Agustín OrtegaUno de los frutos y regalos que nos están donando el Papa Francisco es la profundidad de su enseñanza social, que se incluye en la conocida como Doctrina Social de la Iglesia (DSI), por ejemplo, en el campo económico. El Papa Francisco continua y profundiza todo este legado de la DSI, este fecundo magisterio de los Papas, Obispos y de todo el Pueblo de Dios sobre estas cuestiones sociales y económica. Tal como muestra en “Evangelii Gaudium” (EG), en particular con su capítulo IV, o en “Laudato SI” (LS), su primera encíclica social. El Papa Francisco expone dichas cuestiones socioeconómicas desde el amor/caridad, misericordia y justicia liberadora con los pobres de la tierra (LS 159, 228-231). Nos muestra la entraña de la economía, que es la ética y la antropología, cuyo sentido es el servicio de la satisfacción de las necesidades vitales de las personas, el desarrollo humano, liberador e integral de los pueblos (EG 202-208). Con el sustento (sustentabilidad o sostenibilidad) y cuidado de la casa común que es el planeta, una ecología integral. Se trata de una espiritualidad, comunión y justicia en el nivel personal (ecología mental), en las relaciones con los otros y con los pobres (ecología social), con la naturaleza o hábitat (ecología ambiental) y con Dios (ecología espiritual o trascendente).

Una economía bioética y biopolítica que promociona la vida en todas sus dimensiones o fases (LS 115-122), en especial la del ser humano- desde su inicio con la concepción hasta el final de la vida-, la dignidad de las personas, el bien común y la justicia con los pobres; frente la cultura del descarte y de la muerte, contra la desigualdad, inequidad e injusticia social-global y destrucción ecológica. Es una economía de comunión, popular y solidaria. Enraizada en la religiosidad y espiritualidad, en las creencias, valores e ideales de los pueblos con su protagonismo en la promoción, emancipación y liberación integral de toda dominación, opresión e injusticia. Una economía social y cooperativa donde las personas, los trabajadores y los pueblos con los pobres protagonizan y co-gestionan la vida, marcha y destino de los procesos sociales, económicos, del trabajo y de la empresa. Con la socialización y co-propiedad de los medios de producción, de la empresa u otras instituciones económicas que son dinamizadas y apropiadas de forma personal, social y comunitaria por los trabajadores, por la sociedad civil y los pueblos.

El cooperativismo con esta economía social, de comunión solidaria y del bien común, posibilita que la empresa, el trabajo o cualquier actividad económica sea entendida y establecida como comunidad humana. Con unas relaciones personales y de alteridad en la solidaridad, humanizadoras y fraternas. Todo ello da lugar a una auténtica ética de la empresa, a una verdadera responsabilidad social corporativa. Este humanismo ético, solidario, espiritual e integral, como nos transmite la DSI o (de forma similar) el personalismo comunitario y el pensamiento latinoamericano, nos presenta unos valores y principios que son claves para una economía ética. Como es el destino universal de los bienes, derecho primero, que tiene la prioridad sobre la propiedad que es un derecho secundario y que sólo es legítima, moral si asegura esta justa distribución de los bienes (LS 93).  l derecho a la propiedad sólo es aceptable y ético si cumple con este carácter social, inherente a toda propiedad, en la socialización, equidad y destino común de los bienes para toda la humanidad. De lo contrario, es legítimo, necesario y moral toda expropiación, que tenga esta finalidad del reparto justo de los bienes para los pobres de la tierra. A los empobrecidos del mundo se le impide el derecho de posesión de bienes y de propiedad que, en justicia, hay que restituirles con la clave del cuidado de la vida de las personas, de los pobres y de esa casa común que es el planeta.

La economía debe promover la civilización del trabajo y de la pobreza, frente a la del capital y de la riqueza. Con el principio de que el trabajo, la vida y dignidad de la persona y de todo trabajador, está antes que el capital. La vida digna del trabajador, con un trabajo decente, está por encima del capital, del beneficio y del mercado que debe asegurar los derechos del empleo. Como es un salario digno, unas condiciones laborares justa y un trabajo humanizador (LS 124-129). La economía, el capital y mercado, por su entraña ética, están al servicio de la creación y reparto justo del empleo, de la liberación de las necesidades y promoción de las capacidades de las personas, de los trabajadores y pueblos. La civilización de la riqueza debe dejar paso a la civilización de la pobreza y del amor (social, civil), la caridad política. Esto es, la fraternidad y solidaridad en el compartir, en la comunión de vida, de bienes y luchas por la justicia con los pobres de la tierra que es lo que nos va humanizando, dando la felicidad y el sentido de la vida, nos abre a la trascendencia, al encuentro y comunión con Dios.

Se trata de “crecer hacia abajo”, del decrecimiento en una vida sobria y austera en la pobreza solidaria, la pobreza evangélica de Jesús y su iglesia pobre con los pobres. Iglesia en salida hacia las periferias. Para irnos liberando de los ídolos e idolatría de la riqueza-ser rico, del poseer y del tener (LS 93-95). El ser, en la vida de solidaridad, está por encima de tener, con esta entrega de la vida, de los bienes y del compromiso con las causas de la justicia con los pobres. Para una liberación integral del egoísmo, del individualismo posesivo e insolidario, del consumismo y hedonismo. Con los falsos dioses del poder, de la propiedad y de la riqueza-ser rico que deshumanizan y sacrifican a las víctimas de la historia, a los pobres de la tierra. De esta forma, la economía y el mercado deben servir al desarrollo humano, social y a una ecología integral, con una globalización de la solidaridad, de la paz y de la justicia socio-ambiental. Una mundialización de la fraternidad solidaria, frente a la globalización del capital, de la guerra y de la competitividad con su destrucción ecológica.

Una globalización en donde la economía y el mercado estén controlados por la ética-política (LS 189-198). Esto es, por la regulación y gestión de la sociedad civil, de los pueblos y estados que están conformados por esta democracia ciudadana, ética y cosmopolita al servicio del bien común. Con un comercio justo, unas relaciones e intercambios en el trabajo, productos y precios desde la equidad e igualdad con los más pobres. Una economía real y finanzas-banca ética, que sirva a la inversión para la generación de la empresa con responsabilidad corporativa y el empleo de calidad, del desarrollo social, humano y ecología integral. Con créditos y préstamos éticos, justos y sociales que respondan a las necesidades de las familias, de las mujeres y los más pobres; frente a la usura y especulación comercial, financiera y bancaria con sus créditos e intereses usureros, abusivos e injustos, con la especulación ilícita e inmoral en la bolsa, acciones, fondos de pensión e inversión. Se ha impuesto una especie de economía de casino-financiero global que especula con todo, hasta con los alimentos generado el hambre en el mundo, una economía ficticia, basura e irreal que generan las crisis y arruina a la gente (LS 109-114).

La economía y una sociedad con mercado está al servicio del estado social de derecho-s que, en su comunidad política, está basado en los pilares de la solidaridad y justicia social. Con un trabajo digno y un sistema fiscal justo que, como previsión o seguridad social, re-distribuye los bienes cumpliendo con la justicia general y distributiva. En donde contribuyan más los que más tienen, las herencias y sucesiones, los patrimonios más altos y el capital, las sociedades y empresas como las multinacionales o la banca con sus operaciones-transacciones financieras. Poniendo fin a los inmorales paraísos fiscales, fraudes tributarios y demás estafas-delitos fiscales que no contribuyen al bien común, lo que niega este estado social de derechos. Este trabajo decente y sistema fiscal justo, que constituyen las bases del estado social, hace posible las políticas públicas y servicios sociales que aseguran los derechos humanos, la calidad de vida. Como son la universalidad y calidad de la educación y cultura, la salud y sanidad con los tratamientos farmacéuticos, la vivienda, el agua, luz, energía, transporte u otros equipamiento e infraestructura, los servicios específicos a la infancia, mujeres, mayores y personas con diversidad funcional,

Todo lo anterior, al igual que hizo con el comunismo colectivista o colectivismo, es criticado y denunciado por la DSI con los Papas como Francisco, que deslegitiman a la actual y dominante economía que mata (EG 53-58). Con su cultura del descarte y globalización de la indiferencia, con su dictadura del mercado/capital y fetichismo del dinero, la idolatría de la riqueza-ser rico y del tener. Tal como es la ideología del (neo-)liberalismo economicista con el sistema del capitalismo que niega la justicia e igualdad, va en contra de la solidaridad y falsea la libertad. Por su individualismo posesivo, propietario e insolidario. La DSI y los Papas como Francisco nos muestran que cuando se niega esta justicia socioeconómica, los derechos humanos y el desarrollo humano e integral, que es la primera violencia estructural y terrorismo de base, se crea el caldo de cultivo de las violencias, de los terrorismos y guerras (EG 59-69). Conflictos bélicos y guerras que, en esta línea, son un negocio con su industria de las armas, un verdadero mercado de muerte. Terminamos reconociendo la fecundidad y vida de todo este pensamiento social, DSI y economía ética, que debemos seguir enseñando e impulsando en el servicio de la fe y de la justicia con los pobres de la tierra, en la praxis ética, liberadora y espiritual.

 pensamiento social

Imagen extraída de: Pixabay

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8 Comentarios

  1. Doctrina, lo que se dice doctrina, le cuesta a uno ver un adarme de la misma en las declaraciones de Francisco. Más bien la confusión, el disparate y la desazón doctrinal es su guía.

    Otra cosa es su buena voluntad y su entrega a los más necesitados.

    Pero en lo doctrinal… hay que ver la cosas que dice. Luego, poco a poco, nos vamos enterando. Aducía yo aquí en otra ocasión que su elogio de Lutero carecía de base histórica, no digamos doctrinal. Luego hemos sabido que uno de sus asesores más íntimos es un protestante argentino, que parece loe acompañó a Lund. Lógicamente el protestante argentino, qué va a decir sino que los católicos conocemos mal a Lutero. Pero que se lo crea el Pontífice.

    No voy a insistir en los disparates sobre ecología, que, por lo visto, se glosan como si fuera doctrina revelada.

    Creo honradamente que la labor leal con la Iglesia es cribar las palabras del Papa, no darlas por sentadas como coherentes con la doctrina de la Iglesia.

    Hemos hipostasiado expresiones más o menos sugerentes, como la Iglesia de campaña o el olor a oveja. Sólo quien no ha trabajado con el ganado puede ponderar el olor a oveja. Los pastores se duchan justamente para liberarse de ese olor. Búsquese otra metáfora para referirse a la identificación del sacerdote con las necesidades de los fieles.

    El otro día alguien de buena voluntad buscaba paralelismos entre Juan XXIII y Francisco. No voy a cuestionar la buena voluntad del autor y determinados paralelismos. Perro hay una diferencia fundamental: Juan XXIII jamás dijo nada que no consultara con Ottaviani. No parece ser el caso.

    Lo digo con franqueza. A mí las ligerezas doctrinales de Francisco me inquietan,

  2. Gracias por su comentario. Lo que el Papa Francisco enseña, como verdadero sucesor de Pedro en la iglesia católica, es auténtico magisterio de la iglesia y va en la línea de la Doctrina Moral y Social de la Iglesia (DSI), en la fe y tradición eclesial. Más, sólo hay que leer sus documentos como, por ejemplo, los que cito en mi artículo. Y ver las citas o referencias que emplea de la Sagrada Escritura, de los Padres de la Iglesia, Santo Tomás de Aquino, los Papas como Juan Pablo II o Benedicto XVI, por solo decir a algunos de los que más alude.

    En este sentido, los principios o valores y claves que señalo en mi artículo ya los habían enseñado la DSI con los Papas anteriores, incluido el mensaje ecológico; claro que el Papa Francisco los actualiza y profundiza en la realidad histórica que vivimos junto al Pueblo de Dios con discernimiento, hondura, profecía y coherencia liberadora. Por eso, es tan querido por el Pueblo de Dios y por tanta gente… Gracias a Dios. Saludos desde Ecuador en la fe con el amor a Jesús, a la iglesia católica y a la justicia con los pobres de la tierra en fidelidad a Francisco, Papa, sucesor de Pedro con mi oración.

  3. No hace falta aludir a la Amoris Laetitia para comprobar que las palabras de Francisco se parecen a la Veritatis Splendor como un huevo a una castaña. Frente a una moral objetiva, un relativismo subjetivo impregna todo el contenido. Se ha denunciado hasta la saciedad que las referencias de Francisco a Santo Tomás, por ejemplo, está torcida. No es fiel, sino que se retguerce su significado. Se ha publicado que la alusión a Juan Pablo II está cortada parta hacerle decir lo que el Papa polaco no queríua decir, sino todo lo contrrario.

    La doctrina de Francisco sobre los sacramentos es harto mejorable.

    No voy a entrar en otros aspectos canónicos como la ordenación, siquiera diaconal, de la mujer. Y no voy a entrar porque está envenenado con una circunstancia de preparación ad hoc impropia de la claridad evangçélica.

    Le cité el caso clamoroso de la entronización de Lutero. Podríamos abundar en la confusión del libre albedrío y la conciencia en la valoración del pecado.

    Es cierto que con otras palabras otros pontífices se han pronunciado sobre el respeto a la creación. De hecho yo me enteré en Oxford de la idea de Benedicto XVI de publicar una encíclica al respecto. Incluso hable sobre algunos enfoques con alguien que estaba participando en su redacción. Cuando Francisco cogió el texto lo destrozó. Con disparates tomados de ecologistas militantes sudamericanos de nula formación biológica aunque profusa verborrea. La mera expresión ecologían integral es un truismo o un sonoro disparate.

    Qué más quisiera uno que los textos de Francisco fueran coherentes con la Doctrina Social de la Iglesia, de León XIII a Benedicto XVI.

    No tengo nada personal contra Francisco. De hecho me turbaba muchísimo lo que afirmaba porque quería ver la posible incardinación de sus palabras con la doctrina recibida. Hasta que el contraste era tan fuerte, que resultaba irracional torturarse buscando hermenéuticas.

    Disparate tras disparate, conbtradicciones tras contradicciones, a mí no me tranquiliza que él mismo diga «quizá ande errado».

    Ni de lejos, ni en estado de embriaguez, puede afirmarse que la doctrina de Francisco, en punto a moral objetiva, sacramentos, valor del dogma, sea católica. No doy credibilidad a las cosas que se publican sobre sus hechos (relación con los obispos alemanes animándoles a no hacer caso de una carta emanada de un dicasterio o de la misma secretaría de estado, no recuerdo sobre el asunto de la comunión, o su praxis laxa a este respecto en Buenos Aires). No me verá militgando en ese terreno. A mí lo único que me interesa es lo que sale de su boca y puedo oír, como aquel sorprendente que aproveche de su primera intervención pública (Buon pranzo).

    Reitero mi admiración por su entrega a los desfavorecidos. Pero en lo doctrinal, para mí es una auténtica desgracia la que ha caído sobre la Iglesia. Hubo muchos sucesores de Pedro. También cuenta con mi oración.

  4. Cada ser humano, creyente y Papa tienen sus acentos, peculiaridades…, está claro, no son idénticos ni Dios lo quiere. Pero si usted lee, estudia e investiga los documentos del Papa Francisco verá que sigue y actualiza claramente la tradición de la fe e iglesia. Y, en este sentido, no cae en el relativismo moral que él mismo crítica y rechaza de forma nítida (cf. EG 6), por ejemplo, en el ámbito de la familia (cf. AL 33). Por tanto, en la línea de la tradición y enseñanza de la iglesia, el Papa enseña los valores y principios firmes, sólidos y universales como subraya de nuevo en LS 122-123. De esta forma, presenta con toda claridad esos principios y claves para el significado del matrimonio como lo enseña la iglesia y los Papas (cf. AL 292, 307). En este sentido, en la línea de la tradición y magisterio de la iglesia con el Papa Juan Pablo II en la VS (51-53), Francisco se basa en la ley natural, en la naturaleza humana. Con su antropología integral, valores, principios y dimensiones que constituyen a la persona y que es necesario respetar, asegurar. Tal como es en el ámbito del cuerpo, sexualidad y matrimonio (LS 1555; AL 56, 72, 285)

    Lo que el magisterio de la iglesia con los Papas como Francisco tampoco cae en el rigorismo e integrismo moral. Como es, por ejemplo, el no comprender y acompañar a las personas con sus circunstancias, fragilidades o límites y sus procesos de desarrollo y maduración, humana, moral y espiritual… Siguiendo así a «San Juan Pablo II que proponía la llamada «ley de gradualidad» (FC 34)» (AL 295). Con un discernimiento y práctica real de los valores en la realidad, condiciones y circunstancias concretas. Como afirma igualmente el Papa Juan Pablo II (cf. VS 59). En donde es decisiva y sagrada la conciencia personal, recta y formada de cada ser humano. Tal como enseñan el Papa Francisco y Juan Pablo II (cf. VS 62) siguiendo el mensaje memorable del Vaticano II (GS 16). .

    Al igual que Juan Pablo II (VS 99-101), el Papa Francisco subraya los valores y principios esenciales de la DSI. Como es la caridad, la justicia, la solidaridad, el bien común, la opción, por los pobres (cf. LS 159, 228-231). El destino universal de los bienes que tiene la prioridad sobre el derecho secundario de la propiedad, la pobreza evangélica, solidaria y liberadora del ídolo del tener, poseer, codicia y riqueza-ser rico (cf. LS 93-95) como enseña El Vaticano II (cf. GS 69) y Juan Pablo II (cf. SRS 31; LE 14). La “T” del trabajo- con las otras 2 “T” (Tierra y Techo)-, la dignidad del trabajador, que está antes que el capital (LS 124-129), por encima del mercado y del beneficio frente al liberalismo con el capitalismo, al igual que Juan Pablo II (LE 6-7, 12-13). Estos principios y valores son claros y claves en la DSI que sustentan el desarrollo humano e integral, como había enseñado ya Pablo VI en PP. Y es en lo que se basa y profundiza Francisco para promover una ecología integral, en la línea de la enseñanza ecológica de los otros Papas, por ejemplo, Benedicto VI en CV.

    Para seguir ahondando en las cuestiones, puede leer diversos artículos que tengo en la red e internet sobre AL, LS, el Papa Francisco, la DSI.. donde expongo y profundizo todo ello. Termino con un texto largo que ejemplifica muy bien toda esta continuidad entre el Vaticano II, los Papas como Juan Pablo II y Francisco en la DSI. Saludos cordiales.

    “Hoy creyentes y no creyentes estamos de acuerdo en que la tierra es esencialmente una herencia común, cuyos frutos deben beneficiar a todos. Para los creyentes, esto se convierte en una cuestión de fidelidad al Creador, porque Dios creó el mundo para todos. Por consiguiente, todo planteo ecológico debe incorporar una perspectiva social que tenga en cuenta los derechos fundamentales de los más postergados. El principio de la subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes y, por tanto, el derecho universal a su uso es una «regla de oro» del comportamiento social y el «primer principio de todo el ordenamiento ético-social» (LE 14). La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada y subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada. San Juan Pablo II recordó con mucho énfasis esta doctrina, diciendo que «Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno» (CA 31). Son palabras densas y fuertes. Remarcó que «no sería verdaderamente digno del hombre un tipo de desarrollo que no respetara y promoviera los derechos humanos, personales y sociales, económicos y políticos, incluidos los derechos de las naciones y de los pueblos» (SRS 33). Con toda claridad explicó que «la Iglesia defiende, sí, el legítimo derecho a la propiedad privada, pero enseña con no menor claridad que sobre toda propiedad privada grava siempre una hipoteca social, para que los bienes sirvan a la destinación general que Dios les ha dado». Por lo tanto afirmó que «no es conforme con el designio de Dios usar este don de modo tal que sus beneficios favorezcan sólo a unos pocos». Esto cuestiona seriamente los hábitos injustos de una parte de la humanidad” (LS 93).

  5. Muchas gracias por la atención que `presta a mi intervención. Puesto que no soy dueño del blog, creo que mis entradas deben ser las mínimas posibles, una vez expuesta mi idea. Usted sabe muy bien que la Veritatis Splendor defiende una moral objetiva, en tanto que el referente último de la Amoris Laetitia nunca reconoce un valor moral objetivo, sino que pone el último criterio en la conciencia individual, sin ni siquiera añadir algo que le lavaría la cara, como es conciencia rectamente formada.

    En punto a la doctrina sacramental, el Pontífice Francisco ha expresado unas ideas muy administratitivistas del matrimonio y de la eucaristía. Como si el sacramento no fuera Cristo actuando. Por eso le decía yo que en punto a doctrina del sacramento, en punto a soteriología, es francamente mejorable.

    Los enunciados generales de respeto a la creación, el reconocimiento de los derechos humanos, el sentido social de la propiedad privada es algo que se remonta siglos atrás en la doctrina de la Iglesia. Francisco no aporta innovación alguna, salvo salidas populistas en muchos casos cuya eficacia sólo el Señor conoce.

    Francisco defiende una moral de situación que envuelve en el celofán del acompañamiento, empatía y olor a oveja. Pero seamos serios. ¿Desde cuándo el arrepentimiento de los pecados, el reconocimiento de la culpa y la absolución sacramental no ha ido acompañada de la misericordia?

    Lo dejo aquí. Sólo le reitero los casos que traje a colación y que usted contesta con afirmaciones no probadas: retuerce la opinión de santo Tomás, poda el pensamiento de Juan Pablo II, defiende un irenismo absurdo, impropio de un cristiano laico. ¿Recuerda aquello de que el Dios de los católicos no agita al Dios verdadero?

    Son disparates abrumadores. Tremendos. y preocupantes. Antes, le confieso, tenía grandes escrúpulos –uno no parece estar muy lejos de dar cuentas al Padre y cualquiera sea presenta ante El criticando al Papa–. Ahora creo que es una necesidad exigir, como Goethe, luz y claridad.

    Un saludo cordial en Cristo.

  6. Bueno, creo que ya están claro los argumentos por parte de los dos… Yo considero que un laico maduro, adulto y católico con pertenencia eclesial, como trato de vivir, es el que busca lo bueno, bello y verdadero de los otros, de la iglesia y de los Papas, y no se centra sólo en lo malo o negativo que se pueda hacer; que conoce, estudia e investiga la teología y el magisterio de la iglesia con los Papas. Y así intentó proceder. Más cuando es un Papa, sucesor de Pedro y de los otros Papas que considero igualmente en comunión con la tradición de la fe e iglesia, con los Papas que le precedieron. Si lee bien todas las referencias y citas de los documentos del Papa Francisco, que le he expuesto en mis comentarios, creo que podrá comprobar que el Papa Francisco si contempla los valores universales y moral objetiva en continuación con los otros Papas, claro, también con sus acentos propios. Bueno, para terminar, le dejo con uno de esos textos que, como le comento, ya he citado y que deja a las claras mi exposición. Saludos cordiales con mi oración en Cristo y su iglesia con el Sucesor de Pedro, en el «sentir con la iglesia» que decía San Ignacio de Loyola.

    “Un antropocentrismo desviado da lugar a un estilo de vida desviado. En la Exhortación apostólica Evangelii gaudium me referí al relativismo práctico que caracteriza nuestra época, y que es «todavía más peligroso que el doctrinal». Cuando el ser humano se coloca a sí mismo en el centro, termina dando prioridad absoluta a sus conveniencias circunstanciales, y todo lo demás se vuelve relativo. Por eso no debería llamar la atención que, junto con la omnipresencia del paradigma tecnocrático y la adoración del poder humano sin límites, se desarrolle en los sujetos este relativismo donde todo se vuelve irrelevante si no sirve a los propios intereses inmediatos. Hay en esto una lógica que permite comprender cómo se alimentan mutuamente diversas actitudes que provocan al mismo tiempo la degradación ambiental y la degradación social. La cultura del relativismo es la misma patología que empuja a una persona a aprovecharse de otra y a tratarla como mero objeto, obligándola a trabajos forzados, o convirtiéndola en esclava a causa de una deuda. Es la misma lógica que lleva a la explotación sexual de los niños, o al abandono de los ancianos que no sirven para los propios intereses. Es también la lógica interna de quien dice: «Dejemos que las fuerzas invisibles del mercado regulen la economía, porque sus impactos sobre la sociedad y sobre la naturaleza son daños inevitables». Si no hay verdades objetivas ni principios sólidos, fuera de la satisfacción de los propios proyectos y de las necesidades inmediatas, ¿qué límites pueden tener la trata de seres humanos, la criminalidad organizada, el narcotráfico, el comercio de diamantes ensangrentados y de pieles de animales en vías de extinción? ¿No es la misma lógica relativista la que justifica la compra de órganos a los pobres con el fin de venderlos o de utilizarlos para experimentación, o el descarte de niños porque no responden al deseo de sus padres? Es la misma lógica del «usa y tira», que genera tantos residuos sólo por el deseo desordenado de consumir más de lo que realmente se necesita. Entonces no podemos pensar que los proyectos políticos o la fuerza de la ley serán suficientes para evitar los comportamientos que afectan al ambiente, porque, cuando es la cultura la que se corrompe y ya no se reconoce alguna verdad objetiva o unos principios universalmente válidos, las leyes sólo se entenderán como imposiciones arbitrarias y como obstáculos a evitar” (LS 122-123).

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