Juan Pablo Espinosa Arce. Las líneas que van configurando este intento de poesía espiritual o de “teo-poesía”, tienen como única intención animar las búsquedas más íntimas y trascendentes de los lectores, de los creyentes de a pie, de los que nos sentimos sobrecogidos por un Dios que, haciéndose hombre, pudo ser admirado en toda su belleza y humildad. Así, estos pequeños versos son sólo “pre-textos” para poder seguir pensando, imaginando, soñando, creando y creyendo en el Dios que irrumpe siempre nuevo en la historia cotidiana.

Admirado de la presencia de un Dios tan grande pero, a la vez, tan cercano a nosotros y nosotras, es que he trazado líneas tratando de reconocer cómo las huellas del Eterno se hacen historia en las huellas de cada uno. Los pasos recorridos, que forman espacios, son los caminos que Dios va pisando día a día, a veces silencioso, a veces gritando. Pero así es Dios. Siempre nos desbarata porque es en sí mismo novedad. Novedad que resucitó liberadora del sepulcro y de la muerte. La Semana Santa -que acabamos de vivir- es tiempo para meditar, reflexionar y apostar por la vida.

El campo poético es algo totalmente nuevo en mi redacción teológica. He podido leer poesía y teóricos que trabajan sobre ella, pero atreverse a entrar en este mundo necesita una disposición especial, un “talante” del corazón humano que quiere encontrarse, de manera siempre humilde y limitada, con el corazón divino. Es necesario entrar en la dinámica de la belleza y de la bondad de Dios y caminar tras ella. Por ello, y consciente de sus límites, encomiendo a Dios y al justo juicio de los lectores estas huellas de eternidad.

 

Muerto por amor

¡Señor Jesús!
Carpintero, pescador,
trabajador, sembrador.

Tus manos, esas que acariciaron a los pobres,
ahora atravesadas por clavos de odio.

Tus pies, que caminaron al encuentro de los sufrientes,
ahora parecen compartir ese dolor.

Estás muerto por amor,
colgado a la cruz.
Enséñame a vivir en amor,
a vivir el amor concreto,
ese que es amor hasta el extremo.

 

Espinas

De esas que cubrieron la cabeza del Mesías.
Espinas que hieren,
espinas que hacen sangrar.
Espinas de los montes.
Espinas de la vida.

Espinas que punzan.
¿Cuántas cosas nos urgen?
¿Cuántas cosas debiesen urgirnos más?
¿Qué rostros se han clavado como espinas, aquí, adentro?

Espinas que punzaron la bendita frente del Hijo de María,
hermano nuestro por la Encarnación.

Las sienes del Dios galileo conocieron nuestras espinas.

 

Cinco para las seis

El tiempo, el más inexorable.
Al toque de campana todo acaba,
todo vuelve a comenzar.

Cinco para la seis, sólo cinco minutos,
nada más.

En cinco minutos se acaba la quinta hora,
Y comienza la sexta,
la sexta y con ella todo vuelve a comenzar.

Tiempo es chronos,
finitud,
inexorable muerte.

Pero el chronos es visitado por el kairós,
por el tiempo de Dios,
tiempo nuevo,
tiempo de vida nueva.

¡Ven Señor del kairós a visitar nuestro chronos!
¡Resucita Señor!
¡Haznos resucitar!

versos

Imagen extraída de: Pixabay

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Chileno. Laico. Profesor de Religión y Filosofía. Magíster en Teología Fundamental. Diplomado en Docencia Universitaria. Académico Instructor Adjunto en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Académico de la Universidad Alberto Hurtado (perteneciente a la Compañía de Jesús). Imparte cátedras de Teología Fundamental, Antropología Teológica e Introducción a la lectura de la Biblia. Sus áreas de interés y trabajo investigativo y divulgativo son: la Antropología Teológica, el lugar de la mística en la vida humana y la teología de la Resurrección.
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