J. I. González Faus[La Vanguardia] Comencemos con el texto de un dibujo que, creo, era del inefable Cortés: “Si la gente pensara seriamente en lo que significa que Dios se encarne: que se ponga radicalmente de parte de los más pobres y demuestre que la única religión verdadera es el amor verdadero, si la gente pensara de verdad a qué les compromete decir que Dios nació en Belén…, probablemente no se pondrían tan contentos cuando llega Navidad”.

Cuando Fidel Castro decidió suprimir las Navidades, medio mundo se le echó encima por ateo y anticristiano. Concedo que medidas de ese tipo no pueden imponerse dictatorialmente. Pero queda pendiente otra pregunta: ¿verdaderamente era esa medida “anticristiana”? ¿O, como pasaba cuando acusaban a Jesús de “blasfemo”, era más profundamente creyente que la de sus acusadores? Veámoslo un momento.

El nacimiento de Dios, ¡del mismo Dios!, en pobreza y desamparo humanos, lo hemos convertido en un aquelarre de consumo inútil, que ya no revela nada de la solidaridad de Dios con nosotros, sino de nuestra insolidaridad con los otros. Visto desde ese divino “amor hasta el extremo” (como dice un evangelio), lo que debería ser la fiesta de lo humano, se ha pervertido en la fiesta de lo inhumano. El establo es sustituido por algún “Corte inglés”; la compañía del buey y la mula por la del cochinillo y el cava. Los socialmente despreciados (pastores) y los extranjeros (magos), únicos que, según el evangelio, perciben y anuncian el nacimiento de Dios, son hoy unas figuras bucólicas bien vestidas y unos “reyes”. Por eso no tienen ya nada que anunciarnos, como no sea que la vida carece de sentido y que sólo podemos llenar ese vacío consumiendo. La noche fuera de la ciudad “sin lugar en la posada”, se ha travestido en las arterias bien iluminadas de nuestras urbes, donde se malgasta energía para animarnos a derrochar dinero. La solidaridad de Dios que se revela dándose hasta el anonadamiento, la pervertimos en solidaridades artificiales que rifan objetos de famosos. Y en lugar de celebrar el nacimiento de Dios celebramos el nacimiento del Despilfarro. Cada año, familias que se reunían por inercia, bajo ese eslogan de celebrar el cariño y la unión familiar, se despiden más distanciadas y más enemistadas, sobre todo si ha andado de por medio el dinero. Al final, una publicidad detestable nos escupe una pésima parodia de Bécquer diciéndonos: “Navidad eres tú”. Así es cómo la fiesta del amor, se traviste en fiesta del egoísmo.

Guinda de toda esta perversión puede ser aquel tristemente célebre belén del hospital de Castellón, dado a conocer el año pasado por estas fechas: 90.000 € anunciados por algún ángel moderno, y no precisamente a los pastores ni a los enfermos… Si esto no es blasfemia y herejía que venga la Congregación de la fe y que lo diga.

Concedo que no siempre fue así. Muchos villancicos todavía reflejan poética e ingenuamente ese encuentro de la mejor humanidad en lo sencillo, y de lo material como expresión (no como sustitución) de lo espiritual. Lo que hoy denuncio es fruto de esa inevitable “entropía”, que es también una ley de la historia y no sólo de la física. Y que se agudiza al descristianizarse la sociedad.

De manera sencilla y nada agresiva, eso debería preocuparnos a los cristianos. ¿Sería absurdo que todos aquellos que creen en (y celebran) el nacimiento del mismo Dios en el abandono y la pobreza, convirtieran esos días sagrados en jornadas de total renuncia al consumo, de intensificación de la presencia solidaria entre las víctimas de este mundo cruel, y de plena reconciliación y perdón entre nosotros y con todos los seres humanos? ¿Días en que se nos repitieran algunas palabras bíblicas como: “Escucha pueblo creyente, nuestro Dios es solamente uno; ámale con todo tu corazón, con toda tu alma y todas tus fuerzas”… O “los dioses y señores de la tierra no me satisfacen”? Dejemos pacíficamente que quienes no tienen otro dios se entreguen al consumo desenfrenado. Quizás incluso, si nosotros renunciamos seriamente a consumir en esos días, les haremos un favor por aquello de que al disminuir la demanda, baja también el precio de la oferta.

Puestos a soñar, podría suceder que las Iglesias cristianas, que no deben pretender imponer su fe ni cambiar eso a la fuerza como Fidel Castro, se plantearan seriamente la posibilidad de abandonar la fecha de 25 de diciembre como celebración del nacimiento de Jesús de Nazaret. De hecho, Jesús no nació ese día ni sabemos en qué día fue. Se eligió esa fecha para transformar la fiesta pagana del nacimiento del sol. Pero quizás es tiempo de dejar que la sociedad no cristiana recupere aquella fiesta pagana y trasladar la navidad cristiana a otra fecha: quizás un mes después, por aquello de que estaremos en plena cuesta de enero.

Así, además, las fiestas laicas del solsticio de invierno pasarían a ser, para la liturgia cristiana, nuevos días de “adviento”, que preparan para el nacimiento de otro Sol que nunca se enfriará.

Navidades

Imagen extraída de: Pixabay

4 Comentarios

  1. Estic molt d´acord i les meves companyes de Comunitat de Germanetes, segur que també. Ahir estavem parlant semblantment. Perquè no celebrem aquests dies de Nadal i Reis renunciant al consum, solidàriament amb tantes persones i famílies, víctimes d´aquesta Societat Mundial i local inhumana? No mancaría el pollastre rostit ni les patates freigides compatits amb joia i pregària amb una Comunitat propera, però deixariem de banda tot el demés…que si regalets, que si una bufanda nova…Per qué no compartim quelcom que tenim: una camiseta que ens sobra, uns mitxons qu´escalfen, uns mocadors bonics? Sí, sí, i pensem que la festa serà més veritable, més propera a la del autèntic Nadal i que així nosaltres en serem les primeres beneficiades…I com no, si es una idea formidable? Farem tot el possible per viure una plena reconciliació i perdó entre nosaltres i amb tots els essers humans…que bona falta ens fa, amb tot el que estem vivint i patint tot aquest temps a Catalunya, que segons algúns sembla que hem comès un crim execrable quan només hem intentat exercir un Dret humà fonamental? BON NADAL A TOT HOME I A TOTA DONA, I SOBRE TOT A TOTES I TOTS ELS INFANTS DEL MON.

  2. Yo, aunque soy agnóstico, aplaudo sus palabras.
    Para mi la navidad es la celebración de la vida, con lo verdaderamente importante: La familia y los seres queridos.
    Evidentemente, que tampoco veo malo el hecho de compartir o el hacer regalos. Siempre desde la moderación, no la opulencia. Pero lo verdaderamente importante es la celebración con tus alegados
    ¿Y, acaso no esta bellamente expresado, con la metáfora del nacimiento de Jesús? Un alumbramiento, una gran alegria por la llegada de un ser humano.
    Así pues, celebremos que la vida sigue junto a nuestros seres queridos. Que esto nos sirva como ejemplo para crecer como personas y ser mejores con los demás.

  3. Be, no ens hem d’estranya de tot el que passa, nomes recollim lo que hem sembrat. Barem està d’acord a llibertat individual i que es foti el que no pugui seguir, Barem dir si al avortament, al divorci, a que jo pogué fer el que vulgui tan en el meu cos com amb la meva salut,,, dines etc Aleshores,,,, no ens estranyem si la societat va com va,,,, Nomes un canvi de rumb pot caviar tot aixo.

  4. Como puedo comentar lo que simplemente me expresa?.. Solo espero poder seguir encontrándome…G r a c i a s

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