Ciudades: espacios de resistencia y motor de cambio

Ciudades: espacios de resistencia y motor de cambio

Suso LópezDe un tiempo a esta parte, se habla, se teoriza y se escribe mucho sobre las ciudades. Esta emergencia del debate sobre el presente y el futuro de las urbes no es casual ni mucho menos baladí. El papel de centralidad en el orden global del que gozan las ciudades en estos momentos tiene mucho que ver con su crecimiento constante con respecto al peso demográfico. Datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) indican que, a día de hoy, más del 54% de la población del mundo ya vive en ciudades que están por encima de los 300.000 habitantes y, si nos centramos sólo en los EE. UU., este porcentaje sube hasta el 82%. Y la tendencia es al alza. Según la UNFPA, en 2050 la población residente en entornos urbanos en todo el mundo se situará en torno al 70%.

Así pues, tal y como apunta Sergi Picazo en “Rebelión urbana”, el artículo que sirve de introducción al dossier Ciutats que edita Crític, “lo urbano será el espacio de batalla de los próximos 20 años”. Este papel de las ciudades como motor de cambio y transformación, sin embargo, no es exclusivo de ahora. Históricamente, las ciudades han sido escenario de confrontación y protesta y han devenido protagonistas de buena parte de las transformaciones vividas y esto sigue siendo así. Se erigen, en palabras de Saskia Sassen, en “espacios de confrontación activa” donde nacen movimientos sociales que ponen en el centro el combate contra los grandes desafíos presentes y futuros: la amenaza del cambio climático, los discursos de odio que invocan las fuerzas de ultraderecha y la pérdida de la identidad de las ciudades en favor de las “ciudades-mercado” que contribuye a un aumento notable de las desigualdades y a convertir todo lo que las conforma (vivienda, espacio público, tiendas, bienes comunes como el agua o la energía e, incluso, a los propios vecinos y vecinas) en mercancías al servicio del capital.

En este contexto de un mundo más urbano que nunca y con evidentes amenazas latentes, se celebran las elecciones locales del 26 de mayo. Lo local se convierte en “espacio desde el que se pueden ofrecer respuestas adecuadas a la diversidad y los nuevos retos emergentes”, plantea Joan Subirats en El poder de lo próximo. Y es aquí, en la proximidad, y con la voluntad de construir soberanías desde el ámbito local y de reconquistar el “derecho a la ciudad”, en términos de David Harvey, donde se sitúa el municipalismo, un movimiento con una larga tradición a la espalda en Cataluña y en todo el Estado, que es pieza clave en este necesario proceso de re-apropiación urbana. “Si tomamos las instituciones que resultan más inmediatas y las convertimos en ámbitos de decisión directa, podemos hacer realidad una democracia digna de tal nombre”, recoge el libro La apuesta municipalista. La democracia empieza por lo cercano editado por el Observatorio Metropolitano de Madrid.

El ciclo electoral municipal de mayo de 2015 situó el municipalismo en el centro y con un protagonismo inédito en los últimos treinta años con la llegada al gobierno de decenas de ciudades de proyectos inspirados o netamente nacidos de este movimiento. Barcelona, ​​Madrid, Sabadell, Badalona, ​​A Coruña, Oviedo, Cádiz, Valencia, Compostela, Palma, Iruña, Zaragoza, entre otros, son ejemplo de ello. Cuatro años después, con aciertos y desaciertos, con ilusiones y desilusiones por el camino, el municipalismo tiene ante sí un nuevo “examen” y son muchos los ojos que lo miran como faro para mantener el pulso ante los vientos reaccionarios que soplan todo el planeta. “Sí, hay una oportunidad. Sí, hay una pequeña rendija. Ustedes, los poderosos, tienen un problema, y ​​ese problema se llama ‘elecciones municipales'”, afirmaba Sergi Picazo en el artículo de apertura del número 151 de la revista Carrer que edita la Federación de Asociaciones de Vecinos y Vecinas de Barcelona.

Las elecciones municipales de 2019 deberían ser un paso más para conseguir, desde el municipalismo, hacer de las ciudades espacios de resistencia y resiliencia ante el autoritarismo y las más duras expresiones de un modelo neoliberal hegemónico que lleva el planeta al colapso. Las ciudades como dique de contención de unas desigualdades crecientes, de una precariedad laboral asfixiante y de las constantes amenazas a derechos fundamentales como el disponer de una vivienda digna. También como espacios que frenan el avance de los efectos del cambio climático y que se convierten en luz entre la oscuridad de una Europa y un mundo que, a menudo y en todas partes, se oscurecen por culpa del crecimiento de la ultraderecha.

Pero, sobre todo, el municipalismo tiene que hacer de las ciudades espacios de construcción de alternativas y de generación de redes de apoyo mutuo, a nivel estatal o global, pero especialmente en clave metropolitana. La defensa de los bienes comunes y la apuesta por hacer partícipe a la ciudadanía de su gestión y la asunción de los valores del ecologismo, la economía solidaria y los feminismos como paradigma para las políticas públicas son fundamentales para hacer de las urbes espacios donde podamos vivir vidas dignas de ser vividas. “Para mí la clave es articular la agenda en torno a la sostenibilidad de la vida. ¿Qué podemos hacer para garantizar condiciones de vida dignas para las mayorías sociales (…) en un planeta agotado y con un calentamiento global irreversible?”, nos recuerda Yayo Herrero en El Salto.

Por último, hay que tener presente que el hecho de reapropiarnos de los entornos urbanos, el llenar de contenido la idea del “derecho a la ciudad” como espacio donde vivir vidas dignas, y las prácticas y la construcción de proyectos municipalistas va mucho más allá de lo que implican y representan estas elecciones municipales. Es una carrera de fondo, como nos recuerda Montse Santolino: “Trabajar hoy para construir ciudades contrapoder tiene más que ver con vivir o hacer reuniones o comer menús en los barrios donde viven los inmigrantes que con hablar de interseccionalidad o de luchas compartidas en Twitter”. O lo que es lo mismo: tiene mucho que ver con picar piedra cada día siendo conscientes y respetando las múltiples ciudades que hay dentro de una misma ciudad.

Imagen de ShonEjai en Pixabay 

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