Godless: solo donde hay comunidad puede haber salvación

Godless: solo donde hay comunidad puede haber salvación

Xavier CasanovasEn plena conquista del oeste americano, un pequeño pueblo sobrevive en su día a día habitado solo por mujeres. ¿Dónde están los hombres? Murieron todos en un accidente en la mina donde trabajaban dejando viudas y huérfanos a merced de la voluntad de Dios, o de su ausencia. En este pueblo se refugia un joven misterioso que escapa de la banda de bandoleros y malhechores entre los que vivía. El jefe de la banda, un híbrido entre predicador, salvador de almas perdidas y demonio encarnado, lo busca para matarlo. Este es el argumento de una miniserie de Netflix que ha pasado quizá sin pena ni gloria, pero que, bajo la apariencia de western de toda la vida, esconde una lectura auténticamente dovstoievskiana, intentando responder a esa gran pregunta: si Dios no existe, ¿todo está permitido? Y añadiría, si Dios no existe, ¿a quién o qué fiamos nuestra salvación?

Y a partir de aquí os recomiendo ver primero la serie o seguir leyendo previa alerta de spoilers. Aviso a navegantes: violencia a raudales en uno de cada diez fotogramas, como sería probablemente el auténtico oeste americano. Huelga decir que el género western nos permite una de las ficciones más sugerentes: la idea de la vida sin ley, o de otro modo, imaginar un orden social donde la ley del más fuerte es ley divina. Solo así nos damos cuenta de como el derecho -y no la técnica- ha sido probablemente la conquista más importante de la humanidad. Eso sí, siempre que éste no sea meramente formal y, efectivamente, proteja el débil contra el fuerte.

Pero la reflexión interesante, en este caso, es la sociológica: ¿qué alternativas tiene el individuo para salvarse -y aquí la salvación no es en clave divina sino explícitamente terrenal- cuando la más mínima instancia que podría protegerlo desaparece? Ciertamente dos: la primera es tratar de hacerse más fuerte que el mal que le persigue. La contradicción radica en que, si el mal puede llegar a ser infinito, no hay fortaleza infinita que quepa en la contingencia y limitación de un solo individuo. Esta salida, que se nos muestra en la serie claramente masculina, es fallida desde el momento cero. Y así se refleja en la serie: todo protagonista que busca o bien salvarse solo, o bien tomarse la justicia por su cuenta, termina irremediablemente muerto. Es más, cuando más convencido se muestra de su autosuficiencia, más rápidamente se lo cargan. Esto lo sabe el antagonista principal, Frank Griffin -un Jeff Daniels sublime que justifica él solo el visionado de la serie-, pues incluso para hacer el mal hay que rodearse de buena compañía. Y ni siquiera el malo cabalga solo.

Probablemente este sea el elemento más interesante de la serie. Frank Griffin, con retórica de pastor y actitud de salvador de almas, se dedica a recoger los perfiles más oscuros que va encontrando por el camino. Niños huérfanos, jóvenes descarriados, toda una fauna de excluidos que, abandonados a su suerte, encuentran calor y acogida en los planes oscuros y escabrosos de un personaje que se cree iluminado por Dios. Los planes de este grupo no se nos llegan a explicar, pero sí vemos cuáles son sus medios, y la retórica que se utiliza para justificarlos. Frank Griffin utiliza una serie de frases de corte bíblico, extraídas de un libro que no llegamos a saber cuál es, y que suponen todo un estilo de vida libre, despreocupada por las adversidades de este mundo -¡lo importante es salvar alma!- y que llegan a justificar el simple asesinato como un favor a la persona muerta. Se le ahorra el trance de tener que seguir transitando por esta vida. Queda claro que, en ausencia de un Dios, hay que quieren ocupar su lugar y seguro que lo consiguen para desgracia de muchos. Incluso Frank Griffin se muestra completamente impasible en toda escena violenta y de acción, recordando a todos que él “ha visto su muerte y no será de esta manera”. Una afirmación que le da un aura de profetismo y divinidad y que, en el último capítulo, será contradicha por los hechos, recordándonos que vivir sin Dios es una desgracia, pero más aún lo es creer que alguien puede otorgarse palabras divinas.

Volvemos al pueblo. Hablábamos de la posibilidad de salvación individual frente a la ausencia de ley y amparo. Hay, evidentemente, una segunda salida, y esto lo saben muy bien las mujeres, la comunidad que se organiza y busca responder como puede y torpemente a las adversidades. Y no imaginamos una comunidad bien avenida y fraterna, es una comunidad contingente, a quien la vida por desventura les ha llevado a cubrirse las espaldas las unas a las otras, aunque muchas no lo quieran así. Significativamente, la comunidad se dedica a construir la iglesia del pueblo durante toda la serie, y, cuando una de las protagonistas, enfadada, se da cuenta de que no tiene razones suficientes para romper con las otras, vuelve, coge martillo y clavos, y se pone a construir con el resto los últimos tablones de una tabla de salvación que es, no la iglesia que construyen, sino la comunidad de mujeres que se amalgama día a día y hace de esta resistencia verdadera salvación eterna.

Así pues, a diferencia del resto de personajes que van apareciendo en la serie, la mayoría hombres, sobradamente preparados, con un gran dominio de las armas y el manejo de los caballos, es esta comunidad de mujeres frágiles las que acaban venciendo el mal cuando se les presenta. Mujeres que no habían tocado una escopeta en su vida, que a fuerza de trabajar juntas y de resistir, de cuidarse y de soportar las manías y pequeñeces las unas a las otras, acaban completando el vacío de un mundo sin hombres y sin Dios. Incluso las mujeres más valientes y acostumbradas, las que sí han disparado más de una vez, no buscan sino poner estas capacidades al servicio del resto de mujeres del pueblo.

La serie tiene muchos elementos que darían para alargar este artículo. Una lectura racial basada en la realidad del pueblo vecino donde viven solo negros libres, y os adelanto que esta libertad, la pagarán cara. Incluso un guiño a las fake news con un periodista de diario que juega un papel clave en la difusión de noticias para hacer avanzar la trama.

Reconozcámoslo, nuestra sociedad actual se parece cada vez más en el oeste americano. La ley del más fuerte se abre paso y gana terreno cuando vivimos obsesionados solo en lo que pueda ser de nosotros -como mucho lo ampliamos al campo familiar- y retrocedemos muchas pantallas en nuestro estadio de civilización cuando el día a día se vuelve una búsqueda continua de salvación individual en cada esquina. Como si no hubiera Dios -¿podemos vivir, hoy, de alguna otra manera?- fiamos nuestra alma al primer ídolo o líder que nos vende una salvación demasiado barata. Pero si algo podemos aprender, incluso de historias como ésta, y es necesario que nos quede bien claro, es que solo donde hay comunidad fraterna podrá haber, algún día, verdadera salvación.

Imagen extraída de: Netflix

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