Ramiro PàmpolsA raíz de todo lo que estamos viviendo estos últimos meses en Cataluña o, ¿por qué no?, en el resto de España, me he ido planteando de forma subrepticia una cuestión que me preocupa cada día más: ¿a qué se debe que la «cuestión catalana» haya tomado un relieve tan absoluto en mi universo mental, que apenas haya otra inquietud que «me mueva» con una intensidad similar?

Me refiero a lo que ha sido mi opción de vida durante 30 años, cuando decidí irme a trabajar manualmente, a ser posible como peón, para combatir la injusticia que se hacía -y se hace aún- contra el pueblo trabajador.

Los curas obreros de Cataluña hemos vivido intensamente esta opción, y ahora parece que ha quedado enturbiada por la cuestión de la defensa de nuestra «identidad catalana»… Una vez más, podemos decir que estamos viviendo un enfrentamiento entre la Justicia y la Libertad, por decirlo con palabras estereotipadas.

Ya hace unos años que el Gobierno de Rajoy ha suprimido prácticamente todo el contenido mínimamente relevante del Estatuto de los Trabajadores, dejando en una indefensión escandalosa a la clase trabajadora, y de repente aparece la «cuestión catalana» y parece que ninguna otra realidad es capaz llenar la pantalla de nuestros televisores, y peor aún, de nuestras conciencias.

Estos últimos días estoy haciendo un esfuerzo de memoria para decirme a mí mismo «¿dónde estoy?» en esta nueva situación vital.

Seguro que hay razones para suavizar esta contradicción, y quiero expresar alguna que me parece importante.

Por ejemplo, ya era hora de que los problemas de carácter político, en el sentido fuerte del término, llenaran nuestras conversaciones y debates, tanto familiares como sociales. Me digo a mí mismo con cierta complacencia, que el Barça ha pasado afortunadamente a un segundo lugar. (¡Los últimos fichajes demuestran aún más que no existe ningún límite ético a los millones que se utilizan para fortalecer la plantilla!).

Otro efecto, digamos que aún más positivo y más profundo que el anterior, según mi opinión, es que hay en Cataluña un número muy significativo de personas que se han apuntado a una utopía: ¡la República Catalana, libre de cualquier lazo que le impida alcanzar en adelante metas insospechadas! Aunque lo expreso con cierta ironía, creo que las convicciones que han llevado al momento actual son verdaderamente «utópicas», tanto en su sentido positivo como en otro sentido más realista, por lo menos en cuanto al nivel actual de conciencia ciudadana en su conjunto. Y hay que decir también que un buen número de personas ha arriesgado dinero y libertad personal para alcanzar esta meta.

Pero también digo a continuación que la «cuestión social», tomada en toda su amplitud, quedó desarbolada, casi nadie habla de ella en voz alta, aparte de algunas llamadas aisladas a la recuperación de los derechos ganados con muchos años de lucha y sufrimiento.

También creo que es verdad que tan sólo la CUP ha mantenido un discurso coherente en esta cuestión, que ha permanecido sin embargo en un aislamiento notable por parte de otras instancias, me atrevería a decir incluso por nuestros propios sindicatos.

Pienso que si no se mantiene la tensión entre ambos polos -Justicia y Libertad-, buscando la fórmula más apropiada tanto para un bloque como para el otro, y de forma no supuesta sino bien explícita, tenemos un futuro incierto, por decirlo suavemente.

Por lo menos, los que sentimos la fuerza, el impulso y la pasión por ambos polos, tenemos que seguir luchando tenazmente para que ninguno de los dos se nos escape de las manos.

Y ahora, hoy, me pregunto a mí mismo: ¿seríamos capaces de salir a la calle más de un millón de personas para reclamar la derogación de la «Reforma Laboral»?

pregunto

Imagen extraída de: Pixabay

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Jesuita. Acaba los estudios de Filosofía, Teología y Pastoral en 1968. Ha sido profesor de Religión en el Colegio Sagrado Corazón de Barcelona y de Religión y Derechos Humanos y Laborales en varias escuelas profesionales de fábricas de Barcelona (Pegaso, Maquinista, Macosa y Mercedes Benz). Fue obrero manual a tiempo completo en talleres de piezas de automoción y de Artes Gráficas, así como delegado sindical de CCOO desde 1975 hasta su jubilación en el 2000. También fue Director adjunto del Centro de Acción Social Solidarité Fwontalié en Ouanaminthe (Haití) y del Movimiento educativo Foi et Joie en Port-au-Prince (Haití). Colabora en la Cruzada de Alfabetización de Nicaragua. Es coordinador de Misión Obrera, representante del colectivo catalán de curas obreros en Europa y consiliario de la GOAC (Germandat Obrera d’Acció Catòlica).
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2 Comentarios

  1. Ramiro, ha puesto usted el dedo en la llaga. Pero no separaría uno tan tajantemente las cosas. Cuarenta y pico años estuve trabajando por cuenta ajena. Imagínese las reclamaciones que llevo a mis espaldas. Pero han tenido que venir cuatro señoritos separatistas para suprimir derechos, robar dinero y, en cima, culpar a un, eso sí que utópico, enemigo externo.

    Unos señoritos que han puesto las bases para el empobrecimiento general. Ayudado por obispos, abades, curas, religiosos y monjas, que siguen teniendo todavía una autoridad inmerecida en buena parte de sus actos y proclamas. Del turismo, por ejemplo, no sólo vive el dueño de HUSA o del hotel Rey Juan Carlos. Del turismo vive el peón que sirve las mesas y la peruana que hace las camas, con toda la corte de electricistas, fontaneros, persianeros, administrativos, etcétera, intermedios. Pensemos en la sanidad: mi ambulatorio cierra los fines de semana, urgencias incluidas. La enseñanza está negando, con el aplauso de la Iglesia, con el fomento de la Iglesia, el acoso a padres y niños (a padres y a niños) de unas leyes infames torturadoramete aplicadas por esa suerte de camisas pardas que son la consejerías de educación de la Generalidad, negándose a cumplir las sentencias judiciales. Y los acosados suelen ser, son, hijos de obreros.

    En mi tiempo, los sindicatos pedíamos el acceso de los obreros a la Universidad. Algo se consiguió en la de Barcelona con los cursos nocturnos, que se llenaron de empleados de oficinas (bancos, telñefonos, etc.).

    El separatismo no es libertad. Eso es una falacia propalada por religiosos y eclesiásticos sin formación, de los que está llena la comunidad catalana. El separatismo, si nos atenemos a las obras, es nazismo puro y duro. Es sentirse superiores a los demás. Es mentir y coartas, como están demostrado los procesos judiciales abiertos. Es fdetraer dinero público para un fanatismo que no se arredra ante la mentira.

    Para la moral cristiana no existe vía media entre el bien y el mal. Entre la justicia y la injusticia. Entre la mentira y la verdad. No existe vía media entre el salario digno y el salario indigno. No vale decir que unos piensan así y otros piensan asá. Se roba o no se roba. Libertad y justicia, cierto. Porque no existe la una sin la otra.

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