Victor CodinaEn octubre de 1517, cuando Lutero planta sus 95 tesis sobre las indulgencias en la puerta de la Iglesia de Wittenberg,  se inicia la Reforma protestante, una Reforma que quería que la Iglesia, que vivía una profunda decadencia, volviese al evangelio. Pero por incomprensiones y conflictos mutuos se produjo una ruptura y división en la Iglesia.

Hoy, cuando se inicia la celebración los 500 años de esta Reforma, la presencia del Papa Francisco en Suecia significa un profundo cambio de rumbo. Es pasar de la condena al diálogo, de la confrontación a la reconciliación, es lamentar conjuntamente la división que tantos dolores y desastres ha causado y pedir perdón a Dios por ello, dejando a Dios que sea él el juez de la historia. No nos hemos de resignar a la división sino que hemos de buscar la unidad que Jesús quería para su Iglesia. Pero queremos contar la historia de un modo diferente.

Según Francisco, la experiencia espiritual de Lutero nos interpela: él proclamó que solo la misericordia de Dios nos salva, que Jesús es el único mediador, que la Palabra de Dios ha de tener mayor realce en la Iglesia.

Lo que nos une a católicos y luteranos es mucho más que lo que nos separa: una fe y un bautismo común que deben llevarnos a trabajar por la unidad, para juntos poder proclamar el evangelio al mundo de hoy, para anunciar la misericordia de Dios, para trabajar por la paz, acoger a los refugiados y defender la tierra de las agresiones que dañan la creación de Dios. El trabajo teológico y el diálogo ecuménico deben seguir avanzando.

Se pasa de la confrontación y el odio, del encerramiento mutuo, de la actitud del lobo que quiere matar a las ovejas protestantes… al diálogo y la reconciliación, a pedir juntos al Padre y dueño de la viña el don de la unidad para que el mundo crea que Jesús es el Salvador, sin el cual nada podemos hacer.

En el fondo la Reforma luterana es una invitación constante a la continua Reforma de la Iglesia para que pueda manifestar al mundo la ternura de Dios, ¿No es verdad que también Francisco quiere reformar la Iglesia y anunciar la misericordia de Dios?

Lutero

Imagen extraída de: Pixabay

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Jesuita. Estudió filosofía y teología en Sant Cugat, en Innsbruck y en Roma. Doctor en Teología, fue profesor de teología en Sant Cugat viviendo en L'Hospitalet y Terrassa. Desde 1982 hasta 2018 residió en Bolivia donde ha ejercido de profesor de teología en la Universidad Católica Bolivia de Cochabamba alternando con el trabajo pastoral en barrios populares Ha publicado con Cristianisme i Justícia L. Espinal, un catalán mártir de la justicia (Cuaderno nº 2, enero 1984), Acoger o rechazar el clamor del explotado (Cuaderno nº 23, abril 1988), Luis Espinal, gastar la vida por los otros (Cuaderno nº 64, marzo 1995).
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3 Comentarios

  1. Escribió Congar un libro luminoso, Verdaderas y falsas reformas de la Iglesia. A Congar le conocí en Barcelona y luego en su facultad de teología de Le Saulchoir, cuando ya estaba viejo y achacoso e iba en silla de ruedas. Contaba que su sentido ecuménico le venía de su infancia, cuando el cura de su pueblo dejó estancias parroquiales para el pastor cuyo templo había sido arrasado en la Primera Guerra Mundial.
    Nada tiene que ver esa reforma de Congar con el irenismo lastimoso del Papa Francisco. No basta con decir la patochada esa de es más lo que nos une que lo que nos separa. Patochada que estos días estamos oyendo ad nauseam. También es más lo que me une con un no creyente que lo que me separa. Todo depende del parámetro de medición. Desde el punto de vista teológico son harto cuestionables la exaltación de las sedicentes aportaciones de Lutero al conocimiento de la Verdad de Cristo.
    Contra las versiones rosadas y edulcoradas, con voces lastimeras, las piedras hablan con una contundencia drástica. No hace falta subir a Lund. Quedémonos en Heildeberg y leamos la crónica de cada iglesia, de cada casa de formación, de cada convento masculino o femenino. Cómo se pasaron en armas y bagajes, a menudo con coyundas non santas. Desde el Philosophenweg es fácil hacerse una idea de conjunto. Conozcamos la historia personal de los padres fundadores de la botánica, considerados también padres de la nación alemana y padres del luteranismo en una suerte de convergencia única. ¿Qué dice el prólogo de la obra famosa de Tragus?

    No fue una reforma moral. Era una oposición doctrinal.
    Antes andaba con tiento a la hora de discrepar del papa Francisco. Lo veo un hombre entregado. Pero en lo teológico disparata cada vez que abre la boca. No han sido sus palabras ni sus gestos (con hermenéutica de urgencia con distinciones entre conmemorar, celebrar, etcétera) algo que sirviera de luz. Para rematar, sus respuestas en el avión; en particular cuando afirma “eso se mantiene”. ¿Hay puntos doctrinales que no se mantienen?
    Por lo demás, resulta cochambrosamente barato demonizar a los demás con expresiones como duros, negadores de la misericordia y demás necedades. Nada más misericordioso que la verdad. ¿Por qué poner en cuestión, además, el amor cristiano del que la busca?

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