Neus Forcano¿Qué decimos los creyentes, las iglesias, las comunidades de fe, de la polémica que ha estallado sobre la agresión sexual múltiple perpetrada por cinco chicos en las fiestas de Sanfermín-2016 y que la Audiencia de Navarra ha sentenciado ahora como «abuso sexual»?

Me viene otra vez a la mente la pregunta que me hacen a menudo desde medios de comunicación: ¿Es compatible el feminismo con la religión? Si se sostiene que las religiones son, por definición, sistemas de pensamiento jerárquicos y patriarcales que manifiestan una imagen de Dios Supremo, masculino y superior, y que los seres vivos, las personas, los animales, las plantas, le estamos subordinados, la respuesta rápida es: NO, el feminismo no es compatible con esta comprensión del mundo y de Dios.

Ahora bien, el cristianismo postula, precisamente, un Dios-Amor cercano, que considera al hombre y a la mujer iguales en dignidad y con la misma capacidad de amar y de actuar en libertad.Según el relato del Génesis sobre los orígenes de la humanidad -¡tan mal interpretado!- el Dios cristiano no nos ha creado aislados como individuos solos, sino que nos ha hecho compañeros y compañeras iguales y nos ha regalado la capacidad de decisión y la posibilidad ser felices en relación con los demás. Es un Dios que confía en las personas, y por eso las hace libres y responsables de la orientación ética que den a la propia vida. Desde esta cosmovisión, debo gritar que SÍ, que el feminismo es totalmente compatible con la fe católica, y por tanto, deploro, denuncio y me entristezco ante decisiones judiciales tan machistas y miedosas como la que se acaba de fallar en Navarra este 26 de abril de 2018.

Machismo porque, a pesar de pruebas grabadas de la agresión, se considera un «abuso sexual» y no una «violación». La diferencia según el Código Penal radica en la violencia ejercida y la intimidación. La pregunta es si no se trata de violencia la amenaza de cinco chicos contra una chica, que la aíslan en una sala, la dejan sin móvil y la violan sin consentimiento. Los jueces siguen culpabilizando a la víctima porque -dicen-, no parece, en las imágenes presentadas como prueba, que la chica se oponga con fuerza a la agresión. ¿Qué debería haber hecho? ¿Gritar? ¿Enfrentarse violentamente a ellos para que la mataran? ¿De verdad hay que revisar el texto de la ley, como dicen los políticos para salir del paso ante las críticas y la rabia expresada en las calles? ¿Por qué se valora y se juzga el comportamiento de la víctima y no el de los agresores?

Releo con interés los artículos de Begoña Zabala, abogada laboralista y feminista navarra, que explica que se trata de un caso de «violencia expresiva» en el sentido de que la violencia ejercida contra la mujer, en este caso, es un acto de iniciación grupal. Los chicos se demuestran entre ellos que responden al modelo «viril» en que su voluntad puede forzar a otra. Se trata de un ejercicio de paso para poder formar parte de la «tribu», de lo que los estudios de violencia llaman «la fratría», esto es, «la hermandad» entendida como una «patria exclusiva» para los que actúan sometiendo a la otra, para aquellos que muestran la superioridad, el control y la jerarquía sobre el cuerpo de la mujer.

Desde la ética y la fe religiosa deberíamos preocuparnos enormemente para romper con esta necesidad de demostrar «superioridad», sometimiento y cosificación del otro, sea por causa de género, de religión o creencia, de opción u orientación sexual, de etnia o cultura, de ideología política… ¿Qué ha pasado, socialmente, para que unos chicos necesiten encontrar su razón de ser en el ejercicio de la violencia contra las mujeres? Se hace urgente denunciar esta reducción del «sentido de pertenencia». En lugar de vivirlo referido al marco político y de convivencia para construir una sociedad democrática real y participativa, que respete la diversidad y la diferencia, «el sentido de pertenencia» queda manipulado y reducido a demostrar que se «pertenece a un grupo exclusivo de poder» que puede ejercer violencia. También los niños y niñas soldado en África son forzados a disparar indiscriminadamente a un rehén o un prisionero para formar parte de la milicia que les secuestra la libertad y el espíritu. Una vida cortada de raíz y obligada a la lógica de la muerte y la violencia más brutal. La misma deshumanización, la misma incapacidad para pensar, para desobedecer, para ser crítico. Veo una necesidad urgente de buscar la forma de educar en la reciprocidad y en unos vínculos sociales inclusivos y amplios. Siento la urgencia para hablar de qué es ser persona y qué es pertenecer a un pueblo.

También habla de esta violencia contra el cuerpo de las mujeres Rita Laura Segato, feminista argentina y brasileña de adopción, que ha estudiado el cambio de la instrumentalización de las violaciones a las mujeres. Ella denuncia como a partir de los años 90 -y tenemos un ejemplo en la guerra de los Balcanes-, las violaciones masivas a las mujeres se usaron como arma de guerra y destrucción de los vínculos sociales de un pueblo para aniquilarlo, y ya no sólo -como había sido durante la tradición histórica de los conflictos- como botín de guerra tras la lucha cuerpo a cuerpo entre militares de ambos bandos enfrentados.

Sin embargo, quiero destacar como positiva la rápida y contundente reacción de la ciudadanía ante la resolución de esos jueces. «No es abuso, es violación», el «no es no» o «nosotras sí te creemos» han sido algunos de los lemas y hashtags que se han repetido en la manifestación del 1 de mayo y en las redes en solidaridad con la víctima. Tras el éxito de las manifestaciones del 8 de marzo de este año y del pasado, también en todo el estado español, parece que la sensibilización y la lucha feministas han creado conciencia y nos revelamos contra la violencia a las mujeres. ¡Ahora es necesario que la justicia también se aplique y se actualice!

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Imagen extraída de: Pixabay

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Filóloga, profesora de Lengua y Literatura en las etapas de Secundaria y Bachillerato. Máster de Historia de las Mujeres (DUODA-Universitat de Barcelona) y estudios de Ciencias Religiosas (ISCREB). Ha participado en movimientos de educación no formal en los equipos de formación de monitores y en el equipo de responsables generales de Minyons escoltes i Guies; ha participado en el equipo de jóvenes y en los seminarios internos de Cristianisme i Justícia; colabora con el Col·lectiu de Dones en l’Església (Colectivo de Mujeres en la Iglesia) de Barcelona y es miembro de la Asociación Europea de Mujeres para la Investigación Teológica (ESWTR).
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1 COMENTARIO

  1. Estimada Neus….una sola y única lectura de la sentencia condenatoria le haría cambiar totalmente el sentido de su artículo. La sentencia otorga toda credibilidad a la víctima y construye todo un sólido andamiaje jurídico para concluir que ni hubo consentimiento ( pese a que no dijo que no) ni hubo error de los acusados.Sinceramente me gustaría mayor concreción en relación a la causa concreta por la que concluye que la sentencia es machista pues no es suficiente con decir que los jueces son machistas por sus meras conclusiones técnicas ( que motivan en base al testimonio de la víctima ). La intimidación y el abuso de situación de prevalimiento son medios comisivos que se equiparan en algunos delitos ( como la trata de seres humanos) pero no en los delitos contra la libertad sexual . Si bien entiendo que usted al igual que hace el Ministerio Fiscal considere que hay intimidación y compartiendo también esta conclusión, sin embargo reitero que la sentencia no sólo no es machista sino que devuelve a la víctima su dignidad cuando defiende su falta de consentimiento o su consentimiento viciado o anulado en una situación de shock pese a que relata secuencias de su actividad o dicho de otro modo, de su conducta activa.El debate debe centrarse más bien en el interrogatorio al que la defensa sometió a la víctima y en las expresiones del voto particular que vulneran la directiva del año 2012 sobre el estatuto de víctima y el protocolo del CGPJ en los casos de violencia de género.Deben establecerse protocolos que impidan valorar en el juicio oral los hábitos o el pasado de la víctima. Creo que las comunidades cristianas deberían analizar con calma estas situaciones y en este sentido someter también a crítica las reacciones violentas deseándo la muerte y amenazando a jueces y atacando sedes de palacios de justicia y de esta manera también la misma independencia judicial y el propio estado de derecho.Para los que llevamos toda una vida profesional aplicando el derecho de victimas y acusando y pidiendo penas muy graves por delitos cometidos contra mujeres vulnerables que como tales no oponen una resistencia activa ….sería una muy mala noticia que se atendiera la petición del millón largo de ciudadanos de inhabilitar a estos dos magistrados que votaron el fallo condenatorio ( sin perjuicio de considerar que toda inhabilitación merece un expediente y una posibilidad de audiencia).Quiero por ultimo volver a destacar el fino análisis del ponente al analizar las circunstancias en que la víctima no dijo que no ( ni que si) y en el que dice que besarse con uno de los acusados no significa consentir todo lo demás. Son actos equívocos…parecidos a los que cometen las victimas de trata sometidas por cadenas invisibles y que dicen consentir el ejercicio de la prostitucion,debiéndose acreditar que decir sí a la prostitucion no equivale a decir sí a la esclavitud sexual. Por cierto…nueve años son uno más de la pena máxima prevista para el delito básico de trata de seres humanos….tres años menos que el homicidio….Sinceramente….no comparto el tono de indignacion ni mucho menos la irracional desproporcionada reacción…..Ni la ofensiva indiferencia hacia otras victimas más vulnerables más extranjeras y más irregulares. Ni tampoco la reflexión de que en una comunidad cristiana se deba discutir si el abuso de prevalimiento que debió aplicarse es el del artículo 180 o del art 181 del código penal. Creo que los jueces no han cosificado a la víctima ni han bendecido una violacion masiva ni tampoco han contribuido a mantener el patriarcado. Deberíamos encauzar tanta energía en lograr políticas eficaces sobre la prostitucion o la modificación de las políticas migratorias restrictivas que fomentan la trata de personas y la aparición de mafias. Creo que estamos errando la diana de nuestras críticas y de esta forma siempre estaremos nadando para permanecer en la orilla. Gracias Neus por abrir un espacio de reflexión y diálogo sobre este tema.

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