Bajo presión: las exprimidas clases medias

Bajo presión: las exprimidas clases medias

Manfred NoltePocos temas han volcado ríos de tinta tan caudalosos en la bibliografía económica como el de la desigualdad y en pocos se hallan tan abiertos los puntos de vista y tan confrontadas las conclusiones. Es generalmente aceptado que el vigente sistema económico ha deparado un progreso sin precedentes a todos los habitantes del planeta rescatando de la trampa de la pobreza a cientos de millones de ellos. Pero a ello se agrega inveteradamente que en el interior de los diferentes países las desigualdades han ido creciendo en los últimos años, planteando no solo problemas de equidad social sino igualmente de eficiencia productiva. Ahora la OCDE dedica su atención a las clases medias en un informe titulado: ‘Bajo presión: las exprimidas clases medias’.

Aun no se han extinguido los ecos de la seminal investigación de Branko Milanovic sobre la distribución de los beneficios de la globalización, -la llamada ‘curva del elefante’- cuando el Club que representa a 36 países ricos del mundo remacha la escasa fortuna de las clases medias en el reparto de la tarta económica entre 1980 y 2008. Milanovic nos ha avisado de que, aunque el promedio de crecimiento de la renta per cápita haya sido en el periodo citado del 20%, los grandes ganadores han sido los pertenecientes al decilio de mayor renta y los menos afortunados los situados en el decilio entre el 40 y el 80% que se refieren básicamente a las clases medias. Ha sido el desencanto de este nuevo seudoproletariado sociológico el que ha promocionado los populismos más recientes y claramente el responsable de la infausta iniciativa Brexit, de la elección de Donald Trump y de algún sonoro movimiento adicional seudodemocrático en latitudes europeas.

La OCDE analiza la situación de la clase media a lo largo de las últimas décadas, comenzando por su definición. Por clase media determina a la población comprendida entre el 75% y el 200% de la renta mediana del país. A su vez, la clase media puede dividirse en media baja 75-100, media-media 100-150, y media alta 150-200%, siempre de la mediana del país. En el caso de España, una persona física se incluye en la clase media si ingresa entre 12.911 y 34.428 euros anuales. La renta mediana en España en 2017 era de 14.203 euros, según el Instituto Nacional de Estadística. El umbral de la pobreza se sitúa habitualmente por debajo del 60% de la renta mediana. La renta mediana es la total disponible durante el periodo especificado una vez deducidos el impuesto sobre la renta, los impuestos sobre el patrimonio y las cotizaciones a la seguridad social e incluyendo las transferencias recibidas. Las rentas personales difieren de las rentas de los hogares, recogida en la Encuesta Financiera de las Familias y que incluye a la totalidad de sus miembros. La renta media por hogar en España ascendía en 2017 a 27.558 euros.

Esta clasificación no difiere en gran medida de la del ‘Center for American Progress’ que define el término ‘clase media’ como aquellas personas cuyos ingresos se sitúan entre los percentiles 20 a 80 de la Renta nacional. Como cabe imaginar, en casi todos los países la clase media supone más del 60% de la población total.

Pongamos atención: renta mediana, no renta media. La renta media es la renta per cápita, el simple cociente del PIB entre el número de habitantes del país. La renta mediana es el valor situado en medio cuando el conjunto de rentas se ordena de menor a mayor. En una empresa de 100 trabajadores en la que 60 de ellos cobran un sueldo de 900 €, 20 de ellos 1.100, quince 1.400, cuatro 2.500 y uno 20.000, la mediana de los salarios es 900 euros mientras que la media es 1.270 euros.

Pertenecer a las clases medias representa a nivel individual una aspiración intergeneracional. A nivel macroeconómico, clases medias pujantes suponen sociedades sanas y prósperas, como fuentes de demanda de consumo en todos los órdenes, sanidad, educación, vivienda o servicios públicos. Resulta preocupante en consecuencia que este segmento social presente signos de erosión y declive. Desafortunadamente la cuota de economías domésticas de clase media en la OCDE ha caído tres puntos, del 64 al 61% en el periodo que transcurre entre 1980 y 2015. El segmento de renta media ha ido decreciendo con las sucesivas generaciones. El 70% de los ‘baby-boomers’ pertenecía a este segmento a la edad de 20 años, comparado con un 60% de los ‘millenials’. Y la generación del ‘baby-boom’ disfrutó aun de mejores cuotas de mercado.

Las clases medias apenas han crecido ni en términos absolutos ni en términos relativos en la mayoría de los países de la organización con sede en París. En los 30 últimos años las rentas medianas han aumentado un tercio menos que la renta media del decilio más rico. De forma paralela el coste de elementos esenciales del estilo de vida de la clase media ha crecido por encima de la inflación. En particular, el precio de la vivienda en los últimos veinte años se ha incrementado tres veces más rápido que la renta mediana de las familias. Y ello en un contexto de inseguridad laboral en mercados de trabajos en rápida transformación. Según el informe, “uno de cada seis empleos de clase media se encara a un alto riesgo de automatización. Más de uno de cada cinco desahorra, esto es, gasta más de lo que ingresa. El sobreendeudamiento es mayor en el caso de las clases medias que en las familias de renta baja o de renta alta. Como resultado de lo cual, la clase media se asemeja crecientemente a un bote que navega sobre aguas rocosas.”

La divergencia entre rentas medias y medianas que se percibe en las economías centrales deriva en buena medida de un sistema productivo que recompensa más al capital y a las rentas muy altas poseedoras de un alto grado de competencias frente a las rentas salariales de la clase media. La sustitución del hombre por la máquina y el encumbramiento del talento junto a la relativa ineficiencia sindical y determinadas normas culturales se han encargado del resto. El diverso origen de las estadísticas que configuran las rentas medias y medianas también juegan un papel, en este caso atenuante de las divergencias descritas.

La OCDE propone algunas soluciones expuestas en la parte inferior del cuadro anexo. Una vez más la modernización de la educación en el más amplio de los sentidos y la mejora permanente de las capacidades de los mayores figuran en lugar privilegiado.

Las clases medias se sienten agraviadas, pero las desigualdades aluden a conceptos relativos y no a conceptos absolutos. Hay menos clases medias porque hay más ricos y más pobres. Lo lamentable es lo segundo.

La pregunta clave es la siguiente: ¿qué depara el futuro económico a todos y cada uno de los ciudadanos? ¿Cuál será el modelo productivo y cómo se distribuirá la renta en la sociedad digital y del talento del mañana?

 

Imagen extraída de: Pixabay

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