J. I. González FausLa conducta del PNV en el debate sobre los presupuestos ha suscitado reacciones muy enconadas y merece una reflexión más amplia. En mi opinión, no se trata de si el cupo vasco es legítimo, puesto que lo reconoce nuestra Constitución, ni se trata de si en un país plurinacional hay hechos diferenciales, fruto de los avatares de la historia que reclamen algún reconocimiento; ni se trata de si es injusta la financiación de nuestras comunidades autónomas, cosa que el mismo Rajoy ha prometido revisar (lo cual me temo que sea garantía de que no lo hará). Se trata simplemente de que el voto a una ley no se puede dar a cambio de dinero, ni aunque a esto se le llame negociación. Si la ley es justa (si los presupuestos son solidarios y están razonablemente calculados) entonces hay que votar que sí, por pura honestidad política y aunque no se reciba nada a cambio. Si los presupuestos son injustos, insolidarios o mal calculados, hay que votar que no, por más dinero que se nos ofrezca. De lo contrario me temo que estamos ante un caso más de corrupción, como cuando se saca a concurso una obra pública y se le concede a una determinada empresa no porque su oferta era correcta, sino porque ha pagado algo a cambio. El argumento de que es bueno para Euskadi me suena demasiado al “first America” de Trump o a “Francia primero” de Le Pen.

No quiero decir esto criticando a nadie, sino más bien suplicando una aclaración a quien pueda dármela, sobre todo si son voces autorizadas. Conocida la pasta humana, me temo que todos harían lo mismo que el PNV, en España y fuera de España. Por eso me pregunto si no habría que legislar para que en todas las negociaciones, que sin duda hay que hacer, no puedan entrar factores económicos: yo doy un sí a los presupuestos (como hizo el PP en Euskadi) a cambio de que tú des un sí a los míos, es políticamente correcto. Pero si se mete el dinero por ahí, me temo que difícilmente construiremos convivencia, que es lo que hoy más necesitamos construir.  Pues cuando está de por medio “la pela” es cuando todos los hermanos se pelean y todos vemos el dólar en el ojo ajeno pero no el euro en el propio.

PD: Arguyen algunos que en este caso no vale mi argumentación puesto que, al tratarse de unos presupuestos, estamos en terreno económico. Pero el problema es que la negociación no se ha hecho para intercambiar bienes económicos, por productos económicos, sino por votos políticos. Creo que ahí se produce una perversión de la política. Y a eso apunta el título dado a esta nota.

votos

Imagen extraída de: Pixabay

¿TE GUSTA LO QUE HAS LEÍDO?
Para continuar haciendo posible nuestra labor de reflexión, necesitamos tu apoyo.
Con tan solo 1,5 € al mes haces posible este espacio.
Jesuita. Miembro del Área Teológica de Cristianisme i Justícia. Entre sus obras, cabe mencionar La Humanidad nueva. Ensayo de cristología (1975), Acceso a Jesús (1979), Proyecto de hermano. Visión creyente del hombre (1989) o Vicarios de Cristo: los pobres en la teología y espiritualidad cristianas (2004). Sus últimos libros son El rostro humano de Dios,  Otro mundo es posible… desde Jesús y El amor en tiempos de cólera… económica. Escribe habitualmente en el diario La Vanguardia. Autor de numerosos cuadernos de Cristianisme i Justícia.
Artículo anteriorAmar a un Dios desplazado
Artículo siguienteNeoproteccionismo

3 Comentarios

  1. Señor González Faus:

    Con todo el respeto del mundo, me pregunto en qué realidad vive usted.

    En primer lugar, la historia del parlamentarismo está muy ligada a la economía, el control de las cuentas y la fiscalidad, para controlar la discrecionalidad de los monarcas en la exacción de impuestos.

    Hoy, la única manera de eliminar hoy la necesidad de negociar las leyes en el Parlamento español es volver a un régimen de mayoría absoluta de un solo partido. Así y todo, pensar que los miembros de esa mayoría absoluta no tienen en cuenta factores económicos a la hora de elaborar las leyes es vivir inocentemente al margen de la realidad.

    Lo que ha hecho el PNV con el Cupo vasco no es cobrar para aprobar los presupuestos, sino actuar de la única manera que puede hacerlo el pequeño con el grande que lo aplasta. En el momento en el que el PP lo ha necesitado, el PNV le ha exigido que liquide lo que adeuda. Según las estimaciones del Gobierno Vasco, la deuda desde 2007 hasta 2016 era de 1.600.000.000 €.

    Decir que a la hora de legislar hay que tener en cuenta la idea de la convivencia es perfectamente coherente con la exigencia a los que aspiran a convivir que cumplan sus deberes como convecinos. Eso es exactamente lo que ha pasado en este caso.

    Ahora bien, se dará usted cuenta que, en esta España de envidias, hay mucha manipulación política. Yo diría que habría que evitar los factores de manipulación y engaño a la hora del debate político y de la actividad legislativa.

  2. Sean cuales sean los presupuestos, la iglesia católica romana siempre sale ganando (14 millones de euros mensuales, a fondo perdido… a parte de subvenciones y otros patrichuelos varios).

    ¿En esto no hay nada a criticar, o es una dación económica con fundamentos espirituales?
    Eso sí: para criticar a los que no son de nuestra cuerda, siempre habrán argumentos para sacar de la chistera.

    Atentamente

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingresa tu comentario!
Please enter your name here