Joaquín Muñoz Traver. [Meditaciones del día] A raíz de la fotografía que encabeza este post, hay católicos que se han puesto muy nerviosos…  Y que así lo han manifestado en las redes sociales, y en las páginas web en las que suelen manifestarse y encontrarse quienes menos cómodos se encuentran con el actual Pontífice. Los mismos que ayer recordaban constantemente el deber de obediencia y fidelidad al Santo Padre, parece que hoy no tienen tiempo suficiente para orquestar todas las campañas y críticas que están en marcha contra Su Santidad.

Ahora, a raíz de la imagen de Lutero en el Aula Pablo VI del Vaticano -con motivo del encuentro entre católicos y luteranos- hay quienes acusan al Papa Francisco de herejía, de apostasía, de protestantizar la Iglesia, de ser una bomba de relojería en el interior del catolicismo, de anti-Papa…  Y si a eso le añadimos que ha afirmado -como ya había hecho en ocasiones anteriores- que el proselitismo es un veneno, que no se trata de hacer apologética sino de vivir de modo ejemplar y dejar que el Espíritu actúe…  Entonces ya tenemos el escándalo servido.

Porque salen los teólogos de turno recordando lo que diferencia a católicos y luteranos, los historiadores recuperando los textos en los que Lutero acusaba a la Iglesia Católica de su tiempo de ser un nido de putas y hermafroditas que hedían a las heces del diablo, los conversos del protestantismo manifestando que se sienten apuñalados por el espíritu ecuménico del Santo Padre, los defensores de la institución eclesial asegurando que estamos ante un sincretismo igualador que ha olvidado que “fuera de la Iglesia no hay salvación” y que hace tambalear los muros y las puertas de la Iglesia, los que citan los textos que les interesan recordando que Cristo nos envió a predicar el Evangelio (con lo que asimilan la Buena Nueva a la Iglesia, negando que otros credos cristianos puedan ser portadores de esa misma buena noticia, y ya no entro en los no cristianos)…

Rencillas del pasado, matices eruditos que no llegan al común de los fieles, anacronismos que aplican las críticas del ayer (muchas de ellas fundadas) a la Iglesia de hoy, situaciones personales elevadas a categoría, inseguridades, intereses, orgullos maltrechos, antiguas  y exclusivistas interpretaciones ya superadas del Extra Ecclesiam nulla salus…  Y una visión de la espiritualidad y de la religión que compite por el Absoluto en lugar de compartirlo.

El diálogo no es diálogo si hay identidad.  Si dialogamos con los luteranos es porque existen diferencias entre ellos y nosotros (no me escondo, me incluyo entre los católicos).  Pero dialogamos porque ambos tenemos mucho que aportar.  No se trata de “convertir” o “convencer” (ése es el proselitismo que critica el Papa Francisco) sino de caminar juntos hacia un Dios que es semper maior, siempre mayor a lo que podamos pensar, decir o imaginar de Él.  Un Dios que no se agota en una fórmula teológica ni -permítanme el comentario- en una redacción del Catecismo. Dios no cambia, la Verdad es la que es, pero nuestro conocimiento de la Revelación va desarrollándose con el paso del tiempo y, así, nuestra comprensión de los dogmas y tradiciones adquiere nuevos e importantes matices que enriquecen nuestra forma de enunciar y vivir la Fe.

Por eso el Papa está abierto al encuentro y al diálogo bajo el influjo del Espíritu, porque no todo está dicho…  Y porque ante una humanidad herida como la actual, es preciso cooperar y co-inspirar con todos aquellos que tienen un mismo anhelo de Dios, aunque lo busquen por distintos caminos.

Esa imagen de Lutero en el Vaticano es una mano tendida, un reconocimiento de que la Reforma tuvo sus razones. ¿Qué también tuvo sus errores, excesos, intrigas e intereses mundanos? Claro que sí, pero los luteranos de hoy…  ¿son buscadores de Dios o meros enemigos de la Iglesia? Si los católicos intentamos ver a los luteranos desde los ojos de Dios -y ellos a nosotros- no veremos a unos enemigos o competidores, sino a unos hermanos que tratan de seguir las huellas del Padre.

Muchas cosas han cambiado en la Iglesia Católica desde tiempos de Lutero, y también los protestantes han recorrido su propio camino. Hoy hay muchos más puntos de encuentro de los que hubo en el pasado, y hay quienes creemos que es bueno fomentarlos, compartir preocupaciones y comentar las diferencias y dificultades.  Porque, si tendemos a un mismo Dios, del que venimos y hacia el que caminamos, a medida que nos acerquemos más a Él, más cerca estaremos unos de los otros.

¿Es esto una herejía? No lo creo. Es más bien un cambio de punto de vista. Un situar a la persona antes que a la teoría, al ser humano antes que al teólogo…  Más que nada porque la teología es teoría, hipótesis, y como tal puede transformarse. Porque, insisto, la Revelación es la que es, pero nuestra comprensión de la misma siempre está mediatizada por nuestras propias limitaciones personales, intelectuales y culturales. No nos perdamos por tanto en divagaciones convertidas en apriorismos inalterables, que nos alejen de la Verdad, de Dios y del hermano que sufre.

En este sentido, me viene a la mente una historia que se narra en el budismo para tratar de explicar por qué el Buda jamás entró en cuestiones teológicas sobre la naturaleza de Dios.  Creo que la última vez que la leí fue en el libro “Sin Buda no podría ser cristiano” de Paul F. Knitter (releyendo el post antes de su publicación, me doy cuenta de que citar esta obra en este contexto es algo así como un acto de terrorismo intelectual, pero no voy a cambiarlo porque pese al shock estético que pueda producir a algunos, su contenido de fondo es importante):

«Hay una parábola a menudo repetida sobre un hombre a quien le dispararon una flecha envenenada.  Ahí está, tendido en la carretera con una flecha clavada, cuando llegan unos amigos a rescatarlo.  Pero antes de que puedan hacer algo, el herido empieza a bombardearlos con toda clase de preguntas: “¿quién hizo esto?, ¿por qué lo hizo?, ¿dónde estaba?, ¿qué clase de flecha es ésta?”.  Suave pero firmemente le piden que se calle.  “Deja ya de hablar.  Tenemos que sacarte la flecha”.  Ese, comenta Gautama el Buda, es su trabajo como ser iluminado: retirar la flecha del sufrimiento de nuestra vida, no responder a todas nuestras preguntas especulativas, me atrevo a decir teológicas.  Es muy fácil que las palabras entorpezcan esa tarea. (…)  Primero haz eso, y después quizá haya tiempo para entretenerse con preguntas».

Ésta, me parece, es la clave del actuar de Papa Francisco. Ante un mundo que va a la deriva porque desconoce a Dios, no le preocupa tanto discutir ahora sobre matices teológicos o cuestiones históricas como animarnos a todos a remar hacia un lugar mejor… Dejando que el ejemplo, el diálogo y el soplo del Espíritu nos transformen -a los unos y a los otros- mientras trabajamos por la construcción del Reino de Dios.

Es tiempo de colaborar, no de competir. Tiempo de compartir, de construir y de redescubrir. Todos estamos en camino, y al final de éste hay un padre que nos espera…  Lleguemos por donde lleguemos… Seamos católicos o luteranos.

Que la cabeza visible de la Iglesia Católica reconozca las semillas del Espíritu que hay en el luteranismo, asuma algunas deficiencias de nuestro pasado y anime a tejer un futuro común no sólo no me indigna sino que me llena de alegría y esperanza.

Pero, claro está, de todo hay en la viña del Señor… Y así lo quiere el Papa Francisco. Él ha decidido tender su mano a los hermanos separados, pero comprende y tolera que dentro de la Iglesia haya quienes no están por la labor. Y, si no, que le pregunten a la Hermandad Sacerdotal San Pio X. La Iglesia es madre, y tiene hijos muy distinto… Pero únicos, siempre únicos.

Papa Francisco

Imagen extraída de: Meditaciones del día

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6 Comentarios

  1. He sido en esta página muy crítico con determinados actos doctrinales –palabras y hechos—del Papa Francisco. No me reconozco en ninguno de los apriorismos de que parte el blogger, tendencia muy común entre los autores jesuitas de esta web: crear un muñeco y palo al mono que es de goma. Una vez es el votante, por ejemplo del PP, otra el discrepante del Pontífice actual.
    Vayamos por partes. Francisco alaba a Lutero, no a los sucesores de Lutero. Entroniza a Lutero, no a Karl Barth o a Oscar Cullman.
    El sentido restringido del autor del axioma Extra Ecclesiam nulla salus parece desconocer el verdadero significado de la Iglesia según enseña la eclesiología del Vaticano II. La Iglesia tiene una proyección más allá de los ritos, pero no del sacramento. No entenderlo así es no entender ni `papa de soteriología. Claro que resulta mucho más fácil echar tinta de calamar tildando al discrepante de cerrado. No pertenezco a ningún gremio. Hablo sólo en mi nombre.
    Lo del Papa en Lund fue puro irenismo. Se mire como se mire.
    Empecinarse en defender lo indefendible –confundir la evangelización, en sus múltiples vertientes, con el proselitismo—es, una vez más, caer en un error doctrinal grave. No veo el sentido de querer ser contumaces en el disparate. Proselitimo no es metanoia, evangelizar sí. Y claro que tenemos que evangelizar a los evangélicos, sino ¿cuál sería el sentido de nuestra fe? Ese error de Francisco corre parejo al de degradar la familia (parir como conejas o desdramarizar el drama del aborto).
    En otras ocasiones he señalado los disparates doctrinales de la Amoris Laetitia. Como los que creo abundan en la Laudato si. Siempre de acuerdo con mi opinión, y por supuesto, con ansia de que se rebatan. No estaba acostumbrado a sorprenderme de las palabras del Pontífice en cada acto.
    Nadie emplea ya viejas expresiones, ni prejuicios. Creer que el discrepante se mantiene en ellos es demasiado barato.
    Me parece evangélico el comportamiento de Francisco con los desfavorecidos. Evangelizador.
    /

  2. José María,
    El Papa no alaba a Lutero y a sus seguidores, y tampoco lo contrario, pues la realidad de los grupos sociales y eclesiales siempre es más compleja que la de un «todos…» o «ninguno…». Está creando puentes y contextualizando algunos de los conflictos antiguos.

  3. Jaume, usted como yo, sabemos que sí alabó a Lutero cuando digo que había puesto la palabra de Dios al servicio del pueblo. (Se refería a la traducción de la Escritura al alemán, que realizó por cierto en casa de un noble católico cuya joven mujer había sido ganada para la Reforma por el propio Lutero, como recordaba hace unos años la obispa presidente de la Comunidad Evangélica Alemania en Spektrum der Wissenschaft.) Eso no es contextualizar, antes bien es tomar el rábano por las hojas p0orque el latín era lengua obligada en las escuelas elementales de gramática. Es decir, que la palabra de Dios estaba ya puesta al servicio del pueblo. Buena parte del pueblo alemán no sabía leer, como tampoco el de muchos del resto de Europa.
    Las contorsiones del cardenal encargado del Ecumenismo sobre la distinción entre conmemorar, celebrar, etcétera a propósito de los hechos del Papa –declaraciones y gestos—para cohonestarlas con el comportamiento que se supone cabía esperar del Pontifice.
    No me cabe la menor duda de la intención de tender puentes del Papa actual. Para tender puentes no hay que hacer saltar por los aires los pilares. Ni ser arrojado es lo mismo que tirar por la calle de en medio.
    Muller no anduvo fino cuando avanzó que al Papa había que corregirle, en su dicasterio, la teología. Pero da toda la impresión que se apoya en personas australes un tanto peculiares, no por australes sino por peculiares. O en Kasper, ese teólogo que acaba de afirmar que la doctrina de la Amoris Laetitia es magisterio, y punto. Como demostré aquí no sólo no es punto, sino que es borrón. Decía el jesuita Laínez en Trento que los eminentísimos cardenales necesitan una eminentísima reforma. Es lo que barrunto entre los asesores actuales del Papa: una auténtica reforma doctrinal.

  4. D. José María: ay. Créame que entiendo sus cuidados y su preocupación porque la confusión de los linderos de la ortodoxia sea un mal servicio a la verdad. Pero no sabe usted bien cuánto nos confortan a muchos cristianos los esfuerzos de Francisco I por no pasarse el pontificado hablando de esos linderos que surgieron en un ambiente cultural en el que nadie ponía en duda la creencia en Jesucristo, y todos discutían por matices, derivas y variantes de lo religioso.

  5. Yo si quepo entre los apriorismos del Bloggero soy un revertido»?» Y encuentro que aunque creo comprender las intenciones del Papa sus palabras y acciones son por decir lo menos muy desconcertantes, me han llevado a rezar mucho por El.
    Reconocer que otros, los luteranos, no están completamente equivocados es un acto no de misericordia ni de ecumenism o de generosidad es un acto de sensatez y cordura, callar sobre los errores es no sólo imprudente sino egoista

  6. José María Valderas

    «La palabra de Dios estaba ya puesta al servicio del pueblo»??????
    …. porque el latín era lengua obligada en las escuelas elementales de gramática?????
    ¿ No era la educación un privilegio para el más pudiente ??? ¿ Y quiénes eran los más pudientes en esa época? , Los nobles, los ricos, el Clero???

    Lutero afirmaba que la expansión del evangelio siempre iría de la mano con la expansión de la alfabetización.

    En un sermón predicado por Lutero en 1530, habla sobre el deber de los padres de enviar a sus hijos a la escuela.
    A partir de esto en 1536 se fundaba en la Ginebra Protestante la primera escuela pública y obligatoria.

    Y en junio de 1559, también en Ginebra, se fundó una universidad donde los jóvenes podían estudiar sin costo alguno. 

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