Europa necesita una nueva generación de demócratas europeos

Europa necesita una nueva generación de demócratas europeos

Javier ArreguiLas próximas elecciones al Parlamento Europeo (PE) nos confrontan una vez más con la historia. Si asumimos un mínimo de perspectiva histórica, el proceso de integración europeo ha supuesto logros muy importantes. Pocos recuerdan que la paz experimentada por Europa en los últimos 70 años (y como consecuencia su bienestar económico y social) es una excepción más que una norma en la historia de Europa. Sin duda, este es el logro más importante que ha posibilitado conseguir otros logros también significativos tales como cultivar una identidad compartida, integrar la diversidad cultural, crear intereses económicos y de seguridad comunes, así como institucionalizar valores imprescindibles como la democracia, la igualdad de oportunidades, la libertad política, el estado de derecho y el respeto de los derechos humanos. Todo ello es, sin duda, consecuencia de una Europa unida y de un proyecto político compartido. Es preciso tener presente todo ello y ponerlo en valor.

Las elecciones al PE nunca han contado con un beneplácito (amplio) de la ciudadanía europea. Esto se hace patente en el hecho de que desde 1979, cuando se celebraron por primera vez elecciones al PE hasta las últimas elecciones europeas en 2014, la participación a dichas elecciones ha ido disminuyendo elección tras elección, pasando del 62% en 1979 hasta el 42% en 2014. Si nadie lo remedia (miro a los políticos, medios de comunicación y a la propia ciudadanía), esta tendencia continuará descendiendo. Este es posiblemente el mejor indicador de la decadencia a la que se enfrenta Europa en estos momentos. La falta de interés público y mediático en lo que hoy día son las elecciones más importantes que se celebran en los estados miembros de la Unión refleja, posiblemente, la debilidad y las carencias del sistema político en el que estamos inmersos y del que ni siquiera somos conscientes.

Con las próximas elecciones al PE comenzará un nuevo ciclo político en Europa que marcará el ritmo de la Unión y el destino político, económico y social de los países que integran dicha Unión durante muchos años. Los países de la UE se enfrentan en este momento a grandes desafíos políticos, económicos y sociales. El mayor desafío político consiste en democratizar más las instituciones de la UE para que estas puedan operar de un modo más cercano al ciudadano. Además, en este momento existen temas políticos de enorme envergadura: la implementación de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, poner el Acuerdo de París (contra el cambio climático) como máxima prioridad política o la adopción de política inclusivas que  disminuyan los crecientes niveles de desigualdad que ayuden a integrar también a inmigrantes y refugiados. Además, existe en todos los países de la UE un estancamiento en la productividad y una disminución de la competitividad en relación a terceros países. Estos procesos de transformación macroeconómica pueden ser invisibles para la mayoría de los ciudadanos, pero apuntan a economías más débiles, estándares de vida menores y mayores niveles de desigualdad. Expertos en la UE llevan tiempo advirtiendo sobre estos cambios e instando a coordinar más y mejor las políticas entre estados, a reforzar el euro y a conseguir una mayor cohesión entre las naciones más ricas y las menos ricas. Europa tiene que ser más social y democrática o no será, esto es, se romperá.

Además, las elecciones europeas son cruciales para la política nacional. Esto es así por una variedad de razones. En primer lugar, desde el año 2012 que es cuando se estableció el Semestre Europeo (el mayor cambio institucional y político que ha sufrido el proceso de integración de la UE desde su  fundación en 1957, y que, sin embargo, ha pasado y sigue pasando bastante desapercibido para la opinión pública) los gobiernos de los estados de la Eurozona ya no tienen control sobre el presupuesto nacional, sino que son Ecofin (los ministros de Finanzas del Consejo) y la propia Comisión Europea quienes tienen que dar el visto bueno a las políticas macroeconómicas y presupuestarias de los estados. Todo ello tiene repercusiones directas en el resto de políticas que implementan los estados: desde las políticas sociales y redistributivas hasta la eficiencia de las políticas contra el cambio climático. Además, desde el sistema político de la UE se regula el mercado europeo, y las políticas regulativas son las políticas que en mayor medida producen ganadores o perdedores dentro de un sistema económico. Dicho de otro modo, las políticas regulativas junto con las políticas macroeconómicas suelen ser las responsables directas o indirectas de los crecientes procesos de desigualdad que se están dando en los estados de la UE. Además, hoy día,  aunque los estados pueden introducir leyes domésticas, siempre han de estar sujetas al marco normativo europeo y, en este sentido, las decisiones nacionales suelen ser bastante dependientes de las decisiones que se adoptan en la UE. Por tanto, la política que se hace en la UE ya no es política internacional, es política doméstica y tiene un impacto significativo en todas las áreas políticas, económicas  y sociales de cada país de la UE.

Sin embargo, uno tiene la sensación de que pocos votantes realmente conocen lo que realmente está en juego en estas próximas elecciones al PE. Más allá de lo que digan los políticos de turno que se presentan a las elecciones y el deteriorado sistema mediático que es incapaz de proporcionar información sustantiva y de calidad y/o formatos efectivos donde se confrontan ideas y proyectos políticos de futuro, las próximas elecciones al PE son posiblemente las más trascendentes en la historia reciente de la UE en la medida en que, por un lado, nos enfrentamos a una serie de problemas y desafíos de enorme magnitud (democratizar la UE, cambio climático, políticas de inmigración o problemas de desigualdad y pobreza para crecientes sectores de la población), y por otro lado, nos enfrentamos con una fuerte oposición a la construcción europea desde posiciones claramente populistas e involucionistas. Esta es la primera vez que existe en la historia reciente de la UE una amenaza seria en este sentido.

Es por ello, que Europa se encuentra en este momento en una encrucijada. David Cameron (en la campaña para el referéndum del Brexit) sugirió que el Brexit podría resultar en inestabilidad en Europa. Este argumento fue descartado como sensacionalista y, posiblemente, lo era. Europa no volverá de un día para otro al uso de la fuerza como antaño. Sin embargo, si se puede producir un lento declive en sus instituciones, cambios en las identidades y valores compartidos y determinadas corrientes u opciones políticas internas que perciban que la UE ya no sirve. Es posible que hayamos empezado este camino. Las fuerzas políticas que conforman en este momento los países europeos y también la política europea cada vez se parecen más a estas que existían en la política de principios del siglo XX. De hecho, las actuales democracias no liberales de Hungría, Polonia o Italia no tienen intención de abandonar la UE, más bien lo que pretenden es reformar la UE a su imagen y semejanza. La retórica de los líderes políticos de esos países intenta que lo que ellos llaman los “valores europeos” se transformen en una visión no liberal de la política donde, por ejemplo, no haya división de poderes. Estas ideas suponen un ataque directo a lo que es y representa la UE. Si a esto añadimos lo desinformados que andan los ciudadanos como consecuencia de la calidad tan restringida de los medios de comunicación, de la desinformación digital, de la erosión y desconfianza en las instituciones políticas o de la incapacidad de los políticos para motivar y alentar debates públicos de calado, las perspectivas sobre la UE, en estos momentos, no son las mejores.

Necesitamos unidad de acción contra aquellos que se oponen a los valores democráticos y al estado de derecho que de momento todos disfrutamos en la UE. Además, el problema no sólo está en los partidos populistas, en el contexto internacional las dictaduras desafían cada vez más a las democracias liberales. Por ejemplo, el régimen chino está construyendo una dictadura digital distópica que cada vez concentra más poder en pocas manos. El régimen ruso contamina continuamente la realidad con campañas de desinformación contra las democracias europeas con el objetivo de socavar el normal funcionamiento de las mismas. La UE necesita una nueva generación de demócratas que haga frente a este tipo de adversidades. El futuro está en juego y comienza ahora. Es necesario votar el próximo 26 de mayo y hacerlo con sabiduría.

Imagen de PeterBe en Pixabay 

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