Voces. Jose María Castillo. [Religión Digital] Con demasiada frecuencia, de una manera o de otra, nos llegan noticias desagradables y preocupantes de personas o grupos que tienen comportamientos que expresan una evidente obsesión de homofobia. Lo que – como es sabido – consiste en la aversión o rechazo hacia la homosexualidad o a las personas homosexuales (Diccionario de la RAE). Estos comportamientos siempre se manifiestan en formas de violencia, desde el desprecio o el insulto, pasando por la marginación o la exclusión, y llegando (tantas veces) a la agresión contra la dignidad, los derechos humanos, la integridad física o incluso la vida misma.

Estamos, pues, ante un fenómeno de consecuencias espantosamente crueles y de cuya gravedad mucha gente ni se da cuenta. Y como, por otra parte, el número de personas, que son víctimas de esta forma de violencia, es mucho mayor de lo que normalmente imaginamos, se puede asegurar que seguir callando el sufrimiento y la humillación, que este fenómeno desencadena, es una conducta cobarde e indigna, que colabora – desde la pasividad – de forma muy activa y eficaz, en el mantenimiento de este «crimen colectivo» en el que todos participamos (por acción o por omisión) de forma bastante más eficaz de cuanto podemos imaginar. También aquí se puede repetir la severa sentencia evangélica según la cual «el que tenga las manos limpias, que tire la primera piedra».

Pero no es esto lo peor. Lo más grave, en este desagradable asunto, viene de dos frentes que suelen ser bastante activos en cuanto concierne a este problema. Me refiero al frente de «los obsesivos», por una parte, y al frente de «los moralizantes religiosos», por otra. Estos dos frentes se suelen aunar, los unos con los otros, en un potente colectivo, al que gustosamente se suman los «hipócritas», excelentes colaboradores de esta renovada «Fiesta de Locos», que ha degenerado, desde los gozosos festejos de la Edad Media (Harvey Cox), hasta las vergonzosas y crueles violencias que hoy tienen que soportar los que han nacido como son y no les queda otra salida en este mundo que aguantar la burla y la amenaza de los que se ven a sí mismos como los selectos, los sanos, los ejemplares, los que se sienten con el derecho y el deber de obligar a los demás a cambiar o desaparecer.

¿Qué demonios hay detrás de este brutal y vergonzoso embrollo, que produce y reproduce tanta crueldad desde la apariencia y la conciencia del que se piensa que está defendiendo la honestidad más pura y la sociedad más sana que imaginarse puede?

No es posible, en el limitado espacio de esta reflexión, ponerse a explicar los resultados de la enorme y certera investigación que sobre este problema se ha llevado a cabo. Sobre los resultados de lo mucho – y a fondo – que se ha estudiado este problema, me limito a pedir que los habladores y sermoneadores, que, cuando menos te lo esperas, sueltan sus sentencias irrefutables y tantas veces insultantes, nacidas de la homofobia, lo primero -me parece a mí- que deberían hacer es ponerse a leer y enterarse de que en este orden de cosas no van a poner una pica en Flandes, ni por supuesto van a resolver el asunto, soltando (con más desparpajo que sapiencia) sus despiadadas condenas contra las víctimas de la homofobia. No, ¡por favor! Si tuvieran alguna idea de lo que sueltan, no se atreverían a decir lo que dicen. El tema es demasiado serio como para despacharlo con cuatro bravuconadas que suenan a burda palabrería de gente que no da para más.

Esto supuesto, me quiero fijar aquí en la obsesiva homofobia que con frecuencia se advierte, se nota, se palpa en no pocos «hombres de Iglesia». Un hecho que llama la atención tanto más cuando sabemos que, por lo que relatan los evangelios, Jesús jamás se preocupó de este asunto. Ni hizo la más mínima alusión a él. El Evangelio no vio peligro alguno en la condición sexual de los humanos. Como es bien sabido, fue el apóstol Pablo quien rechazó con toda energía la homosexualidad (Rom 1, 26-27), que la considera, no solamente como algo «malo», sino además «antinatural». Pero aquí es importante saber que, en la mentalidad de Pablo, es igualmente «antinatural» que los hombres se dejaran el cabello largo y las mujeres se lo cortaran (1 Cor 11, 14-15). Lo mismo en Rom 1, 26 que en 1 Cor 11, 14, Pablo utiliza el sustantivo physis, que Pablo utilizaba para expresar lo que es «natural» en el sentido más genérico y amplio de esa palabra. Llegar a otras conclusiones, más o menos precisas y concretas, depende de la mentalidad de cada uno. Los textos no dan para más.

El problema, que a muchas personas les plantea el tema de la homosexualidad, no proviene de los textos de san Pablo. Este problema se plantea desde el momento en que la sexualidad humana se reduce a la mera genitalidad. Si reducimos la sexualidad humana a la mera capacidad para engendrar, la reducimos, por eso mismo, a la mera condición animal, la capacidad de tener hijos y así perpetuar la especie. Pero sabemos que lo específico de los seres humanos no se reduce a lo meramente biológico, sino que se define específicamente por la capacidad de dar amor y recibir amor. Una capacidad que puede nacer, crecer y vivir lo mismo entre seres humanos de distinto sexo que entre seres del mismo sexo.

Así las cosas, los responsables de la religión, por respeto a las personas a las que se dirigen en sus enseñanzas, lo mismo que por respeto a la misma religión y su propia credibilidad, deberían ser sumamente cautos, cuidadosos y humanos. No para ganar adeptos, sino para cuidar con el máximo respeto la dignidad e igualdad de todos los seres humanos. Por esto, cuando un cardenal, un obispo, un sacerdote, por más que aduzca motivos religiosos, sagrados y divinos, si no respeta a las personas -a todos y todas por igual-, ¿cómo va a tener la credibilidad indispensable para hablar de Dios o de Jesús y explicar su Evangelio, de bondad y misericordia con todos los humanos por igual? Es un dolor y una vergüenza que haya tantos clérigos que dan la impresión de que les interesa y les preocupa más el sexo que el hecho básico y fundamental de que las personas, todas las personas, se respeten y se quieran.

***

A propósito de este artículo desde Cristianisme i Justícia nos gustaría recomendar la película «Oraciones para Bobby» dirigida por Russell Mulcahy, protagonizada por Sigourney Weaver y nominada a dos Premios Emmy en 2009. Aquí tenéis el tráiler:

 

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21 Comentarios

  1. En la Biblia (la Palabra de Dios), tanto en los llamados Antiguo y Nuevo Testamento, más de una vez se adjudica al acto homosexual de «pecado» o actitud pecaminosa. Y ya sabemos que Jesús siempre sanó a pecadores, pero jamás absolvió al pecado («… y no peques más»).
    Nadie de nosotros hemos de ser jueces del prójimo, pero si podemos dar, a la luz del amor, testimonio de lo que dice Dios sobre la sexualidad humana, y lo que él desea para cualquiera de nosotros. Y puede ser que esta Verdad reflejada en las Escrituras resulte conflictiva con acciones y mentalidades de muchas personas, y estas personas se sientan ofendidas o agredidas. Pero eso no es responsabilidad de Dios.
    Y hay que tener mucho cuidado con las palabras, ya que no es lo mismo tener «fobia» a una actividad pecaminosa, que tener fobia a quien está atado a esa actividad pecaminosa.
    La aversión a la homosexualidad y el respecto a las personas que practican la homosexualidad, ¿cómo llamarla?

    Atentamente

  2. JRR Tú mismo lo has dicho: «a la luz del Amor»; creo firmemente que si este tema en cuestión no se trata a la luz del Amor con todas las consecuencias, nunca llegaremos a saber lo que Dios responde ante la homosexualidad, hasta ahora y con muy poca luz, solamente lo hemos visto como un acto pecaminoso; pero con lucidez y ante la Ley de Cristo, que es la Palabra hecha carne; traducción viva de las Sagradas Escrituras, me cuesta mucho creer que el resultado sería el mismo que hoy la gran mayoría de xtianos tenemos acerca de este tema; creo que, con el corazón en la mano , confesaríamos como Job, o Jacob, o Tomás: no sé nada!!

  3. Muchos hablan y escriben y defienden encarnizadamente a las «pobres victimas» de la homofobia religiosa o social, pero…a alguien le importan los que sufren la rabiosa homofobia del ya asqueroso ambiente gay? han pensado ustedes en los homosexuales que quieren llevar una vida ordinaria y no pueden porque los activistas proderechos gays los atacan llamándolos closeteros, hipócritas, y demás adjetivos vejantes y cargados de odio venidos de quienes se suponen deberían sentir lo mismo y protegerse entre ambos? pero deja más escandalo y es muy buen negocio las «atrocidades» y lo mucho que «sufre» los gays y hay que luchar por sus «derechos» (que ironia).

  4. Luis Anawin: La palabra de Dios (y con ella la Ley de Dios, que es también la Ley de Cristo) es clara y diáfana con el pecado. Y también sobre la naturaleza de la humanidad, y cual es el propósito de crear a hombre y mujer (Génesis 1:27; 2:24).
    El amor no está reñido con la sexualidad, pero tampoco está «atado» a cualquier práctica sexual. (Puede existir amor sin sexo; y sexo sin amor). Y sabemos qué vida sexual (y afectiva) era la estimada por Dios a sus criaturas.
    Parece ser que el péndulo se mueve, y ahora empieza una era donde la heterofobia se esconde bajo parámetros que se dicen ser pro-derechos de las personas homosexuales (y que no dejan de ser llamadas a la apología de las prácticas homosexuales, y todo lo que ello conlleva).

    Aterntamente

  5. JRRiudoms: «Y ya sabemos que Jesús siempre sanó a pecadores, pero jamás absolvió al pecado (“… y no peques más”).» No es cierto.

    Mateo 2, 5 al paralítico que bajan por el agujero de un tejado le dice: «Hijo, tus pecados te son perdonados»

    Por ejemplo.

    Saludos

  6. ProfedeReli: Los versículos que hacen referencia a la sanación del paralítico son: Marcos 2:3-12, Lucas 5:18-26 y, con menos detalles, Mateo 9:2-8 [Mateo 2:5 no tiene relación con el paralítico]. En ellos se ve claramente que Jesús sana al paralítico sanándole de sus pecados; pero deducir de ello que el pecado en sí ya no existe es lo mismo que en un juicio un ladrón que sea absuelto de un robo por razón de su arrepentimiento por lo ocurrido se le diera carta blanca para seguir robando sin tener que pasar cuentas con la ley y la justicia. Absurdo, ¿no?
    Fíjese lo que Jesús dice a la mujer sorprendida en adulterio: «Tampoco yo te condeno; vete, y no peques ya más» (Juan 8:11). No le da carta blanca para que siga pecando, «simplemente» no la condenó de su pecado ya pasado.
    ¿Qué le respondió Jesús al malhechor arrepentido? (Lucas 23:43). ¿Y por qué?
    Los capítulos 5, 6 y 7 de Romanos son esclarecedores.

    Atentamente

  7. Me parece apasionante, no tanto el texto, como los comentarios que he leído. Si acaso, con sólo ver un bloc donde se aborda el tema de forma «calmada y sobria» -ya me entendéis- me alegro muchísimo. En estas aportaciones he visto algunos puntos a tener en cuenta y no mezclar. Ni que sea a modo de síntesis, yo veo, por un lado, la homofobia propiamente dicha, de la que se encarga el articulista; también veo la diferenciación entre persona y acto -muy acertado y fundamental-; incluso la separación entre homosexuales, cómo decirlo? «combativos» o «abanderados» de un comportamiento que, si es deplorable, lo sería también en un ambiente hetero (ni los homosexuales son disolutos de por si, ni los heteros son «family men» de por si), a diferencia de los homosexuales que «…quieren llevar una vida ordinaria…»; También es clave diferenciar reproducción, sexo, placer y amor, pero esto ¡ya no se suele distinguir ni en las relaciones hetero!
    Otra cuestión es la bíblica. Hasta aquí, lo que se ha dicho servía para casi todas las religiones y actitudes. Cuanto a la Biblia, haría falta una reflexión más antropológica que doctrinal acerca de la aceptación o rechazo de tales prácticas, actitudes u orientaciones. Sólo un apunte: El argumento «a silentio» no sirve.

  8. La interopretación que hace Castillo de san Pablio es lisa y llanamente mendaz. Sobre esa mentira construye un alegato, que refuerza creando un muñeco al que disparar. Obviamente el muñeco son todos los que han defendido la doctrina paulina. La ligereza mental de Castillo con la palabra physis hará reir a un aprendiz de filósofo cuando se acerque a los presocráticos y sus textos Peri Physeos. Es la naturaleza objetiva, que está ahí. Resulta un tanto desquiciado, en realidad paranoico (en el sentido griego clásico de paranoia), compararlo con el corte dee pelo.

    Pero, por deformación profesional, me gusta atenerme a la base científica de las cosas. Me ceñiré a un solo texto, arquetípico, publicado en Science no hace mucho y que tengo sobre la mesa: His brain, her brain . Si hemos de hablar con propiedad, si hemos de dejarnos de retóricas baratas, donde el enemigo es un ente estúpido al que lamente preclara de Castillo ha logrado descubrir y desenmascarar, y entenderemos qué hay de sólido en el comportamiento homosexual que no sea de origen cultural, sensu bioologico.

  9. Al final mis queridos amigos; tanto contextualizar que se nos ha perdido el verdadero «texto»; el que debemos escribir en nuestros corazones. Que haga moverse las entrañas; entonces podremos hablar de la homosexualidad con autoridad. Mientras tanto seguiremos cruzando la calle viendo «escaparates» de lo más pintorescos y grotescos en un lado ; y del otro seremos testigos de una sombra de miedo, odio y añoranza por un pasado más «seguro».
    A los cristianos se nos ha dado el ministerio de la Reconciliación y el listón se ha puesto muy alto en lo que a la homosexualidad se trata (todo ello visto desde la mente de Cristo); La única doctrina cristiana es la Piedad; donde no hay hombre ni mujer, judío o griego; esclavo o libre; sino que todos somo Uno en Él. La Ley de Dios ha sido cumplida en Xto; y desde esa perspectiva, debemos mirar el mundo que nos rodea e interpela. Las personas de este mundo están hastiados de hipocresía, y de analizadores vanidosos que desean acrecentar su ego descaradamente; de igual forma están cansados de vendedores de eternidades que predican su verdad, y que, por ser suya es piramidal y subyugante; las personas necesitan, personas de carne y hueso que muestren sus heridas y no traten de esconderlas; que miren a los ojos y que hagan el doble de lo que hablan. Y los homosexuales forman parte de nuestro mundo, ni más, ni menos…

  10. Luis Anawin: El ministerio de la Reconciliación no tiene nada con ver con reconciliarse con el pecado (cualquiera que éste sea, incluida la práctica homosexual). La Piedad, según mi opinión, no es la «única» doctrina cristiana; es parte de ella, pero no es el «todo». La Ley de Dios ha sido cumplida en Cristo, pero el pecado sigue existiendo (y la Ley de Dios no ha sido abolida, no así las leyes ceremoniales). Y todos somos pecadores que necesitamos de la gracia de Dios para ser salvos; y para ser salvos hemos, primero de todo, arrepentirnos de nuestros pecados. Y el conflicto entre el bien y el mal no terminará hasta que no venga Cristo por segunda vez, cuando los muertos serán resucitados, unos para vida eterna y otros para la muerte segunda (su extinción).
    Cada uno es responsable de su futuro, y para ello es necesario actuar en el presente. Si nos decimos cristianos, hemos de tomar a Jesús de ejemplo, y tener como única autoridad «doctrinal» la Biblia (la Palabra de Dios). La iglesias han de ser hospitales, nadie puede pavonearse de «pureza» o de «perdonar» los pecados; una buena medicina es la humillación (mejor que hacer como si el pecado no existiera).

    Atentamente

  11. Me gustaría puntualizar, humildemente, ciertos aspectos:

    – José María Castillo, escritor del presente texto, es un sacerdote que se salió de los jesuitas y que muestra posturas teológicas que se distancian de lo mantenido por el magisterio de la Iglesia, otros teólogos, etc.
    – Es recomendable distinguir entre la orientación homosexual y las prácticas de la misma.
    – Parece que existe algún tipo de intencionalidad, cuando al abordar el tema solo habla del Nuevo Testamento y descarta directamente y sin argumentación lo que tenga que decir al respecto el Antiguo Testamento.
    – Respecto al cabello de la mujer, hay que distinguir que San Pablo le otorga un sentido religioso (1 Corintios 11, 15: Pues la melena se le da a la mujer a manera de velo.).

    Levítico 18, 22-27: »No te acostarás con un hombre como con mujer. Es una abominación. »No te acostarás con un animal. Quedarías impuro. La mujer no se ofrecerá a un animal para que la cubra. Es una depravación. No os manchéis con nada de esto, porque eso es lo que hacen los pueblos que yo os voy a quitar de en medio de vosotros. La tierra está impura: le tomaré cuentas, y ella vomitará a sus habitantes. Vosotros, en cambio, cumplid mis leyes y mandatos y no cometáis ninguna de esas abominaciones, tanto el nativo como el inmigrante que reside entre vosotros. Porque todas esas abominaciones las cometían los habitantes que os precedieron en la tierra, y la tierra quedó impura.

    1 Corintios 6, 9-10: ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No sigáis engañados: ni fornicarios ni idólatras ni adúlteros ni afeminados ni homosexuales ni ladrones ni avaros ni borrachos ni calumniadores ni explotadores heredarán el reino de Dios.

    1 Timoteo 1, 8-11: Nos consta que la ley es buena, con tal de que se tome como ley: reconociendo que la ley no se dicta para los honrados, sino para rebeldes e insumisos, impíos y pecadores, irreligiosos y profanadores, parricidas y matricidas, asesinos, fornicarios e invertidos, secuestradores, estafadores, perjuros, y cuanto se opone a una sana enseñanza, en armonía con la Buena Noticia que me han encomendado del Dios glorioso y bienaventurado.

    Romanos 1, 24-31: Por eso Dios los entregó a sus deseos inmundos, que degradan sus propios cuerpos. Como cambiaron la verdad de Dios por la mentira, veneraron y adoraron la criatura en vez del Creador –bendito por siempre, amén–, por eso los entregó Dios a pasiones vergonzosas. Sus mujeres sustituyeron las relaciones naturales con otras antinaturales. Lo mismo los hombres: dejando la relación natural con la mujer, se encendieron en deseo mutuo, cometiendo infamias hombres con hombres y recibiendo en su persona la paga merecida por su extravío. Y como no aprobaron reconocer a Dios, los entregó Dios a una mente reprobada, para que hicieran lo que no es debido. Están repletos de injusticia, maldad, codicia, malignidad; están llenos de envidia, homicidios, discordias, fraudes, perversión; son difamadores, calumniadores, enemigos de Dios, soberbios, arrogantes, fanfarrones, ingeniosos para el mal, rebeldes a sus padres, sin juicio, desleales, crueles, despiadados. Y, aunque conocen el veredicto de Dios de que los que así obran son reos de muerte, no sólo lo hacen, sino que aprueban a los que así obran.

    Génesis 19, 1-29.

    Catecismo de la Iglesia Católica:
    2357 La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.
    2358 Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.
    2359 Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.

  12. Reconciliación: 2ª Cor.5:18-20
    Piedad: 1 Tim.6:3 / 1Tim.4:3,7,8/ Tit.1:1
    Parece que, lo que importa es buscar precedentes bíblicos por los cuales condenar ciertos actos pecaminosos; eso sí, con mucha educación, y que todo aquello que incomode y parezca contrario a la «doctrina» enseñada; sea de origen fundamentalista o tradicional poder rebatirlo…pero lo cierto es que todo ello, no sirve absolutamente de nada; no tiene ningún tipo de transitoriedad más allá de nuestro alter ego.
    Si no lo hacemos por amor; perdón, amor con mayúscula como he dicho al principio y que está bien especificado en Cor.13; por si alguno desea relativizar y buscar el rizo en lo que entendemos unos y otros de lo que significa la palabra amor.
    Yo también si quisiera podría llenar páginas defendiendo la «letra», contextualizando y descontextualizando; buscando el consenso mayoritario del pueblo evangélico o tradicional; podría hacer un estudio etimológico de algunas palabras buscando en ellas, la piedra filosofal para sentar cátedra; pero gracias a Dios hace mucho tiempo que dejé de hacerlo; porque te distrae del «aquí y ahora», de un presente inmediato que precisa de mi presencia, de mi cercanía, de mi comprensión, compromiso y entrega a nuestro semejante.
    Jesús, el de Nazaret, también fue injuriado como hereje, tanto que decían que sus obras eran hechas por el diablo, comía con publicanos y pecadores, tocó leprosos y lisiados, tocó muertos (con el peso bíblico que ello conllevaba) Al que no conoció pecado, se hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El. Si hay una palabra de consuelo, de ayuda mutua, de solidaridad con los más perdidos; Perdidos desde el punto de vista de Dios (alejado del Amor y Consuelo divino), en esto debemos utilizar nuestro presente inmediato. Jesús no defendía la Palabra dada a los hombres; pues Él mismo era la Palabra, definida; traducida, visible y palpable para el ser humano. Todo amor, hetero, homo, queda ensombrecido, todo interés, posesión intelectual o altruísta se convierte en polvo del camino; y es ese reflejo de ése tipo de Amor el que debemos dejar aflorar desde nuestro interior! si realmente hemos caminado tras las huellas de Jesús. En esto radica el ministerio de la reconciliación, no en aceptar a Jesús como único y suficiente Salvador para después ejercer un proselitismo exacerbado a base de conocimiento bíblico en el mejor de los casos o en las muestras de emociones y sensaciones en el peor. O por otro lado, la sumisión a unas normas tradicionales impuestas en el nombre de una dudosa «tradición apostólica» que obedece más al miedo de perder el control y el poder, catalogando como herejías, todo aquello que pusiera en tela de juicio su monopolio. Creo que Jesús pinta muy poco en estos campos excluyentes. Yo creo en un Dios que disculpa y no culpa hasta las últimas consecuencias; (perdónalos porque no saben lo que hacen) creo en un Dios que hace fiesta ante el regreso de aquel hijo que, no hizo ningún mérito, solamente la acción de volver. Creo en un Dios que lleva a los brazos de Abrahán a un indigente, a un pobre que habría perdido su vida hasta el punto de encontrarse en la mayor indigencia. Creo en un Dios que nos buscó cuando no había un justo sobre la Tierra, todos errados… como nuestras acciones, por muy filantrópicas que sean…trapos de inmundicia ante Él. En fin, imagino que todo esto no nos llevará a nada con respecto a nuestro posicionamiento; personalmente cada mañana me levanto y pido a nuestro Amado Padre que pueda amar al prójimo al menos, como mi perro…me ama a mí.
    La Paz de nuestro Amado que excede todo conocimiento abunde en vosotros!

  13. Ciertamente Dios nos ama, «a pesar» de ser pecadores. ¿Hay algún versículo dónde se diga que Dios ama al pecado? Dios nos ama por ser criaturas suyas, no porque seamos pecadores.

    Y sobre el llamado hijo pródigo: Lucas 15:17-24 «Y volviendo en sí, dijo [el hijo pródigo]: […] Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y ante ti. Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo, hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, marchó hacia su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a compasión, y corrió, y se echo sobre su cuello, y le besó efusivamente. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y ante ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad de prisa el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. […] y hagamos fiesta; porque este mi hijo estaba muerto, y ha revivido; se había perdido, y ha sido hallado. Y comenzaron a regocijarse».
    ¡Qué comportamiento más distinto entre el hijo pródigo y el joven rico (Mateo 19:16-21)! Uno se arrepintió de su vida pecaminosa y nació de nuevo; el otro, no quiso dejar de idolatrar a su ídolo (sus muchos bienes) y escogió no seguir al Salvador. Ciertamente las obras no salvan, pero hemos de aceptar la salvación que Dios nos ofrece. Dios no obliga a nadie a ser salvo, y no obliga a nadie separarse del pecado… Si Dios consintiése que sus hijos pecasen, y que esos pecados no tuvieran ninguna consecuencia a la hora del Juicio, la Gracia seria algo mucho más que una simple gracia barata… y ese dios no sería un Dios de misericordia, sino un dios de indiferencia.

    Atentamente

  14. Desde Cristianisme i Justícia nos alegramos de que los artículos del Blog generen debate. Es habitual que éste se genere por disconformidad con el artículo publicado por parte de algún lector o por la voluntad de matizar alguna afirmación.

    Los artículos están firmados por sus autores. El centro como tal no tiene porqué compartir absolutamente todas las afirmaciones pero si lo publica es obvio que el sentido global y los razonamientos le parecen convincentes e interesantes para nuestros lectores.

    En el tema que nos ocupa hoy, Cristianisme i Justícia se sitúa al lado de todos los homosexuales que se han sentido y se sienten aun heridos por interpretaciones de las Escrituras que excluyen, en la práctica, a los homosexuales de la comunión eclesial. Jesús no pronuncia ninguna palabra contra ellos y en cambio es constante en denunciar a hipócritas y fariseos. Además, aun siendo loable la opción por la castidad y la consagración a Dios, nada muestra que Dios llame a todo el colectivo a esta radicalidad, como es obvio que tampoco llama a todos los heterosexuales.

    Cristianisme i Justícia valora la apuesta del mismo Papa Francisco por hacer de la Iglesia un «hospital de campaña». Las heridas sufridas por numerosos homosexuales desde la infancia hasta su inserción en la sociedad deben ser una prioridad de los cristianos. Y estas heridas son aun mucho más dolorosas cuando son producidas por declaraciones de hombres y mujeres de Iglesia.

  15. Moltes gràcies a l’equip de Cristianisme i Justícia per publicar aquest comentari en línea amb les idees del papa Francesc qui en el seu mateix Instagram ens recorda que el Senyor ens va dir que no jutgessim per no ser jutjats.
    Aquesta és l’esglèsia que vull : la que ens ensenya a estimar per damunt de tot i de tots.

  16. Grande es leer que el suplantador papa Francisco (o quien retenga ese título falsario de «vicario de cristo en la tierra») diga que él no es nadie para juzgar. No hace falta que él lo diga: «escrito está»… La lástima es que muchos que se hacen decir cristianos leen de las Escrituras solamente lo que les interesa, creando una llamada religión a medida y una gracia a precio de saldo.
    Ciertamente como iglesia somos obligados a dar hospedaje, apoyo y consuelo a los pecadores (y no ha habido nadie -excepto Jesucristo- exento de pecado), pero lo primero que ves escrito en un hospital es que no fumes en su interior (por muchas ganas que tengas).

    Atentamente

  17. Coincido con el teólogo dominico holandés Edward Schillebeeckx en que no existe una ética cristiana respecto a la homosexualidad. Se trata de una realidad humana que debe asumirse como tal sin apelar a valoraciones morales excluyentes. La incompatibilidad en el cristianismo no se da entre ser cristiano y ser homosexual, sino entre ser cristiano y ser insolidario, entre ser cristiano y ser homófobo, entre ser cristiano y ser racista, entre ser cristiano y ser corrupto o, como dice el evangelio, entre servir a Dios y al dinero.

  18. Aqui desde el 2018 …el tema es algo pasado de moda pero sigue siendo una realidad; yo como lesbiana –por ejemplo–creci en un hogar primero religioso y despues solo creyente. Creo que lo primero es la igualdad , de resto, una relacion desigual es injusta. Mi novia me ama , respeta, comprende y ayuda y yo a ella, tenemos la misma edad , trabajamos y estudiamos y somos 100% gay, sin matices. En fin,ante esto algun religioso mediocre me diria que no hay relacion sin pene (a lo que yo diria ¿si tu novia se la chupa a tu amigo no cuenta como sexo?) en fin…no me caso porque el machismo es extremista…no cumplo con la fantasia de chupar felizmente ser joven por siempre como adolescente de icono y juventud eterna y tampoco diria que hallar a un tipo equis es lo mejor que me ha pasado en la vida (me niego a hacer estas cosas porque se que el no lo haria pòr mi ) ademas no tendria hijas ya que ser madre cambia elcuerpo y el estilo de vida y ya estamos super poblados, sin mencionar que mis hijas crecerian en un sistema embebido donde se propicia la pornografia abiertamente para imprimiresoen las niñas desde pequeñas y futuramente caer en las manos de un mediocre , sin mencionar que haypenes y testiculos en todas partes como si deun arte se tratara cuando dela nada aparece como por arte de magia dibujado (recien lei un articulo donde la cereza es un simbolo cultural de sexualidad y pureza en una niña joven , cosa contradictorio ¿porque hipersexualizar la «pureza» de una prepuber?¿puede ser sexual y puro al mismo tiempo ?).Me pregunto por que los religiosos no analizan estas cosas o por que muchas de sus hijas–e hijos–son homofobicos porque en el fondo esconden una homosexualidad reprimida.

  19. Si a ustedes no les parece que Dios condene la homosexualidad vuelvanse ateos y dejen de exigir que la iglesia cambie sus doctrinas.

  20. mari, una chica que opina: Tener sentido común no significa ser un gay reprimido, si yo quisiera violar las leyes de la naturaleza, no poder tener hijos, exigirle a los demás que me acepten, convertirme en un criadero humano de enfermedades y no poder estar en ninguna religión; ya lo hubiera hecho.

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