativas que supuestamente afectan a Europa y que se agitan interesadamente desde ciertos sectores de opinión sólo afectarían a nuestro continente. No obstante, si salimos de esa perspectiva ombliguista cabe advertir que los principales problemas de las migraciones indocumentadas son otros. Básicamente, la razón que los impulsa: escapar de la pobreza, el hambre, la inseguridad, la muerte, la guerra, el terrorismo… Se trata, por tanto, de una migración forzada, no realmente deseada. Y a eso se añade un segundo factor: que la emigración desde el Sur empobrecido no soluciona realmente los problemas del Sur empobrecido. En primer lugar, porque no es posible que todo el Sur viniese aquí, dado que la economía global se basa en lo que se conoce como la externalización. Este es el elemento definitivo para poder sostener que, por mucho que queramos, las migraciones forzadas hacia el Norte no son una solución a los problemas del Sur sino una mera vía de escape. Pero este argumento hay que comprenderlo, pues, de nuevo, se utiliza muchas veces como excusa insolidaria, cuando debe ser entendido más bien como un útil ariete crítico.

En efecto, no hay tarta para más gente. No caben más invitados/as. Y además no podría llegar para más. Es decir, el estilo de vida que tenemos en el Norte no sería asumible para el planeta si toda la humanidad lo disfrutase. Es imposible. Precisamente porque nuestras sociedades son lo que se ha dado en llamar “sociedades de la externalización”: primero, nos aprovechamos de los recursos del Sur; después, expelemos allí nuestras excrecencias. Pero el Sur es un convidado de piedra en toda esta historia. No está llamado a participar; ni allí, ni tampoco viniendo aquí. En otras palabras: porque allí viven así, aquí podemos vivir así. Esto es algo que explica con claridad supina Stephan Lessenich en un reciente artículo titulado acertadamente “Fin a la hipocresía colectiva”.

Por tanto, una solución de fondo sería algo colosal, porque aquí está la madre del cordero: cambio de sistema económico, desaparición de los intercambios injustos en los mercados internacionales, control de la actividad de las transnacionales en los Estados donde los derechos humanos no son respetados, precios máximos de los alimentos básicos y prohibición de especulación con ellos, reconocimiento de deudas históricas y ecológicas… Y, sobre todo, un cambio de mentalidad, que supere el paradigma economicista-instrumental predatorio y vaya de la mano de un cambio de forma de vida en el Norte enriquecido. Casi nada. Pero, ojo, los partidarios del decrecimiento alertan: o decrecemos voluntariamente o llegará el fin de este modus vivendi, dada su insostenibilidad natural y social.

Retomemos el hilo de las emergencias humanitarias. Queda hablar de las no-soluciones. Esto es lo que propone la extrema derecha populista: Salvini, Vox, y compañía. No es sólo la mera defensa de nuestro “irrenunciable estilo de vida”, como dice Trump. En el fondo es que, simplemente, a los que propagan estas ideas no les interesa lo que ocurra a esta parte de la humanidad que consideran sobrante. Un ejemplo de ello es la defensa por parte de Vox de la retirada de los fondos de ayuda al desarrollo de los países empobrecidos, simultáneamente a su negativa a acoger a migrantes económicos y refugiados políticos. Por eso hablo de no-soluciones. Porque las emergencias humanitarias generadas por movimientos migratorios forzados no son para esta gente un desafío, ni un problema a resolver. Son sólo una tormenta perfecta para pescar votos. Una excusa inmejorable para poner en marcha la máquina de demagogia electoral, que desde un egoísmo infantil insolidario busca descaradamente el voto de poblaciones insatisfechas, poco informadas, poco formadas y con prejuicios que son además manipuladas mediante postverdad, fake news y desinformación. En suma, populismo. Pero de esto ya hablamos en ese otro post de hace año y pico.

Theodor Adorno ya habló de que la extrema derecha se caracteriza por utilizar la agitación, y ser maestra en el modo de hacerlo. Pues bien, como pueden ver, aquí todo es agitado e instrumentalizado. La población del Norte enriquecido es empujada a hacia las redes del voto por y hacia esa extrema derecha. Parece terrible, y sin embargo hay algo mucho peor: la gente del Sur empobrecido es empujada a las redes del abismo del mar. Huyendo de la miseria y la muerte se internan en un dédalo infernal en el que muchos encontrarán una muerte evitable. La escalofriante duda que surge es: ¿serán mero alimento para la almadraba electoral?

Ilustración de Luis Demano

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