Carlos García de AndoinSe están multiplicando los informes sobre el futuro del empleo, la mayoría preocupantes. La digitalización de la economía viene sí o sí, y va a dar un vuelco al mundo del trabajo, lo está transformando ya. Se extiende el temor de un “descarte” masivo de trabajadores -como dice Francisco- a causa del salto cualitativo que están experimentando la inteligencia artificial y sus utilidades en la cadena de valor. Diferentes estudios estiman que podría desaparecer la tercera parte del empleo mundial.

En realidad, la tecnología lleva sustituyendo mano de obra desde hace dos mil años. Pero, desde la revolución industrial, la destrucción de empleo siempre ha venido acompañada de la creación de nuevos puestos de trabajo. Eso sí, con procesos de transición enormemente dolorosos. Así que no sabemos cuál será el impacto final de la Revolución 4.0. Lo que sí sabemos es que, si bien en el pasado, la destrucción afectaba a las capacidades de fuerza o destreza física, en el presente, afecta a funciones cognitivas que consideramos más específicamente humanas. Sin duda alguna, el futuro exigirá nuevas capacidades y nuevos perfiles profesionales.

Sobre lo que sí tenemos más certezas es sobre el presente del trabajo. En España es un empleo insuficiente y el que se está creando es claramente de peor calidad: con salarios más bajos, incrementándose la contratación a tiempo parcial, en su abrumadora mayoría temporal y con menor protección para el despido o los derechos laborales. Un trabajo con una lacerante brecha de género en salarios y precariedad que exige medidas ya.

Otro hecho preocupante es la dualización del mercado de trabajo. Hay una tendencia clara al incremento del empleo de baja cualificación y remuneración y al de alta cualificación con elevadas remuneraciones. En medio de esta polarización cae drásticamente el empleo medio, lo cual tiene un impacto demoledor en las clases medias y, consiguientemente en su rol social en las sociedades democráticas.

Por último, asistimos a una individuación y desregulación extrema -lo que se llama la “uberización” de las relaciones laborales- a través de figuras y formas laborales inéditas donde las personas colaboran como autónomos en plataformas virtuales que encubren empresas de facto y que, de esta manera, se descargan de sus obligaciones legales, fiscales y laborales.

El trabajo remunerado ha desempeñado en nuestras sociedades un papel eje como estabilizador social. Ha contribuido a la distribución de la riqueza, por la vía de las rentas y a la redistribución por la vía de los impuestos, que financian sanidad y educación. Ha garantizado las pensiones de jubilación a través del sistema de reparto. Un trabajo escaso y de peor calidad junto a la presión demográfica va a provocar el deterioro del sistema del Estado de Bienestar, puede provocar incluso su derribo.

La antropología cristiana del trabajo afirma la primacía del trabajo humano sobre el capital, como dice Laborem exercens n 12. La persona es fin, el capital es medio. Sin embargo, la realidad se da de bruces con este bello principio. La situación está invertida, el capital es fin, mientras la persona es medio. Toca reivindicar el trabajo decente: #Iglesiaporeltrabajodecente

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Imagen extraída de: Pixabay

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Director del Instituto de Teología y Pastoral de la diócesis de Bilbao. Doctor en Ciencias Políticas, licenciado en Teología y en Psicología. En su experiencia destaca por un lado su compromiso como laico liberado en tareas pastorales; por otro, su acción política habiendo sido concejal por el PSE-EE en Sestao en los años de la amenaza de ETA, coordinador federal de Cristianos Socialistas, asesor de la Vicepresidencia de Gobierno y director adjunto de gabinete de R. Jáuregui en Presidencia, trabajando en Laicidad y religión en la vida pública, Memoria Histórica y Gestión pública del pluralismo religioso. Miembro del Consejo de Dirección de Iglesia Viva.
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1 COMENTARIO

  1. […] Bueno, a lo que vamos: tengo varios amigos y amigas, que a su vez también tienen a otros y otras, y no sigo la cadena porque se ampliaría considerablemente, que me dicen que su empresa presentó hace tiempo, poco después de la declaración del estado de alarma, eso que llaman expediente de crisis, pero que desde hace ya bastantes días están trabajando y siguen cobrando de ese expediente. ¿Eso es legal? ¿O es que la empresa actúa de forma ilegal? ¿Se puede sancionar a quien incumple las normas? ¿Y si a mis amigos y amigas no les queda otro remedio que trabajar en la oscuridad porque les dicen que esa es la única manera de salvar sus puestos de trabajo? […]

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