Fascies ad portam

Fascies ad portam

Bernardo Pérez Andreo. [Rara Temporum] Uno de esos dichos que escuchaba a mi abuela era “lo mucho amansa y lo poco espanta”. Es decir, que un hecho es impactante según el grado en que se muestra. En los años cincuenta, un escote de mujer podía provocar reacciones febriles en el público masculino; hoy, un desnudo apenas impacta. Es más, tiene el efecto de ‘amansar’ a las fieras. Me viene esta imagen cuando veo lo que sucede con el aumento de los niveles de CO2 en la atmósfera este año: estamos rompiendo todos los récords previos y ya no somos capaces de predecir hasta dónde podremos llegar. El quince de mayo llegamos a 415.70 partes por millón (ppm) de CO2 en la atmósfera. Es un dato que puede no decir mucho a quien no esté familiarizado con estas mediciones, pero si miramos el histórico de CO2 nos damos cuenta del valor relativo que supone. Desde que se toman registros en el observatorio de Mauna Loa, en Hawai, hemos aumentado desde el nivel de 300 ppm en 1958, cuando Keelling comenzó con las observaciones, hasta los 415.70 de este mes de mayo. Eso supone que en tan solo 61 años ha aumentado más del 33%. Si miramos la imagen que acompaña este escrito lo vemos como una recta que sube vertiginosa en muy poco tiempo, en términos geológicos es apenas un minuto, pues si lo comparamos con los 800 mil años anteriores, de los cuales tenemos datos por el CO2 atrapado en los hielos árticos, vemos cómo la oscilación siempre varió entre niveles muy bajos de unos 170 ppm, que coinciden con las eras glaciales, y los niveles máximos que nunca superaron los 300 ppm, en las eras de clima cálido. Es decir, que hay una relación directa entre glaciaciones y niveles bajos de CO2, y entre climas cálidos y niveles moderados de CO2. Sin embargo, y la gráfica habla por sí misma, en los últimos 60 años hemos entrado en terreno desconocido, pues nunca antes se tiene constancia de niveles de CO2 que superen las 400 ppm y, paradójicamente, esto no está suponiendo ningún problema mediático, social o político. “Lo mucho amansa”, nos hemos acostumbrado a las noticias del cambio climático como quien ve llover.

Los científicos del IPCC llevan unos años dando la voz de alarma: de seguir con este aumento progresivo de los niveles de CO2, a finales de este siglo habrá un aumento medio de las temperaturas de más de 2ºC respecto a las temperaturas medias preindustriales. Este es un dato extremadamente optimista, pues ya hoy hemos superado los 0.6ºC de aumento y el efecto del CO2 es acumulativo, con lo que de seguir la progresión, será en 2050 cuando se alcancen los 2º y en 2100 podrán ser más de 4º y hasta 7ºC de aumento. Lo que sucede es que dicho así, asépticamente, no tiene ningún significado para la gente. Hay que traducirlo en efectos para la vida. Basta con imaginar los efectos que esta leve subida de 0.6ºC está produciendo y que estamos observando en nuestra vida diaria para hacerse una idea aproximada de lo que nos espera. En España, por poner un ejemplo, en los últimos 30 años ha aumentado el verano en cinco semanas, los episodios de lluvias torrenciales y de sequías se han multiplicado y las temperaturas extremas se ven con más frecuencia. En Murcia, por no ir más lejos, las olas de calor hacen insoportable el verano, con noches tropicales que se hacen insoportables durante muchas semanas.Y eso solo con este leve aumento. Los niveles de CO2 aumentan a un ritmo de 2.7 ppm al año. Si lo extrapolamos a 2050 nos da un resultado de 495 ppm de CO2. Este dato debería ser aterrador, porque supone un desquiciamiento del sistema climático tal y como lo conocemos, es decir, es imposible predecir la respuesta del clima a estos niveles de CO2, pues, además, los cambios no son lineales, sino que casi son exponenciales, por la retroalimentación con otros elementos del clima. El metano es un gas que tiene 20 veces más poder de efecto invernadero que el CO2 y el calor de la atmósfera está consiguiendo que el metano encerrado en sus cárceles de hielo, tanto en el fondo marino como en el permafrost, se esté empezando a liberar. Los océanos llevan décadas asumiendo parte del calor de la atmósfera, pero llegará un punto en el que dejarán de retener calor para contribuir a ello. Si todo esto se produce, 2050 será un buen momento para no estar presente en el Tierra.

A pesar de que todo esto es bien conocido por los científicos, los seres humanos seguimos viviendo, consumiendo, produciendo, desperdiciando como si no hubiera un mañana, así de literal. El impulso hedonista que nos tiene sometidos no nos deja ver que la música va a dejar de sonar pronto y no habrá sillas para nadie. La inconsciencia y la irresponsabilidad se han adueñado del medio social de tal manera que nada que se diga puede tener efecto, porque no se trata de tomar medidas individuales, sino que ya, perentoriamente, han de ser estructurales, y por tanto políticas de calado, globales y urgentes. En España se deberían tomar las siguientes medidas en los próximos cuatro años para que el efecto sobre nuestro país no sea lo letal que se prevé:

1. Restricción del uso de coche particular en un 80%.
2. Aumento del transporte colectivo hasta alcanzar el 80% de todos los desplazamientos.
3. Restricción al uso del avión como medio de transporte habitual.
4. Prohibición del uso de plásticos para envases no retornables.
5. Volver al vidrio retornable obligatorio.
6. Plan para aislamiento de viviendas para ahorro energético.
7. Prohibición de producción y venta de productos de baja calidad y ciclo de vida rápido.
8. Eliminación de la obsolescencia programada.
9. Obligatoriedad de la reparación de todos los electrodomésticos.
Se podría ampliar la lista, pero estos son los más urgentes. Si en cuatro años somos capaces de implementar estas 9 medidas, es posible que en los diez años siguientes consigamos evitar nuestro colapso como país, de lo contrario, es muy difícil que un país tan expuesto a los efectos dañinos del cambio climático pueda subsistir. Como no soy ingenuo, y sé perfectamente que ninguna de estas medidas se adoptará, lo que creo es que avanzaremos hacia una sociedad represiva que intente contener el descontento social fruto del apartheid climático que se nos avecina. La mitad de la población, o más, no podrá acceder a condiciones de vida soportables y eso obligará al Estado a tomar medidas drásticas. Me duele decirlo así, pero Fascies ad portam.
Imagen extraída de: Pixabay
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