¡Por favor! (Nueva carta a Pedro Sánchez)

¡Por favor! (Nueva carta a Pedro Sánchez)

J. I. González FausComo simple ciudadano, quisiera expresarle mi profunda decepción por la política que está siguiendo su gobierno ante los dos barcos cargados de seres humanos en peligro y que vagan por el Mediterráneo sin encontrar la más mínima acogida. Déjeme decirle que esa política tiene tanto de socialista como puede tener Trump de cristiano o Casado de independentista. 

Por supuesto, sé que la cosa es enormemente complicada y difícil. Pero antaño, cuando la dictadura del dinero no nos había acostumbrado a argumentar que las cosas no tienen remedio, circulaba entre nosotros un refrán que reza: “A grandes males, grandes remedios”. Y eso es lo que habría que intentar ahora, en lugar de incurrir otra vez en la acusación de Bob Dylan y volver la cabeza, mirando para otra parte. Porque eso es, en definitiva, lo que hace su gobierno echando mano de argumentos jurídicos cuando se trata de algo más que una cuestión de derecho: se trata de una cuestión de elemental humanidad y de ética mínima.

Si en esos barcos viajaran algunos hijos o hermanos suyos, estoy seguro de que haría usted lo imposible para salvarlos como fuera. Pues bien: para un auténtico socialista, todo ser humano es un hermano nuestro. Y ver cómo hemos perdido esa verdad elemental es lo que de veras me duele. ¿No le inquieta a usted nada escuchar el aplauso del señor Casado a su política? Pues sinceramente no lo comprendo.

Sé que entre usted y el Pablo Iglesias de hoy hay una serie de diferencias que podrán ser comprensibles por todo eso de nuestros egos y nuestra pasta humana. Pero quiero añadir que hay mucha más distancia entre usted y el Pablo Iglesias de ayer (el fundador del PSOE). Y esto, sinceramente, lo lamento mucho. Porque, si usted dijo hace muy poco que prefiere perder a renunciar o traicionar sus convicciones, nos está diciendo ahora que el salvar a esos cientos de personas no forma parte de sus convicciones.

En algo tiene usted mucha razón: sin duda alguna, es mucho mayor el escándalo del resto de la UE, que hoy ya no merece ese nombre sino el de DE (Dictadura Europea) y que está pagando hoy lo que decía aquel viejo refrán: “La avaricia hunde la barca”. Hasta el papa, a quien usted no considerara persona muy de izquierdas, ha mostrado públicamente su preocupación por los elementos hitleristas que encuentra en el discurso del señor Salvini. Pero la historia de Europa ya nos enseñó que, cuando aparece un Hitler entre nosotros, nos hitleriza un poco a todos. Y estamos ahora todos como hace 60 años, cuando decíamos que no, que con Hitler no había para tanto, que ya se le pasaría… Y cuando nos dimos cuenta ya no quedaba más remedio que una guerra mundial, que supuso muchos más muertos de los que había asesinado el loco de Hitler mientras nosotros mirábamos para otro lado.

Le decía antes que, a grandes males grandes remedios, y encontrarlos debería ser tarea de su gobierno. En el país que usted preside hay fortunas que sobrepasan las decenas de miles de millones de euros, es decir, que poseen mucho dinero que no es suyo, porque según la ética más clásica, cuando una persona tiene suficiente y dignamente cubiertas todas sus necesidades, lo que le sobre ya no es suyo sino que pertenece a quienes lo necesitan para las más elementales necesidades humanas: para sobrevivir, en este caso. ¿Es entonces tan absurdo imaginar algo así como una expropiación de unos mil millones, con la cual se creara una fundación para atender a esos refugiados? Y esto es solo un ejemplo. Personas más creativas que yo, seguro que sabrían encontrar otros. Corre por ahí un anuncio que echa mano de aquel refrán de “querer es poder” para incitar al consumidor a satisfacer todos sus caprichos y sentirse orgulloso por ello. ¿Ha de valer ese refrán a la hora de ser egoístas y no a la hora de ser humanos y solidarios? Solo el nazismo económico en que vivimos nos impide percibir esto.

Claro que todo eso supondría también un cambio de su política respecto a la Unión Europea. Si Salvini u Orban se han convertido en un incordio para Europa por el lado del egoísmo y la xenofobia, usted debería convertirse en otro incordio por el lado de la humanidad y de la solidaridad, en vez de pretender ser algo así como el salvador de un espectro pseudoeuropeo. Ya sé que le argüirán con el “efecto llamada”. Pero el efecto llamada lo creamos nosotros mismos con nuestras “políticas” en África, en Libia, en Arabia Saudí o en Siria. Y con ese otro espectro llamado ONU, que no quisimos reformar a su tiempo y que se ha convertido en un juguete de todos los poderosos en lugar de ser un freno para sus ambiciones…

En fin, ¿qué más le voy a decir? Sólo que no cuente usted con mi voto.

Imagen extraída de: Cadena Ser

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