Carta a Pedro Sánchez de un ciudadano decepcionado

Carta a Pedro Sánchez de un ciudadano decepcionado

J. I. González FausQuerido señor Presidente:

Si he de identificarme le diría que soy alguien a quien las derechas tacharían de populista, chavista, comunista, enemigo de España y demás sambenitos. Y que, en los últimos blogs, critiqué varias conductas de Pablo Iglesias: sin juzgar a su persona, nunca acabó de inspirarme confianza y me daba sensación de actuar movido por esa estúpida vanidad de la que tanto nos cuesta desprendernos y que le llevaba a confundir el diálogo con el chantaje. Creo oportuno decirle esto dado que las críticas que van a seguir se dirigen directamente a usted. Y como sé que no estaré al corriente de todos los detalles, me limitaré a argumentos que le he oído dar estos días y que a veces me parecieron sofismas.

1.- Proclamó usted en el Parlamento que antes que renunciar a sus principios y convicciones prefería la derrota; y esa proclama cosechó sonoros aplausos de los suyos. Pero, señor presidente: ese es un argumento ejemplar cuando se trata solo del destino personal (conozco gentes admirables que se han jugado la carrera por no colaborar con una injusticia). Pero, cuando está en juego también el destino de un país, ese argumento ya no sirve: porque vale también para todos los demás, y es como una invitación a que nadie ceda por fidelidad a sus principios y que el país se quede colgado. Usted debe conocer aquel dicho de la lógica más clásica: “Lo que prueba demasiado no prueba nada” (Quod nimis probat nihil probat)… A menos que quisiera insinuar que usted no cedía por honradez personal, mientras que los demás no cedían por puro egoísmo. Pero comprenda que, pensar así, sería un poco fariseo.

2.- Añadió usted que España necesita un gobierno firme y estable. Permítame decirle que eso me parece otro sofisma interesado. España es hoy un país dividido e incapaz de dialogar (y los que más apelaban al diálogo, desde Rajoy a Puigdemont, entendían siempre que diálogo es que el otro haga lo que yo digo). Pues bien: un país dividido e incapaz de dialogar necesita un gobierno plural y capaz de llegar a acuerdos.  Me temo, pues, que esa idea de la necesidad de un gobierno firme y estable merece hoy salir del Parlamento tanto como Franco merece salir de Cuelgamuros… No sé si algo de lo ocurrido en Portugal podría servirles de ejemplo a todos.

3.- Me parece también un tiempo inútilmente perdido su obsesión por conseguir la abstención del PP y Ciudadanos. ¿Es que no les conoce todavía? Valdría aquí aquella frase de Jesús de Nazaret: “¿Tanto tiempo con vosotros y aún no me conocéis?”. Recuerde por favor su “No es no” en el 2016. Y aunque allí al final tuvieron ustedes la elegancia de ceder, creo que el saber ceder es una cualidad más propia de las izquierdas que de las derechas. Esa ceguera suya tan obstinada no la entiendo. Ojalá me equivoque.

4.- Cuando Unidas Podemos rechaza los ministerios que ustedes le ofrecían a cambio de los que ellos pedían, porque los consideran de segunda clase, ustedes responden que todos los ministerios son de igual importancia y que, en su gobierno, no hay ministerios de segunda clase. Con lo que el ciudadano se pregunta: pues, si es verdad que todos los ministerios son de igual calidad, ¿por qué no les dan los que pedían? Y conste que eso es distinto de si Unidas Podemos hacía bien en pedir lo que pedía, cosa que ya critiqué aquí mismo en otro escrito. Es solo que otra vez parece aquello de “lo que prueba demasiado no prueba nada”.

5.- Finalmente, y aunque de esto entiendo menos, no he acabado de comprender su respuesta a la última propuesta de Unidas Podemos de solo gestionar las políticas de empleo sin ningún ministerio. Decir que eso lo tienen transferido las comunidades autónomas solo puede significar que ya le tocará a Unidas Podemos entenderse con ellas, como le toca hacerlo al PSOE. Porque, a pesar de todo, el reparto proviene del gobierno central. En fin, quizás esto último es más una pregunta que una crítica.

Querido señor Sánchez: no quiero juzgar a las personas porque no estoy autorizado a eso. Pero sí debo juzgar sus actuaciones, sobre todo si van a pedir mi voto. Y como la vicepresidenta afirma que el diálogo de ella con Unidas Podemos está roto, le propongo otro camino: dicen los medios que ha habido gente tanto del PSOE como de Unidas Podemos que no comparten la postura de sus respectivos partidos en este punto. Algunos de ellos, nombres ilustres como el señor Garzón. Pues bien, le propongo que sean ellos quienes lleven a cabo el diálogo de aquí a septiembre. Y que, salga lo que salga de esas conversaciones, los ciudadanos tengamos por escrito las propuestas que se hicieron y las respuestas que se dieron. Porque estos días resultaba cómico oír las versiones que daban de su actuación, tanto el PSOE como Unidas Podemos. Algún cura viejo podría explicarles que siempre que ha oído versiones de enfrentamientos: entre parejas, hermanos, familias y otros grupos, tenía la impresión de que unos y otros estaban hablando de historias distintas y, sin embargo, ambos hablaban de la misma historia. Esa es nuestra pasta humana y por eso necesitamos siempre pruebas escritas (o grabadas) y no versiones orales. Y puedo anticiparle ya hoy que, si en noviembre hay nuevas elecciones, iré a votar porque es mi deber ciudadano, pero votaré en blanco.

Nada más, querido señor Sánchez. No he pretendido molestar sino ayudar a mis conciudadanos. Cuento con su perdón si no he sabido hacerlo.

Imagen extraída de: Wikimedia Commons

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