No es normal

No es normal

Ignasi EscuderoNos estamos acostumbrando a vivir en el escenario de miseria que ha dejado el cierre de la crisis. Según el barómetro del CIS, la mayoría de la población cree que la situación económica -tanto la del estado como la personal- se mantendrá o empeorará, siendo ya de partida regular o mala, claro. El paro, la calidad del trabajo o los problemas económicos, son las preocupaciones más importantes a día de hoy, también según el CIS.

En una dinámica donde no hay futuro, al menos para la mayoría, muchas personas se aferran a unos servicios sociales en crisis permanente. El tiempo de espera medio en el Área Metropolitana de Barcelona para ser atendido es de 6 semanas. Si la situación es urgente se debe esperar también este mes y medio, ya que no hay mecanismos profesionales que hagan un cribado. Una vez hecha la primera visita será necesario cruzar los dedos para que la trabajadora social de referencia no se ponga enferma. Las bajas no se sustituyen. Las perspectivas de coger aire en la superficie, son muy escasas. Los salvavidas, pinchados.

En la maratón de campañas electorales que ya va terminando, hemos podido escuchar mil y un argumentos a favor de erradicar la pobreza. Resulta impopular defender otra posición porque además de empobrecidos somos electores. Sin embargo, lo que no se tiene en cuenta es que el principal freno social es la desigualdad. En el estado de la Unión Europea con más trabajadores pobres, lo conocemos bien.

El estudio “Distantes y desiguales: el declive de la mezcla social en Barcelona y Madrid”, recientemente publicado en la Revista Española de Investigaciones Sociológicas (REIS), muestra como en las dos principales urbes del Estado la desigualdad crece de la mano de la segregación. Ciudades más desiguales con barrios más homogéneos. Esta dinámica no afecta a los barrios típicamente “guetificados” como lo es el de Pedralbes, si no a aquellos donde se daba una alta mezcla entre generaciones, procedencias y clases sociales. Viveros de lo que se conocía como ascensor social. Actualmente los barrios de rentas altas concentran más cargos directivos, con alta movilidad, mientras que en el otro extremo lo hacen personal de servicios y de trabajos precarizados. Esta es una consecuencia más del problema estructural de la vivienda en una ciudad globalizada.

En 1959 el ministro franquista en materia de vivienda proclamaba que quería “un país de propietarios y no de proletarios”. Sesenta años más tarde nos encontramos con un país de nietos y nietas precarios, con la imposibilidad de arraigo y el debilitamiento comunitario que ello representa. Es una pérdida en presente y en futuro. Con el parque de viviendas de protección oficial nos pasa como a Penélope en el telar. Tanto se aumenta el número de viviendas de día en construirlos, como se reduce en ponerlos en régimen de compra. Urge detener esta ecuación de suma cero y aumentar el número de VPO en régimen de alquiler.

No es normal. Estas situaciones no pueden ser normalizadas. Lo que se reivindica no es extraordinario ni nuevo. De ahí que las entidades del sector social de la Compañía de Jesús las incluyan, junto con otras cuestiones, en el documento “Lo que vivimos no es normal. Lo que pedimos no es extraordinario”, un llamado a los partidos políticos de los diferentes municipios donde tienen implementación a centrar la agenda social en la reducción de la desigualdad.

Imagen de engin akyurt en Pixabay 

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