Avalancha de paz (y otros textos)

Avalancha de paz (y otros textos)

Gustavo Duch GuillotAlumnos y alumnas

No recuerdo a quien le escuché contar lo sucedido en aquella aula de instituto donde el profesor dijo:

–Chicos, a medida que acabéis el examen podéis dejarlo en mi mesa e ir saliendo al patio.

Viendo que Paula, en la tercera fila, parecía que había acabado el examen pero permanecía inmóvil, el profesor, riñiéndola dijo:

–Paula, ¿es que no me entiendes? He dicho que a medida que acabéis, que dejéis el examen en mi mesa y salgáis al patio. Entonces, ¿a qué esperas?

Al volver del patio, en la clase siguiente, el mismo profesor dijo:

–Los chicos que os queráis apuntar al equipo de fútbol, levantad la mano.

Paula, que le encanta este deporte, no dudó un segundo en alzar su mano pero ni un segundo pasó cuando el profesor la volvió a reñir.

–Paula, ¿es que no me entiendes? He dicho, chicos, no es un equipo de niñas.

Paula y todas las mujeres, explicó quien no recuerdo, tienen que hacer siempre, constantemente, un esfuerzo especial para saber o intuir si el lenguaje las incluye o no.

 

El paisaje es una pantalla de plasma

En un paisaje de plasma, las olas son aplausos en un estadio, y el mar, plásticos en movimiento.

En un paisaje de plasma, las emociones se fabrican en cadena, en serie. En series.

En un paisaje de plasma, los diálogos son mudos, el contacto, una aplicación y el silencio, un botón.

En un paisaje de plasma, el campo es una hectárea de fútbol. La fruta, el interior de un envase.

En un paisaje de plasma, la esperanza son las baterías. Que también se agotan.

 

Comunitarismo

Si todo sigue así, será terrible, la crisis de la deuda financiera acabará con el euro como moneda única, y con el dólar y el yen como monedas arrogantes. Volveremos a las monedas nacionales que, una a una, también irán pereciendo. Así que no quedará más que recuperar las monedas locales sin ningún valor en bolsa, los bancos de tiempo o cualquier otra forma de trueque humanizado. Sin dinero, será terrible, pues los ricos no serán ricos y los pobres no serán pobres.

Si todo sigue así, cundirá el pánico, se acabará el petróleo y sus derivados que mueven el mundo, y que por todo el mundo transportan toneladas de mercancías. Será terrible, se acabarán los viajes low cost, los alimentos exóticos y lamentablemente volveremos al ritmo perezoso de los animales tirando de carros, las bicicletas a pedales o la vela al viento. Sin gasolina, qué miedo, se correrá menos y se respirará mejor.

Si todo sigue así, se quebrarán muchas empresas transnacionales que han apostado fuerte por la globalización. Sin los pescanovas, campofríos o monsantos de turno, nada habrá en las neveras de los mercadonas o carrefoures. «Cerrado por caos», pondrá en los letreros. Será terrible, ¿qué comeremos sin la industria alimentaria? Suficientes, variados, frescos y sanos alimentos que las redes y las cooperativas sin lucro proveerán de pequeñas y pequeños campesinos.

Será terrible, el sistema se derrumbará completamente arrastrando con él la sanidad y la educación pública, y nos indignaremos con motivo. La vida en las ciudades será complicada. Fábricas vacías, centros comerciales abandonados y los índices del paro subirán y subirán. Sin nada que hacer, se empequeñecerán las ciudades al marchar parte de sus habitantes a los pueblos de antes. Con menos urbanidad y más ruralidad, se ejercerán economías productivas sencillas y sostenibles, se prestarán servicios comunitarios ejercidos por las mejores vocaciones, y la comunidad dará respuestas, calor y alegrías.

Nos esperan muchos más sobresaltos. Será terrible. Los asilos no aceptarán almacenar vejez como restos de serie, y se convertirán en universidades de la recuperación del saber. En el espejo, nos veremos cambiados porque nos reconoceremos mejor. Y en las calles o comedores populares encontraremos amistades, como el que no quiere la cosa, sin darnos ni cuenta.

El fin de un capitalismo nos da miedo porque no sabemos (aún) que sin él inventaremos comunitarismos que nos harán vivir mejor.

(Publicado en No Vamos a Tragar)

(…)

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